Reportaje ¿A dónde nos llevará el dolar?

Por: Santiago Espitia Pinzón

 Entre la consecuencias económicas derivadas de la profunda descolgada del precio internacional del petróleo a lo largo del último año, una que es importante resaltar -para el caso colombiano- es la dramática reducción en entrada de divisas al país con su consecuente devaluación de la tasa de cambio. Entre el primero de septiembre de 2014 y el 31 de agosto de 2015 la tasa de cambio vio un incremento del 64%, algo que nunca antes había enfrentado el Banco de la República en calidad de entidad independiente del Gobierno Nacional Central. Debido a las grandes repercusiones potenciales de este hecho y la incertidumbre que enfrenta en la actualidad el mercado, el Consejo Estudiantil de Economía de la Universidad de los Andes preparó un debate con expertos en las áreas de macroeconomía y finanzas, que brindaran a los asistentes una perspectiva propia acerca de las implicaciones coyunturales de estos hechos en los meses y años venideros.

Los cuatro expertos que participaron del debate fueron: Marc Hofstetter, profesor e investigador del área de Macroeconomía de la Universidad de los Andes; Federico Filippi, profesor de Economía con énfasis en Macroeconomía y Finanzas Internacionales de la Universidad de los Andes; JulioVillareal, profesor de Finanzas de la Universidad de los Andes; y José Roberto Acosta, asesor bursátil de la Bolsa de Valores de Colombia y columnista de El Espectador. La constitución del equipo de panelistas hace ver que se iba a tratar de un debate de macroeconomistas contra financistas, con sus puntos de vista particulares y opiniones respecto a lo que ha sido, debió ser y deberá hacerse en este interesante tema de análisis.

En un inicio, cada uno de los panelistas hizo una descripción de lo que cada uno consideró como los principales sucesos que concluyeron en la situación que hoy vive el país y los retos que está representa. Todos estuvieron de acuerdo sobre el gran impacto que tuvo la caída del precio del petróleo, de cómo esto representaba un gran reto fiscal para el país, de la paradoja que resulta que la tasa de desempleo continúe bajando a nivel nacional a pesar del entorno macroeconómico que se está viviendo, de lo complicado que es el panorama actual en cuanto a perspectivas económicas de cara al futuro y de lo preocupante que se está tornando el tema de la inflación para el Banco de la República. La conclusión de esta primera parte, en palabras del profesor Julio Villareal, fue que “la fiesta se acabó”, refiriéndose a la finalización de la bonanza petrolera y la llegada de lo que seguramente será un periodo traumático en el ámbito económico para las autoridades nacionales y los colombianos en general.

Finalizada esta primera intervención expositiva de los panelistas en la que todos estuvieron de acuerdo en los términos generales de los sucesos expuestos, el analista José Roberto Acosta decidió poner como punto de discusión el papel que debía jugar el Banco de la República en el frente cambiario en lo restante del 2015. En concreto, su propuesta fue discutir si el Banco debía o no intervenir en el mercado cambiario. Los argumentos empezaron a fluir por el lado de los financistas: su opinión explícita era que el Emisor no debía intervenir. El principal argumento que dieron se digirió a afirmar que el Estado y sus entidades adscritas nunca han estado en la capacidad de asignar precios para ningún bien, ni en ningún mercado. En este orden de ideas, que el Banco de la República tratase de defender algún valor nominal de la tasa de cambio que considerase “óptimo”, seguramente habría de ser un error. Además, establecieron que el periodo en que la tasa de cambio se rigió por un sistema de bandas cambiarias fue un gran ejemplo de la incapacidad del Banco Central colombiano para defender un nivel estable de tasa de cambio. Por lo tanto, en su opinión, era innecesario y de difícil cumplimiento que el Emisor tratase de defender cualquier nivel de tasa de cambio.

Como respuesta, los macroeconomistas del debate estuvieron de acuerdo en que no se debía tratar de defender una tasa de cambio “óptima”. Sin embargo, afirmaron que el Banco de la República debió intervenir en el mercado cambiario hacia mediados del presente año, tal como lo hizo el Banco Central mexicano. La motivación básica es que el Banco debió tratar de combatir la devaluación, previendo que esto generaría presiones inflacionarias que llevarían a que la inflación del presente año se desvíe por encima de su rango meta. Sin embargo, los dos estuvieron de acuerdo en que en la actualidad el Banco ya no debería intervenir, debido a que esto podría ser interpretado por los mercados como una señal de pánico. Adicionalmente, el profesor Marc Hofstetter planteó que las esperanzas de la Junta Directiva del Banco hoy en día es que la desaceleración económica que enfrente el país en lo restante del año sea lo suficientemente fuerte como para impedir que la totalidad de la devaluación se transfiera a inflación, evitando que el valor de este índice se desvíe aún más del rango meta para el final del presente año.

A grandes rasgos, así fue como se desarrolló una discusión que se tornó agitada, donde los financistas, que gozaban de un mayor grado de oratoria, tomaron la palabra y la batuta argumentativa. Las grandes conclusiones a las que llegaron los debatientes fueron tres. La primera dictaba que la situación económica que enfrentarán los colombianos en los próximos años se torna retadora, donde el precio del petróleo no volverá a los niveles de los últimos años y el crecimiento económico estará atado a las posibilidades de desarrollo que encuentre la industria nacional. La segunda era una crítica a la falta de previsión del manejo gubernamental en el frente fiscal durante los años de bonanza que vivió el país. En particular, criticaron el aumento desmedido del gasto público que impidió la generación un ahorro público para enfrentar tiempos de desaceleración económica como los actuales. Finalmente, la tercera conclusión giraba en torno al papel del Banco de la República: sólo podría ser un mero espectador de los sucesos del mercado en lo restante del año o, en el peor de los casos, tomar medidas pro-cíclicas en pro de combatir el crecimiento de la inflación.