Monedas, China y mujeres: acerca del IV Congreso Latinoamericano de Historia Económica

Por: Juliana Saldarriaga
j.saldarriaga1521@uniandes.edu.co

Para un bogotano no es muy emocionante quedarse en Bogotá durante las vacaciones. Si bien el tráfico disminuye considerablemente, es casi incómodo ver cómo los amigos llenan sus redes sociales de fotos felices en playas exóticas. Sin embargo, el haberse quedado en esta ciudad a veces soleada y a veces lluviosa trajo para esta bogotana una especie de regalo: tuve el placer de asistir al IV Congreso Latinoamericano de Historia Económica, llevado a cabo en las instalaciones de Universidad Jorge Tadeo Lozano. Durante el Congreso tuve la oportunidad de aprender de las mentes económicas más sobresalientes de América Latina. La metodología del evento, además, me permitió sentarme al lado de expertos que valoraban mi opinión tanto como yo valoraba la suya.

En el Congreso se realizaron dos tipos de conferencias: charlas de tipo magistral por un lado, y una serie de simposios sobre diversos temas por el otro. En las magistrales expusieron Barry Eichengreen y Loren Brandt, profesores de las Facultades de Economía de UC Berkeley y la Universidad de Toronto respectivamente. Eichengreen trató el tema de las monedas internacionales predominantes en la historia. Si bien es un tema algo técnico para mi conocimiento económico, aplaudo la simplicidad y claridad con la que Eichengreen lo expuso. La gran conclusión de la charla (traducida e interpretada por la autora, cabe agregar: hoy predomina una visión que considera la coexistencia de múltiples monedas internacionales. Esta visión contrasta con el entendimiento más tradicional de una única moneda internacional dominante como monopolio natural. 

A su vez, Brandt expuso la historia económica detrás del boom chino. Señaló el Profesor que esta historia puede ser caracterizada por continuidades y discontinuidades institucionales; si bien algunas instituciones apoyaron reformas bancarias e industriales, otras se comportaron como obstáculos debido a su estructura paternalista.

Adicional a las charlas magistrales se llevaron a cabo simposios, cuya metodología permitía una mayor participación de la audiencia. De aproximadamente 30 simposios para escoger, mi pequeña y a veces olvidada feminista tomó el control, y me encontré a mí misma en el simposio de Inequidad de género y desarrollo. A cada simposio asistían no más de 10 personas (por lo menos a mí simposio, y sin necesidad de ser rabiosas feministas podemos admitir aquí que el tema de inequidad de género, a pesar de ser muy relevante y actual, no llama mucho la atención), y debido al reducido número de participantes me sentí capaz de contribuir a la discusión. La mayoría de los participantes tenían varios diplomas y tesis encima; yo era la intrusa, la pequeña estudiante de pregrado que asistía a un congreso económico y no se asoleaba en alguna playa exótica. Un tema ampliamente discutido en el simposio fue el del empoderamiento de la mujer, entendiendo empoderamiento como educación y participación laboral y política. También se concluyó que la igualdad en el acceso a la educación no traduce a una igualdad las oportunidades laborales. 

Las discusiones del simposio reivindicaron mi doble carrera, porque se trataron temas económica pero antropológicamente relevantes. El simposio es, entre pocas, la razón de ser de mi estadía prolongada en el pregrado, o el motivo por el cual me aguanto los cálculos.   

Si bien me deshice de la escarapela del evento apenas éste concluyó, le reitero al lector reconsiderar los eventos que ofrecen muchas instituciones para sus estudiantes, los cuales ignoramos la mayoría de las veces. Sin haberle prestado atención al correo que envió mi Facultad, no me habría enterado de este Congreso, no habría reivindicado mi doble carrera o entendido el estado actual de las monedas internacionales. Hubiera, en últimas, tenido unas vacaciones más tristes.