Más días sin carro, ¿para qué?

Por: Nataly Grisales

El pasado 7 de febrero se llevó a cabo en Bogotá la décimo tercera edición del día sin carro. Una vez más la jornada inspiró amores y odios que se hicieron más fuertes con las declaraciones del alcalde. Aquel jueves Petro dejó clara su intención de implementar, luego de una consulta popular, más días laborales en los que los bogotanos tengan que dejar su carro guardado. Frente a esta posibilidad tenemos que preguntarnos: ¿Queremos más días sin carro? ¿Para qué?

Una de las razones evidentes por las que una ciudad querría establecer días sin carro es desincentivar el uso de vehículos privados; hacer que quienes suelen conducir a diario encuentren en el uso de otros medios de transporte una opción viable. Teóricamente el obligar a los bogotanos a dejar sus autos por un día les haría ver que esto no sólo trae beneficios para la comunidad porque disminuye los trancones, el ruido y la polución, sino que también les favorece porque pueden movilizarse en un transporte público que es económico, eficiente, seguro, rápido y cómodo. Desafortunadamente éste no es el panorama que Bogotá ofrece a quienes dejaron por un día los carros en sus hogares. No es un secreto que el transporte público de la capital tiene grandes deficiencias y que el día sin carro las hace más evidentes.  En consecuencia, las personas que dejaron su auto para aventurarse a tomar el Transmilenio en hora pico vivieron en carne propia lo que suelen observar desde el asiento del conductor: que en nuestra “Bogotá Humana” los articulados ofrecen un servicio inhumano. Las largas horas de espera, la inmensa incomodidad y la intolerancia que esto genera entre los usuarios son rutina de la hora pico en Transmilenio. Como si esto fuera poco, el día sin carro trajo consigo una nueva clase de embotellamiento: el trancón de articulados. Como resultado de esta jornada los usuarios del automóvil volverán el día siguiente, aliviados, a conducir y sabrán que, aunque el uso del carro trae consigo otras incomodidades, estas son menores que las del uso del transporte público.

Otro motivo para establecer días sin carro en la ciudad puede ser el de incentivar el uso de la bicicleta como medio de transporte, ya que es ideal: ocupa muy poco espacio, no contamina, crea un hábito saludable en los usuarios, es económico y el tiempo de desplazamiento depende de quien pedalea. El día sin carro definitivamente hace de la bicicleta la mejor opción y seguramente quienes sufrieron en el transporte público hubieran vivido una experiencia mucho más amable si hubieran tomado la “bici”. Desafortunadamente este medio de transporte no es viable para todo el mundo y una de las razones más evidentes son las grandes distancias que varios bogotanos recorren desde su casa hasta el lugar de trabajo. Además, muchas personas pudieron disfrutar del uso de la bicicleta el día sin carro porque Bogotá se adaptó para que así fuera: se dispusieron ciclo-parqueaderos, se cerraron carriles exclusivos para bicicletas y hasta se establecieron puntos de hidratación. Sin embargo, usualmente Bogotá no es tan amable con quienes deciden pedalear: no hay CicloRutasni ciclo-parqueaderos en varias zonas de la ciudad, andar solo en bicicleta puede ser inseguro y la contaminación del aire afecta la salud de los ciclo-usuarios (Fernández, Feb 2009). Esto tiene como resultado que, aunque son muchos los que disfrutan de la bicicleta el día sin carro, muy pocos seguirán usándola como medio de transporte habitual cuando los automóviles se vuelvan a tomar la ciudad.

Por último, la reducción en la contaminación también puede ser una razón a favor de la prohibición del uso de carro en más días laborales de la capital.  Sin embargo, el reporte de la Secretaría de Ambiente mostró que el pasado 7 de febrero, aún cuando alrededor de un millón y medio de automóviles privados dejaron de transitar,  sólo se redujo la concentración de material particulado en un 4% (Caracol Radio, feb 2013). Entonces el día sin carro nos enseñó, no solo que el transporte público no da abasto, sino también que, junto con los vehículos de carga, es responsable de gran parte de la contaminación de Bogotá.

Es cierto que el día sin carro muchos disfrutaron de una Bogotá tranquila, menos ruidosa y de espacios amplios que le sonríen al peatón y a quienes se transportan en bicicleta. No obstante, esta jornada también dejó claro que el sistema de transporte público es insuficiente, que es responsable de un porcentaje altísimo de la polución y que a Bogotá le falta mucho para llegar a ser una ciudad amigable con el ciclista. Entonces, ¿cuál es el fin de implementar más días sin carro?

El alcalde de Bogotá afirmó que “el objetivo del día sin carro es lograr que la ciudadanía cambie la cultura de la movilidad” pero esto no es más que otra ilusión de una administración que pretende que los bogotanos modifiquen su comportamiento sin darle los incentivos y la educación necesaria. Actualmente el día sin carro no está logrando un cambio cultural, los conductores no están aprendiendo que el Transmilenio, el bus o la bicicleta son medios de transporte que pueden aprovechar y disfrutar en su vida diaria. Por el contrario, esta jornada muestra a los usuarios de vehículos privados que conducir es su mejor opción y que si disfrutó de movilizarse en bicicleta, debe esperar a otra jornada del día sin carro para que su experiencia vuelva a ser tan agradable. Si se desea un cambio cultural, primero se deben preparar los incentivos: para convencer de que el transporte público es una buena opción de movilidad, hay que construir uno que lo sea; para enseñar que la bicicleta es una excelente opción de transporte en Bogotá, hay que adaptar a la ciudad para que lo demuestre a diario. Cuando existan estas condiciones, y no antes, cada día sin carro podrá ser una jornada de aprendizaje que tenga como resultado personas que dejan atrás el carro como su primera opción de transporte. La alcaldía debe aprender que no es porque se decrete que es obligación reciclar que la ciudadanía aprenderá mágicamente a hacerlo, no es gracias a que el distrito disponga buses azules del SITP que de repente los bogotanos van a adquirir el conocimiento acerca de cómo usarlos, no es porque se instauren más días sin carro que quienes conducen vayan a dejar de hacerlo. Se requiere de mucho más para lograr el cambio cultural que Petro desea.

Ahora bien, si lo que se busca al establecer más días sin carro es realizar un ejercicio de civismo que premie a quienes escogen la bicicleta como su medio de transporte, entonces votemos a favor en la consulta popular. Si lo que buscamos son días en los que cambie el ritmo de la ciudad disfrazándola de paraíso de las bicicletas, si queremos que quienes deciden no dejar el carro ni siquiera por este día tengan que madrugar más y salir tarde de sus oficinas, si no nos importa la incomodidad en el servicio público de quienes no pueden o no quieren pedalear, entonces más días sin carro son la mejor opción. Si queremos días divertidos, días hábiles con cara de ciclovía de domingo que no van a repercutir en la movilidad diaria y real de nuestra Bogotá entonces aceptemos más días sin carro porque eso es lo que esa jornada, al menos por ahora, nos puede ofrecer.

Bibliografía

Caracol. (7 de febrero del 2013) “Día sin carro muestra que vehículos de transporte público son los grandes contaminadores”. Caracol Radio. Bogotá. Disponible en: http://www.caracol.com.co/noticias/bogota/dia-sin-carro-muestra-que-vehiculos-de-transporte-publico-son-los-grandes-contaminadores/20130207/nota/1838466.aspx

Fernández, LA. (8 de febrero del 2009) “La bicicleta, opción real de movilidad en Colombia” UN Periódico No. 119. Universidad Nacional. Disponible en: http://www.unperiodico.unal.edu.co/dper/article/la-bicicleta-opcion-real-de-movilidad-en-bogota.html

El día sin carro en imágenes. Disponible en www.facebook.com/eltiempo

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