EMERGENCIA AMBIENYAL Y FALLAS DE POLÍTICA EN BOGOTÁ

Emergencia ambiental y fallas de política en Bogotá

 

Laura G. Amado Morales

Subdirectora de Edición y Revisión

Estudiante de Economía y Gobierno y Asuntos Públicos

lg.amado@uniandes.edu.co

Universidad de los Andes

 

Mateo Alejandro Rodríguez Ramírez

Miembro subdirección de Edición y Revisión

Estudiante de Economía

ma.rodriguezr1@uniandes.edu.co

Universidad de los Andes

 

A comienzos del año 2019, Bogotá experimentó una grave crisis ambiental que llevó a la administración local a instaurar medidas inéditas. Esta crisis, según lo informado por la alcaldía, se debió a la concentración de partículas nocivas en el aire conjunto a condiciones meteorológicas desfavorables que contribuyeron al desarrollo de la emergencia. Ante esta situación, el distrito declaró la alerta amarilla en toda la ciudad, y alerta naranja en cinco localidades (El Espectador, 2019). Cabe resaltar que la gravedad de esta emergencia radica en los efectos que puede tener la mala calidad del aire sobre la salud de los habitantes de la ciudad, en este caso, al inhalar el material particulado. Específicamente, dicho material puede llegar hasta los bronquios, ocasionando afecciones respiratorias.

 

En este contexto, en el presente texto se indaga sobre la coyuntura de la crisis ambiental en Bogotá. Se busca demostrar, desde un punto de vista económico, que han existido fallas en la implementación y el diseño de las políticas para evitar y afrontar la emergencia ambiental en Bogotá por parte de las administraciones locales. Así, se argumenta que el diseño e implementación de las políticas para afrontar la emergencia ambiental en Bogotá han sido poco eficientes en cumplir su meta. Para este propósito, en primer lugar, se hablará de las principales políticas implementadas en pro de mejorar o mantener la calidad del aire; en segundo lugar, se hablará, a rasgos generales, sobre algunos aspectos relevantes en la temática de la crisis ambiental; y, por último, se llegará a las conclusiones.

 

Una de las principales políticas implementadas por la alcaldía local de Bogotá es la política del pico y placa. Sin embargo, esta restricción a la movilidad ha sido insuficiente en cuanto al control de la contaminación. Esto se debe a que es una medida enfocada a vehículos particulares, taxis, y algunos vehículos de transporte colectivo. No obstante, los vehículos de transporte de carga, transporte público colectivo, Transmilenio, y transporte especial, suman casi el 80% del total de emisiones de material particulado en la ciudad (Rojas, 2016). El restante 20% es aportado por motocicletas, camperos y automóviles. Así, esta restricción a la movilidad no está enfocada a los vehículos que más contaminan, lo que ocasiona que el aporte a la reducción de la contaminación, por parte de esta política, sea exigua.

 

En línea con la restricción pico y placa, se puede argumentar que otra área de acción pública deficiente tiene que ver con el manejo de la contaminación producida por parte de los vehículos del sistema de transporte público. En particular, es preocupante la situación de los buses que hacen parte del Sistema Integrado de Transporte (SITP) y Transmilenio. De acuerdo con Juvenal Espitia, vicepresidente técnico de la Asociación Nacional de Centros de Diagnóstico Automotor, solo el 47% de vehículos de transporte público que circulan en Bogotá cuentan con el certificado de la revisión técnico mecánica (Semana Sostenible, 2016). En consecuencia, el estado de estos buses explica su gran participación en la contaminación del aire en la ciudad.

 

Por otra parte, las políticas implementadas para controlar y reducir las emisiones ocasionadas por la industria tampoco han sido suficientes; de hecho, han sido bastante laxas. Además, la política sanitaria respecto a los olores, y demás contaminantes emitidos por las industrias, no se ha hecho cumplir a cabalidad por la administración pública. A pesar de que la mayoría del material particulado proviene de fuentes móviles, cerca del 21% de la contaminación de este tipo proviene de fuentes fijas industriales (Secretaría de Ambiente, 2017). Esto último evidencia que la contaminación emitida por la industria es un problema importante en la ciudad.

 

En Bogotá, se encuentran instaladas varias estaciones de monitoreo de la calidad del aire que registran continuamente las concentraciones de diferentes tipos de contaminantes que están suspendidos en el aire, así como las condiciones meteorológicas de la zona donde están instalados. Esto, con el fin de llevar registro en tiempo real de la situación del ambiente en el cual viven los bogotanos y poder así detectar, prevenir y tomar acciones correctivas en pro de mejorar la situación de la calidad del aire en la ciudad. Ahora, dentro de las métricas más importantes que se obtienen de estas estaciones de monitoreo se encuentra la medida del PM10, la cual contabiliza el material particulado líquido y sólido que tenga entre 2,5μm y 10μm que se encuentra en el aire (Air Resources Manager, s. f.).

 

La medición de este material particulado es de vital importancia para tomar medidas que prevengan enfermedades respiratorias, cardiacas y, en casos extremos, cáncer. Por ende, se hace prioridad que la ciudad se mantenga dentro de los límites de exposición humana recomendados por la OMS o, en su defecto, que implemente medidas que le permitan estar dentro de estos límites en el menor tiempo posible. Para el caso bogotano, la ciudad está lejos de cumplir con los estándares sugeridos, pues mientras que la máxima exposición recomendada por la OMS a estos materiales es de 20μg/m3 (Andrade, 2017), la Red de Monitoreo de Calidad del Aire de Bogotá (RMCAB) reporta como niveles poco preocupantes concentraciones desde los 14μg/m3 hasta los 105μg/m3. Lo alarmante no se limita a este amplio rango que desborda las cotas recomendadas, sino la connotación que se le da; por ejemplo, la RMCAB reporta como niveles regulares de concentraciones valores entre los 127μg/m3 y 176μg/m3 (Air Resources Manager, s. f.). Esto nos permite ver que los estándares de clasificación de la gravedad de la concentración de PM10 en Bogotá son bastante flexibles y muestran como normal una situación que es bastante inquietante; lo que a su vez motiva un cuestionamiento ciudadano de los límites bajo los cuales las autoridades capitalinas declaran las Alertas Ambientales.

 

Pese a las extremas condiciones bajo las cuales la administración declara emergencias ambientales, las diferentes secretarías de la ciudad han implementado protocolos que permiten contribuir a mejorar la situación ambiental cuando se está en emergencia y cuando no. Por ejemplo, la secretaría de movilidad ha promovido ampliamente el uso de medios de transporte alternativos, que disminuyan las emisiones de material particulado, tales como la bicicleta, el transporte público y la movilización a pie (Secretaria Distrital de Movilidad, 2019). Por su parte, la secretaría de salud recomienda evitar el trabajo físico y la exposición a este material particulado al estar cerca de sus fuentes generadoras más importantes, sobre todo en momentos en los cuales esté declarada la emergencia ambiental (Secretaría Distrital de Salud, s. f.). El problema radica en que estas políticas parecen ir en direcciones contrarias pese a que hacen parte de las soluciones que ofrece una misma administración pública.

 

En primera instancia, resulta obvio que existe una falta de coordinación entre las entidades, pues mientras que la secretaría de movilidad promueve el uso de medios de transporte que necesariamente implican un esfuerzo físico por parte del usuario, la secretaría de salud recomienda al máximo evitar el esfuerzo físico. En segunda instancia, lo referente al tema del transporte público se vuelve un debate abierto: las políticas de restricción vehicular como el pico y placa, y el día sin carro son, en términos ambientales, parte de un ciclo vicioso que está lejos de romperse. Como ya se mencionó, la flota de transporte público que opera en la ciudad es uno de los mayores contribuyentes a la contaminación del aire, lo cual hace que esta alternativa de movilidad (promovida por la secretaría de movilidad) sea la primera descartada si se siguen las recomendaciones de la secretaría de salud en cuanto a la exposición a material particulado. Es aquí donde el debate se abre en cuanto a qué entidad se le debe hacer obedecer, cuál debe ser el camino a seguir por la administración pública y la ciudadanía para evitar la continuidad de este círculo vicioso, qué correcciones tomará la administración para evitar estas contradicciones en las políticas y cómo se solucionarán los problemas de movilidad y ambientales que tiene la ciudad en el largo plazo.

 

No obstante, esta serie de falencias no son exclusivas de la administración actual, pues la situación presente es fruto de las medidas adoptadas por otras administraciones que le preceden y de sus desaciertos. Dentro de estos desaciertos comunes, se encuentra la incapacidad de generar una política que de manera efectiva mitigue los problemas ambientales y de movilidad. Tal cual lo expresa Jorge Bonilla (2019), profesor de la facultad de Economía de la Universidad de los Andes e investigador de temas ambientales, en materia de movilidad se han alcanzado ciertos logros en cuanto a la adaptación de los pliegos de compra de los buses que renuevan la flota de TransMilenio y en cuanto a los filtros que estos usan en sus escapes a fin de disminuir la contaminación emitida. Sin embargo, se deben realizar mayores esfuerzos por comprar, por ejemplo, buses que funcionen a base de electricidad o que sean híbridos para así generar la reducción necesaria en el aporte al volumen de contaminación que tienen las emisiones del transporte público. Por otro lado, se deben fortalecer y adecuar las políticas de control sobre los camiones, así como la vigilancia sobre la edad y estado de los vehículos que circulan por la ciudad (Canal REDMÁS, s. f.). Ahora bien, dada esta situación, la posibilidad de mejora surge y la administración pública presente y futura debe estar a la altura de los retos que hoy son foco de preocupación en la ciudad. En otra instancia, se debe comenzar a pensar en los posibles problemas futuros que enfrentaría la ciudad de seguir cursando la senda que lleva en materia de protección ambiental y de movilidad, concentrándose principalmente en la protección y garantía de una buena calidad del aire.

 

En conclusión, se observa que durante la alerta ambiental y fuera de esta, las políticas públicas promovidas por la administración pública han sido deficientes en sus resultados, coordinación, coherencia y enfoque, pues no han logrado el cometido de reducir oportunamente los altos niveles de contaminación que tiene la ciudad. Por otro lado, las consideraciones que se tienen en cuenta a la hora de declarar la emergencia ambiental son bastante laxas en la ciudad, estando estas por fuera de los estándares recomendados por la OMS. Finalmente, cabe resaltar las falencias de las administraciones, pues se puede corroborar a lo largo del tiempo que las fallas estructurales en la generación de políticas en materia ambiental y de movilidad son bastante marcadas en la ciudad, siendo el pico y placa una clara muestra de ello.  

 

Referencias

Andrade, M. C., & https://www.facebook.com/pahowho. (2017, enero 24). OPS/OMS | Contaminación del Aire Ambiental. Recuperado 21 de marzo de 2019 de https://www.paho.org/hq/index.php?option=com_content&view=article&id=12918:ambient-air-pollution&Itemid=72243&lang=es 

Canal REDMÁS. (s. f.). #ZonaFranca | La calidad del aire y la emergencia ambiental en Bogotá. Recuperado el 21 de Marzo de 2019 de https://www.youtube.com/watch?v=Z8rSIDgiKDA 

Bonilla, J. (2019) Comentario en clase, Econometría 2, Universidad de losAndes.

El Espectador, (15 de Febrero de 2019). Emergencia ambiental en Bogotá: esto es todo lo que hay que saber. Obtenido de https://www.elespectador.com/noticias/bogota/emergencia-ambiental-en-bogota-esto-es-todo-lo-que-hay-que-saber-articulo-840016 

El transporte público, ¿una amenaza para la salud?, (28 de noviembre de 2016). Semana Sostenible. Obtenido de: https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/transporte-publico-una-amenaza-para-la-salud/36563 

Entrevista - Air Resources Manager. (s. f.). Mapa de calidad del aire en Bogotá. Recuperado 21 de marzo de 2019, de http://201.245.192.252:81/ 

Rojas, N. (2016). Aire y problemas ambientales en Bogotá. Bogotá: Observatorio Ambiental de Bogotá. 

Secretaría Distrital de Ambiente, (2017). Informe anual sobre calidad del aire en Bogotá. Obtenido de: http://www.ambientebogota.gov.co/calidad-del-aire

Secretaría Distrital de Movilidad, (7 de Febrero de 2019). Bogotá se consolida como Capital Mundial de la Bici. Recuperado 21 de marzo de 2019, de https://www.movilidadbogota.gov.co/web/node/1879 

Secretaría Distrital de Salud, (s.f.). Secretaría Distrital de Salud entrega recomendaciones para evitar afectaciones en salud por contaminación en el aire. Recuperado 21 de marzo de 2019, de http://www.saludcapital.gov.co/Paginas2/Afectaciones-salud-contaminacion-aire.aspx