CONFLICTO ARMADO: EFECTOS DE LA GUERRA SOBRE LA ESTABILIDAD MEDIOAMBIENTAL

Conflicto armado: efectos de la guerra sobre la estabilidad medioambiental

Camilo Pedraza Jiménez

Miembro de la Subdirección de Logística

Estudiante de Economía y Ciencia Política

c.pedraza@uniandes.edu.co

Universidad de los Andes

 

Jorge Alberto Guerra

Miembro de la Subdirección de Entrevistas

Estudiante de Economía

ja.guerrae@uniandes.edu.co

Universidad de los Andes

 

Las guerras alrededor del mundo han generado diferentes consecuencias negativas en la economía y las sociedades. En este sentido, los conflictos bélicos han traído consigo un fuerte impacto medioambiental a lo largo de la historia. Colombia, a su vez, no ha sido ajena a este problema. El medio ambiente en este territorio ha sufrido graves consecuencias derivadas del conflicto armado. Por lo anterior, el conflicto armado ha sido un detonante de los daños medioambientales que se traducen en altos costos económicos y sociales para el país. En dicho sentido, este artículo tiene como objetivo entender los efectos negativos que ha traído consigo la guerra interna en el territorio colombiano sobre el medio ambiente. Para argumentar lo anterior, primero se tendrá en cuenta las consecuencias ambientales de algunas guerras a nivel mundial. Posteriormente, se hará un enfoque nacional basado en la deforestación, la minería ilegal y los ataques a oleoductos, tres temas derivados del conflicto armado interno.

 

1.   Perspectiva global sobre la guerra y sus efectos climáticos

Debido a la lucha humana por la supervivencia en periodos de guerra y conflicto armado, los diferentes ecosistemas donde se desarrollan dichos conflictos se pueden ver degradados significativamente. Según reportes del Programa Medioambiental de las Naciones Unidas (2018), por más de 60 años, los conflictos armados han tenido lugar "en más de dos tercios de los puntos clave de biodiversidad del mundo”. Lo anterior, representaría una amenaza significativa para la conservación del medio ambiente, que ha sido una víctima silenciosa de la guerra (Ki-Moon, 2014).

Un claro ejemplo de graves efectos medioambientales es el caso del Agente Naranja durante la Guerra de Vietnam. En este periodo, el uso de grandes cantidades de un potente herbicida fue empleado para afectar a las guerrillas comunistas del Viet Cong por parte de los Estados Unidos (Worldwatch Institute, 2019). En este sentido, se cometieron sacrificios medioambientales con el objetivo de emplear una estrategia militar. Adicionalmente, ha habido daños colaterales causados por conflictos internos, tal como lo son los casos de las guerras civiles en el Congo y Ruanda en los años 90. La ocupación de zonas selváticas y boscosas por parte de grupos subversivos ha afectado el hábitat y ecosistema de diferentes especies de plantas y animales. Además, el desplazamiento forzoso de tribus y comunidades a diferentes territorios, y el consumo de carne de diferentes animales también ha sido perjudicial para diferentes especies (PNUMA, 2018).

En este sentido, Colombia no se ha librado de los efectos nocivos sobre el medio ambiente derivados del conflicto interno. Como lo reporta las Naciones Unidas (2018), se ha presentado una extracción minera excesiva y no regulada por parte de grupos armados al margen de la ley como las FARC. Décadas de extracción de oro no regulada en el país causaron daños ambientales en áreas controladas por grupos como el anteriormente mencionado. Por tal motivo, es importante vincular temas medioambientales en la construcción de paz dentro del territorio. La situación de Colombia será desarrollada a continuación.

 

2.   Deforestación: la externalidad ambiental negativa de los cultivos de coca

Toda guerra necesita financiación, desde organizaciones armadas con ideologías políticas (como lo fueron las FARC o lo ha sido el ELN), hasta grupos delictivos organizados. Esto acarrea costos ambientales muy relevantes para el medio ambiente colombiano. Este es el caso de la deforestación, una consecuencia negativa que trae la siembra de coca (ver gráfica 1).

Gráfica 1: Cultivos ilícitos vs Conflicto Armado

Fuente: DNP, IDEAM. Elaboración propia

Fuente: DNP, IDEAM. Elaboración propia

Debido a que el conflicto armado en Colombia no se distribuye homogéneamente en el tiempo y el espacio y que la intercesión, asentamiento y expansión de los actores armados no sucede en territorios vacíos (Vásquez, 2009), distintos actores armados han aprovechado la tierra fértil colombiana para la siembra extensiva de hojas de coca. Adicionalmente, los años de conflicto y la falta de presencia estatal en todo el territorio se relacionan con el actuar de dichos grupos subversivos. Con el fin de generar un espacio apto para sembrar esta planta, los grupos delictivos han generado daños irreparables al suelo al acabar con la biodiversidad de esos terrenos (ver Gráfica 2).

Gráfica 2: Deforestación vs Conflicto Armado

Fuente: DNP, IDEAM. Elaboración propia

Fuente: DNP, IDEAM. Elaboración propia

Este tipo de actividades le generan a Colombia costos medioambientales y económicos relevantes. Restaurar las áreas deforestadas adecuadamente trae consigo tres costos principales: investigación y planeación de las especies de árboles con los que se debe restaurar el terreno, transporte y, personal técnico especializado. Además, el uso de estas tierras por parte de los grupos delictivos podría ser usado para la producción de cultivos legales que traigan mayores beneficios para la economía nacional y la estabilidad del Estado.

Ahora, es destacable mencionar que el 58% de la deforestación ha sido en zonas de conflicto armado. De acuerdo a las mediciones, de las 5 millones de hectáreas deforestadas entre 1990 y 2013, 3 millones han sido en zonas de conflicto. Adicionalmente, entre el 2014 y 2017 se adicionaron más de 900.00 hectáreas más deforestadas (ver gráfica 3). Se calcula que por una hectárea de siembra de coca se debe deforestar 1,7 de bosque, lo que anualmente equivale a unas 74. 687 hectáreas de coca (DNP, 2016).

Gráfica 3: Hectáreas deforestadas en Colombia (2001-2017)

Fuente: University of Maryland, Google, USGS, NASA. Elaboración propia

Fuente: University of Maryland, Google, USGS, NASA. Elaboración propia

3.   Minería ilegal desarrollada por grupos armados

Además de altos beneficios obtenidos del narcotráfico y las extorsiones, otro de los medios por los cuales se han financiado los grupos armados es la minería ilegal. Según reportes del Sistema de Información Minero Colombiano, la extracción de oro creció más del 38% entre 2009 y 2012, y de esta proporción, el 80% pertenece a minería ilegal (Contraloría General de la Nación, 2018). Al igual que con la siembra de cultivos de coca, la minería ilegal también tiene un impacto devastador para el medio ambiente e incluso para la salud humana (ver Gráfica 4).

Gráfica 4: Minería Ilegal vs Conflicto Armado

Fuente: DNP, La República. Elaboración propia

Fuente: DNP, La República. Elaboración propia

Uno de los mayores impactos ambientales ocasionados por este tipo de minería viene de la extracción de oro, debido al uso de mercurio. El problema durante el proceso de extracción mediante el uso de dicho elemento radica en el momento en que se generan vapores de mercurio, los cuales son muy nocivos para el medio ambiente (Lebel et al., 1996). Además, la gravedad de la contaminación del mercurio está en su bio-acumulación (acumulación neta de sustancias químicas en los seres vivos a través del tiempo)  y toxicidad, ya que, al transformarse en metilmercurio tras el proceso de extracción, se adhiere a los sedimentos y puede terminar siendo consumido por los seres vivos (Marrugo-Negrete et al., 2008). El mercurio también es absorbido por el suelo, lo que lo hace propenso a terminar en fuentes y yacimientos de agua, por lo que se generarían no sólo costos ambientales, sino también de salud pública por el riesgo de cultivos y consumo humano (Bustamante et al., 2016).

Adicionalmente, en términos geográficos, según un informe de Semana Sostenible (2016), la minería ilegal de oro de aluvión está deforestando a una velocidad 3 veces mayor que la del cultivo de coca. Este reporte indica que, en el 2014, fueron deforestadas 5.810 hectáreas por el cultivo de coca, mientras que por cuenta de la minería ilegal de oro fueron deforestadas 16.784. 

Al analizar lo que fue desarrollado anteriormente, se puede observar que la extracción ilícita y sin regulación ambiental de oro traería consigo altos costos, no sólo sobre los ecosistemas, sino también sobre la salud humana (Arango, 2017). De igual manera, la explotación de oro en ­zonas con presencia de grupos subversivos refleja las problemáticas sociales, económicas y ambientales existentes en Colombia. En este sentido, las consecuencias de la violencia dentro del territorio colombiano se ven reflejadas a través de los daños medioambientales derivados de acciones perjudiciales como la minería ilegal.

 

4. Atentados a oleoductos: costos medioambientales y económicos

Otros de los daños ambientales más destacados del conflicto armado son los ataques a oleoductos, tanto por robo de crudo o como por fines de guerra. Lo anterior ha dejado graves consecuencias económicas y medioambientales. Este tipo de atentados no son ocasionales o aislados, y han sido relevantes en el desarrollo del conflicto armado. En 1965 el ELN realizó el primer atentado a un oleoducto cerca de Barrancabermeja, con el fin de enviar el mensaje de que la explotación de petróleo se debía nacionalizar además de imponer restricciones a empresas extranjeras (Castellanos, 2013). Lo anterior se relaciona con los postulados de la Fundación Ideas para la Paz (2015), que ve que estos ataques generalmente no tienen fines económicos, sino más bien militares y políticos.

A lo largo de la historia reciente de Colombia, el ataque a oleoductos por parte de grupos subversivos ha traído altos costos, tanto para el Estado como para la sociedad civil, en términos medioambientales. Por ejemplo, en 1990, el gobierno nacional, demoró 7 meses en limpiar la Ciénaga de Zapatosa (Cesar), tras un atentado del ELN al Caño Limón-Coveñas derramando 14mil barriles sobre la ciénaga, afectando adicionalmente a más de 1.500 familias que vivían de la pesca y con una mancha de más de 40mil hectáreas (Semana Sostenible, 2019). La lista de atentados a oleoductos ha estado creciendo recientemente (ver Gráfica 5), incluyendo al ataque reciente del pasado 12 de febrero de 2019 en municipio de Teorama (Norte de Santander), lo que generó la contaminación de 117 kilómetros del río Catatumbo.

Gráfica 5: Atentados a Oleductos 2009-2012

Fuente: Semana Sostenible, Ecopetrol. Elaboración propia

Fuente: Semana Sostenible, Ecopetrol. Elaboración propia

Todos estos atentados han afectado a una víctima silenciosa que no tiene como defenderse: el medio ambiente. Y es que la recuperación tras estos atentados suele demorarse un largo periodo de tiempo. Según Ecopetrol, se han derramado 3,7 millones barriles de petróleo en los últimos 38 años (Pardo, s.f.), lo que es equivalente a 20 mil camiones de crudo. La asociación Colombiana de Petróleo (2015) tiene una cifra más alta, que se sitúa en los 4,1 millones de barriles derramados en ese mismo lapso de tiempo. Los 5 oleoductos más importantes del país han sido dinamitados 1009 veces entre 2009 y lo que va del 2019, siendo Norte de Santander, Arauca, Nariño y Putumayo los departamentos más afectados. Como resultado de estos derrames, se han visto afectados ecosistemas terrestres y acuáticos, en cuanto a fauna y flora, generando daños incalculables, tanto en corto como en largo plazo.

En tanto a la vegetación, la extensión de crudo genera una reducción en la fotosíntesis de las plantas, debido a las barreras en los flujos de luz y de CO2, que dificultan su reproducción y respiración.  Adicionalmente, el crudo que se adhiere a la piel o penetra el sistema respiratorio de especies animales reduce significativamente la calidad de vida de éstas. Finalmente, los seres humanos se podrían ver también afectados si micropartículas de crudo llegan a animales o al agua que pueden ser consumidas por el hombre. Además, las partículas de nitrógeno y CO2 terminan empeorando la calidad del aire.

En cuanto al aspecto económico, los 1009 atentados (2009-actualidad) en la red de los 4.543 km de oleoductos con los que cuentan han generado costos de reparación de más de $308.515 millones de pesos (Semana Sostenible, 2019) . A pesar de los altos costos generados, el nuevo sistema de articulación de oleoductos, de la mano con la inversión y las autoridades, ha permitido el desarrollo de tecnologías que permitan mantener niveles adecuados de producción de crudo. Esto se lograría aun con la presencia de voladuras de oleoductos, transportando el producto por otras vías (Revista Dinero, 2019). Si bien es cierto que estos avances pueden disminuir las pérdidas monetarias y, a su vez, los costos medioambientales, todavía no se han logrado los avances suficientes para mejorar la situación medioambiental hasta el punto necesario.

 

Conclusión

Las guerras han generado altos costos ambientales a lo largo de la historia. La naturaleza en su conjunto ha sido una víctima silenciosa de los conflictos bélicos. Como se puede ver, a lo largo de la historia, en territorios de todos los continentes del mundo, tanto flora como fauna que coexisten en los ecosistemas donde se desarrolla una guerra se ven perjudicadas por la presencia de ésta; Colombia no está exenta a la regla y es un claro ejemplo de esto. La deforestación ha sido un acontecimiento de alto impacto ambiental, derivado de la producción de cultivos ilícitos. Adicionalmente, la minería ilegal como medio de financiamiento para grupos subversivos ha sido altamente nociva, incluso de manera directa en la salud humana. De igual manera, la voladura de oleoductos, suponiéndose como un recurso de protesta política, ha traído altos costos ambientales que perjudican fuertemente a gran extensión de zonas aledañas a donde se realizan dichos atentados. En este sentido, se puede ver cómo los costos ambientales de la guerra interna en Colombia, no sólo se ven reflejados en daños a los ecosistemas, sino que también se traducen en daños que debe cubrir el Estado de alguna forma y en donde la población civil también se ve perjudicada.

 

Referencias

Arango, A. (2017, abril 15). La explotación de oro en Colombia, conflicto armado y efectos al medio ambiente. Blogs El Tiempo.

Asociación Colombiana del Petróleo. (2015). Informe de Desempeño Ambiental 2015. Bogotá.

Bustamante et al. (2016). Review of improving the water management for the informal gold mining in Colombia. Revista Facultad de Ingeniería, Universidad de Antioquia 79:174-184

Castellanos, A. (2013). ANÁLISIS DEL ACCIONAR DEL ELN Y LAS FARC-EP CONTRA LA INDUSTRIA PETROLERA Y SU INCIDENCIA EN EL RÉGIMEN DE REGALÍAS Y EL DESARROLLO SOCIAL EN EL DEPARTAMENTO DE ARAUCA, 1998-2006. (Tesis pregrado). Universidad del Rosario.

Contraloría General de la Nación. (2018). Informe sobre Recursos Naturales y del Ambiente 2017-2018.

Departamento Nacional de Planeación. (2016). ‘El 58% de la deforestación ha ocurrido en municipios de conflicto’: Simón Gaviria Muñoz.

Departamento Nacional de Planeación. (2016). Panorámica Regional: dividendos ambientales de la paz. Bogotá.

Fundación Ideas Para La Paz. (2015). El ABC del ELN. Evolución del Frente de Guerra Oriental (territorialidad, iniciativa armada y relación con la población y las economías ilegales).

Lebel J. et al. (1996). Evidence of early nervous system dysfunction in Amazonian populations exposed to low-levels methylmercury. Neurotoxicology 17:157-168.

Marrugo-Negrete J., Benitez LN., Olivero-Verbel. J. 2008. Distribution of mercury in several compartments in an aquatic ecosystem impacted by gold mining in northern Colombia. Arch Environ Cotarn Toxicol, 55:305-316.

Mathiesen, K. (2014, noviembre 6). What's the environmental impact of modern war? The Guardian.

Pardo, T. (s.f.). ATAQUES HISTÓRICOS CONTRA LOS OLEODUCTOS DE ECOPETROL.

El devastador impacto de los conflictos en el medio ambiente. (2018). Programa para el Medioambiente de las Naciones Unidas Recuperado de https://www.unenvironment.org/es/news-and-stories/reportajes/el-devastador-impacto-de-los-conflictos-en-el-medio-ambiente

Revista Dinero. (2019, febrero 13). ¿Hasta cuándo aguantarán los oleoductos colombianos?

Semana Sostenible. (2016). Minería ilegal de oro, la nueva fuente de financiación. Recuperado de: https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/multimedia/mineria-ilegal-oro-dano-medioambiente/33713

Semana Sostenible. (2019). Voladuras: una cruda arma de guerra. Obtenido de http://especiales.sostenibilidad.semana.com/voladuras-de-oleoductos-en-colombia/index.html

Sistema de Información Minero Colombiano (2019). Información ambiental. Recuperado de: http://www.simco.gov.co 

Vásquez, T. (2009). Esbozo para una explicación espacial y territorial del conflicto armado colombiano. CINEP. Recuperado de: http://centrodememoriahistorica.gov.co/descargas/CatedraBY/presentaciones/Sesion-6/explicacion-espacial-territorial-conflicto-armado-colombia.pdf.

Worldwatch Institute (2019). War and Environment.