CLINTON VS TRUMP: ESCENARIOS DE POLÍTICA PETROLERA

 

Diego Parra 

Subdirector de Comunicaciones & Mercadeo 

Estudiante de Economía 

Universidad de los Andes 

 

Andrés Dávila 

Estudiante de Economía y Gobierno y asuntos públicos 

Universidad de los Andes 

 

Juan Camilo Mateus 

Estudiante de Ingeniería Industrial y Economía 

Universidad de los Andes 

 

Las decisiones tomadas en materia de producción por los principales países oferentes de petróleo han incidido notoriamente en el precio de venta del crudo. De igual forma, la alta demanda energética en el mundo identifica al mercado de petróleo comouno de los más influyentes sobre la economía mundial.Particularmente, el golpe recibido en Colombia por el declive del orden del 75% en el precio del crudo en 2014, cobró por cuenta de la tasa de cambio y las finanzas públicas el fin de la aparente estabilidad macroeconómica de la que gozaba el país (Ortiz, 2014). En ese sentido, la motivación de este texto recae sobre la importancia de prestar atención al comportamiento de la oferta y el precio internacional del petróleo, puesta su incidencia energética y ladependencia de las finanzas públicas colombianas sobre el rumbo de su comercialización. 

Ahora bien, si se tiene en cuenta que Estados Unidos se convirtió en el mayor productor mundial de petróleo en el periodo comprendido entre 2012 y 2015 (EIA, 2015), las futuras elecciones presidenciales en dicho país representan un evento crucial para determinar el futuro de la explotación y comercialización petrolera. De esta manera, el objetivo de este texto consiste enexponerlospotencialesefectos de la política petrolera impulsada por Donald Trump y Hillary Clinton sobre el precio y la producción mundial del petróleo. Así pues, seproponerealizar un contrasteentre ambos candidatos abordando el análisis de la tendencia de producción y consumo de crudo. Para esto, se partirá de un estudio de la política petrolera del Gobierno de Barack Obama y sus efectos sobre el precio internacional del petróleo. Posteriormente, se expondrán las propuestas de cada candidato, anclado a un análisis de los potenciales efectos que tendría cada programa sobre el precio del petróleo y la sostenibilidad de su extracción.Finalmente, se sopesarán las posibles consecuencias de la política petrolera de cada candidato sobre Colombia. 

En principio, es pertinente definir el contexto sobre el que se rige el debate referente a la política petrolera en Estados Unidos. La literatura sugiere que la sobreoferta de petróleo desde junio de 2014, que impulsó la histórica caída de los precios del crudo, se explica en buena parte por la implementación masiva de la fracturación hidráulica en Estados Unidos, más conocida como fracking1 (Chávez, 2015). Los altos precios del crudo que habían caracterizado al mercado desde el 2012, al encontrarse por encima de los 100 dólares el barril, hacían atractiva la implementación del fracking, cuyo costo se calcula entre 45 y 50 dólares por barril (EIA, 2016). Teniendo en cuenta esto, la posibilidad de utilizar dicha técnica como una alternativa de explotaciónpuesta la rentabilidad obtenida por los altos precios, generó la capacidad de aumentar la producción mundial de petróleoEn efecto, en un mercado dominado durante años por los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la rentabilidad del fracking posibilitó que se incrementara la explotación en países como Estados Unidos. En particular, de acuerdo a la Administración de Información de Energía (EIA), cuando Barack Obama asumió la presidencia en enero de 2009, Estados Unidos bombeaba 5.1 millones de barriles de petróleo por día. Siete años después, alrededor de abril de 2016, dicha cifra se encontraba en 8.9 millones de barriles por día y representaba un aumento significativo del 74%. En apenas cinco años Estados Unidos pasó de ser el mayor importador neto de petróleo en el mundo a convertirse en el mayor productor (EIA, 2015).  

Congruentemente, uno de los objetivos de la política energética de la administración de Obama consistió en reducir la dependencia en el petróleo extranjero y establecer una fuente de recursos netamente nacionalEn ese sentido, en noviembre de 2013 Estados Unidos alcanzó un nivel de independencia energética importante, puesto que su producción logró, por primera vez en dos décadas, superar las importaciones petroleras (The Withe House, 2016). A continuación se presenta gráficamente dicha tendencia. Es importante notar que, en un contexto de sobreoferta de petróleo, el aumento de la producción de Estados Unidos fue uno de los factores que impulsaron el precio del crudo a la baja.  

U.S. Energy Information Administration. (2016). Weekly US Field Production of Crude Oil. [En líneaDisponible enhttps://www.eia.gov/dnav/pet/hist/LeafHandler.ashx?n=PET&s=WCRFPUS2&f=W  

Ahora bien, deben tenerse en cuenta otros factores que impulsaron la caída abrupta del precio del petróleoPor ejemplo, la respuesta de los países de la OPEP ante el incremento de la producción estadounidense consistió en sacrificar el precio del crudo al mantener una cuota de mercado que perpetuara el declive (Chávez, 2015). Arabia Saudita, con el apoyo de las otras monarquías de El Golfo, impulsó la iniciativa de sostener inalterada la producción del cartel, fijada en 30 millones de barriles diarios (Marzo, 2015). En específico, el argumento consistía en que, paradójicamente, la solución a los precios bajos era permitir que estos continuaran cayendo. Si persistía la sobreoferta en el mercado, la caída del precio del crudo impulsaría la retirada del mercado de los productores dependientes del  fracking y de otras técnicas con elevados costos de producción. En la medida en que dichas prácticas dejaran de ser rentables cuando el precio se encontrara por debajo de los 50 dólares el barril, la competencia se retiraría y la oferta tendería a la baja 

No obstante, el proceso descrito anteriormente no estuvo acompañado por un aumento de la demanda global. Por el contrario, la demanda por petróleo cayó, otorgando impulso al impacto causado por la sobreoferta y deteriorando cada vez más el estado del precio del crudo. Dicho fenómeno se explica esencialmente por la política petrolera estadounidense, pues el aumento de la producción diaria permitió reducir las importacionesDe esta maneraen la medida en que Estados Unidos era el mayor importador de esta materia en el mundo, la demanda global se redujoLa siguiente gráfica enseña la evolución de la balanza comercial petrolera en Estados Unidos entre 2012 y 2015. Allí se describe el proceso por el cual se reduce la importación de petróleo ante un incremento de la producción doméstica, aumentando el nivel de las exportaciones netas en el periodo descrito. 

Fuente: U.S. Energy Information Administration. (2016). Weekly Imports & Exports. [En línea] Disponible en: https://www.eia.gov/dnav/pet/pet_move_wkly_dc_NUS-Z00_mbblpd_w.htm  

Paralelamente, ante la reducción de la demanda de petróleo por cuenta de Estados Unidos, los productores árabes buscaron hacerse del mercado asiático, al ser este la principal fuente de consumo de materias primas (Chávez, 2015). Sin embargo, en un contexto de estancamiento económico mundial, la caída de la bolsa de valores en China y la devaluación de su moneda desaceleraron su crecimiento y en consecuencia disminuyó el consumo de materias primas, entre ellas el petróleo. De igual forma, la apreciación del dólar (divisa en la que se efectúan la mayoría de los intercambios petroleros), hizo más caro a los importadores adquirir barriles de crudo, cuestión que desencadenó una reducción en el consumo. En este sentido, es evidente que el aumento masivo de la oferta al estar acompañado por una caída de la demanda global, presionó aún más el precio del petróleo a la baja (Chávez, 2015). 

Llegado este punto, una vez se ha contextualizado la tendencia en materia de producción petrolera y sus distintos efectos, es posible entender la propuesta de Donald Trump referente al rumbo de la política energética en los próximos años. En concreto, su plan gira alrededor de alcanzar la completa independencia energética, con lo que propone duplicar la producción y hacer autosuficiente la generación de energía diaria en Estados Unidos. De hecho, durante la gestión de Obama, Estados Unidos pasó de importar 14.5 millones de barriles por día en 2006, a unos 10 millones actualmente. Sin embargo, dicho monto implica que Estados Unidos aún requiere del petróleo extranjero para obtener más de la mitad de su consumo diario (EIA, 2016). Por lo tanto, Trump propone duplicar la producción, lo que equivale a unos 17 millones de barriles de petróleo por día. Si se tiene en cuenta el contexto de sobreoferta descrito anteriormente, la caída de los precios del crudo dificultaría impulsar a las compañías petroleras de perforar al ritmo que propone Trump. Más aún, si en efecto se consigue aumentar la producción diaria de petróleo, se elevaría el empuje de los precios a la baja. 

Lo anterior lleva a cuestionar cómo propone el candidato republicano implementar una política petrolera tan ambiciosa. En particular, la propuesta de Trump tiene su pilar en continuar la implementación masiva del fracking del anterior Gobierno. Como se ha dicho anteriormente, la ejecución de dicha técnica fue responsable de convertir a Estados Unidos en el primer productor mundial de petróleo y Trump planea impulsar con mayor rigor su implementación. En vista de lo anterior, para ilustrar el crecimiento mayúsculo de la utilización del frackinges interesante señalar que en el año 2000 aproximadamente 23,000 pozos con fracturas hidráulicas en Estados Unidos producían 102,000 barriles diarios de petróleo, correspondiendo al 2% del total nacional. En contraste, para el 2015 el número de pozos con fracturas hidráulicas crecieron significativamente, hasta llegar a 300,000 pozos que producían alrededor de 4.3 millones de barriles de petróleo diarios, aproximadamente el 51% de la producción total.  

Fuente: U.S. Energy Information Administration. (2016). Hydraulic fracturing accounts for about half of current U.S. crude oil production [En líneaDisponible en: http://www.eia.gov/todayinenergy/detail.cfm?id=25372 

En todo caso, deben tenerse en cuenta algunos efectos adversos de la propuesta de TrumpEn primer lugar, como ya se expuso, de proseguir la sobreoferta en el mercado petrolero, el declive en el precio podría persistir de tal manera que el fracking ya no fuera rentable y se imposibilitara la sostenibilidad de la extracción. En segunda instancia, es importante tener en cuenta que las prácticas de extracción adoptadas por Estados Unidos contienen importantes riesgos medio ambientales que, de establecerse como costumbre en la industria del país, podrían ocasionar efectos graves sobre el panorama ambiental y el bienestar de la ciudadanía. 

Por otro lado, al analizar la propuesta en materia de política petrolera de la candidata demócrata Hillary Clinton, es evidente la amplia divergencia con las ideas de TrumpEn específico, Clinton propone reducir el consumo de petróleo en un tercio respecto al nivel actual, es decir, en aproximadamente 6.34 millones de barriles diarios de acuerdo con los 19.03 millones de barriles que se consumen actualmente (CIA, 2016). Para ello propone dos canales: i) la reducción en un tercio del gasto de energía en hogares, escuelas, hospitales y oficinas y ii) el uso de combustibles limpios y eco-amigables, así como el uso de fuentes alternas de energía (Clinton, 2016).  

Sobre lo anterior, es interesante notar que la tendencia histórica muestra que en Estados Unidos el petróleo, el gas natural y el carbón, son los tres tipos de combustibles fósiles que han representado por cerca de cien años el 80% del consumo total de energía (EIA, 2016). Por consiguiente, el traslado hacia energías alternativas representa un reto importante para el país en caso de ser electa la candidata demócrataEl siguiente gráfico muestra la tendencia creciente en el consumo de los tres combustibles mencionados, donde se ve que el crecimiento de las energías limpias ha estado muy por debajo en comparación con los combustibles fósiles.  

 

Fuente: U.S. Energy Information Administration. (2016). Fossil fuels have made up at least 80% of U.S. fuel mix since 1900  [En líneaDisponible enhttp://www.eia.gov/todayinenergy/detail.cfm?id=21912 

No obstante, a pesar de que las energías alternativas representan una pequeña proporción del total de consumo de energía, se observa un crecimiento constante desde el 2000. Esto explicado principalmente por el impulso que han tomado la energía solar y eólica como fuentes alternativas de generación energética. De hecho, en 2014 la participación en el consumo total de energía renovable fue el más alto desde 1930, alcanzando un nivel de alrededor del 10%. Congruentemente, el planteamiento de Clinton consiste en convertir a Estados Unidos en una superpotencia de la energía limpia, por lo que propone instalar 500 millones de paneles solares antes de terminar su primer mandato (Clinton, 2016). 

De esta manera, en caso de una eventual victoria de Clinton, se estima una reducción equivalente a 500,000 barriles diarios en la producción de petróleo (Sjolin, 2016), por lo que generar un proceso de sustitución con energías limpias será crucial para la sostenibilidad del consumo energético en el paísDe igual forma, según proyecciones de la EIA, el precio del petróleo y la capacidad productiva de la industria han causado la necesidad de realizar recortes en la producción, por lo cual la oferta de Estados Unidos en el 2017 se estima en ocho millones de barriles diarios (Sjolin, 2016). Por otro ladoun componente de la política energética de Clinton consiste en la prohibición del fracking en terrenos públicos, lo que contribuiría a la reducción en la producción de combustibles fósiles (Sjolin, 2016). De esta manera, se alcanzaría una disminución importante de los posibles riesgos, especialmente referentes al medio ambiente, asociados con esta manera de extracción de crudo (Forbes, 2016). 

Finalmente, retomando la motivación inicial del presente texto, una vez se ha realizado el paneo sobre las distintas propuestas en materia de producción petrolera, surge el cuestionamiento sobre las perspectivas para Colombia en cualquiera de estos escenarios. En caso tal de que el presidente electo sea Donald Trump, el impulso a aumentar la producción de Estados Unidos desencadenaría un nivel de sobreoferta superior al actual, por lo que Colombia tendría que lidiar con un panorama aún más conflictivo en referencia a los precios del crudo. Por otro lado, de adoptarse la política petrolera de Clinton, la disminución en la cantidad de barriles producidos relajaría las presiones sobre el precio del crudo, lo que podría fomentar una recuperación del precio, por supuesto condicionado a las decisiones que tome la OPEP.  

En este orden de ideas, el escenario más conveniente para Colombia en términos de política petrolera y energética es con Clinton como presidenta de los Estados Unidos, puesto que se liberarían restricciones importantes sobre el precio del crudo y se posibilitaría recuperar el nivel de ingresos petroleros que se tenía en el 2013. En concreto, los retos que impone el posconflicto en materia de estabilidad macroeconómica y finanzas públicas reflejan los altísimos beneficios que enseña un óptimo estado del mercado petrolero. Ahora bien, es importante tener en cuenta que la prospectiva económica de Colombia frente al precio del crudo está sujeta a la dependencia sobre las exportaciones de dicha materia prima. Por consiguiente, si se tiene en cuenta que la política comercial colombiana está llevando a cabo un proceso de ajuste hacia la independencia de la economía nacional respecto al petróleo, el impacto de los resultados de las elecciones de Estados Unidos puede cambiar. Más aúnsi se consigue ostentar dicha independencia la economía colombiana podría blindarse ante choques derivados de política petrolera externa. 

Por lo tanto, a pesar de la imposibilidad de predecir el comportamiento futuro de los precios del petróleo, puesta su dependencia en una red compleja donde se involucra la producción de Estados Unidos y de la OPEP, además de eventos geopolíticos que alteren el orden mundiales posible definir el rumbo de las decisiones de política económica que debe adoptar Colombia para protegerse de un nuevo golpe externo. De ser Donald Trump electo, Colombia debe imponer estrategias que permitan lidiar con una eventual caida del precio del crudo. No obstante, es claro que la política petrolera impulsada por Hillary Clinton resulta más conveniente para Colombia. En ese caso, de ser Clinton electa, el Gobierno tiene la responsabilidad de impedir un derroche de los ingresos petroleros, establecer planes de ahorro y romper la dependencia de las exportaciones netas a la comercialización de crudo.  

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 

 

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