La racionalidad de la guerra y la paz en Colombia

Por: Andrés Felipe Galindo Farfán

La Economía, la sociología y otras ciencias sociales han tratado de analizar y entender los orígenes, alcances y consecuencias de la guerra en Colombia. Hay acuerdo, en general, en que los costos de la guerra exceden con creces lo que los colombianos están dispuestos a soportar: pérdidas de capital físico y humano, debilitamiento de las instituciones con las consecuencias en el aumento de los riesgos, la incertidumbre y los costos de transacción. Sin embargo, no hay mucho que se pueda decir en torno al entendimiento de la conducta de las partes envueltas en la guerra en Colombia, si finalmente esta ha sido una característica a lo largo de su historia. Por tanto, pareciera no ser una sucesión de acontecimientos aislados sino un fenómeno. Desde el gobierno y pasando por los diferentes sectores de la sociedad civil, la calificación que uno suele encontrar es que la guerra es irracional. Y aunque la confrontación en Colombia ha dejado una estela de destrucción y pérdidas, en algunos casos irrecuperables, el hombre racional –el homo economicus- va a la guerra y sabe lo que hace al hacerlo. En el sentido propuesto por Aumann (2006), la guerra es racional [1].

Cuando se entiende que la guerra es una expresión de racionalidad –lo que no la hace menos cruel e indeseable-, una definición apropiada pareciera ser la formulada por Clausewitz (2002): La guerra constituye, por tanto, un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad.

La teoría de juegos hace un esfuerzo por aportar herramientas para el entendimiento de los conflictos. La guerra se podría enmarcar en la teoría de los juegos repetidos, según los aportes de Sorin (1992), Zamir (1992) y Forges (1992). Los juegos repetidos son aquellas interacciones que se llevan a cabo de forma sucesiva, periodo tras periodo. El largo plazo en los juegos genera mecanismos de reforzamiento que, a diferencia de los juegos en un solo periodo, generan equilibrios toda vez que agentes están orientados a actuar en función de sus conveniencias. En los juegos repetidos, figuras como la cooperación aparecen y es porque los jugadores tienen presente que en el futuro podría haber consecuencias definidas en función de sus jugadas hoy. El sistema judicial o el uso de la fuerza militar –amenazas creíbles-, por ejemplo, son dos posibles consecuencias. Teóricamente, la guerra en Colombia tendría un resultado intuitivo: las FARC no encontrarían atractivo mantenerse en la beligerancia y actuar con estrategias dominantes puesto que en el futuro habría una amenaza de castigo por parte del Gobierno.

Sin embargo, la realidad parece diferente. Tras 50 años, las FARC se mantienen en armas e, incluso, en el marco de la negociación de La Habana, estas siguen siendo empleadas contra el Estado colombiano. Y parece que, mientras el Gobierno ata los resultados de la negociación política a los ciclos electorales, las FARC parecenno tener prisa. El Gobierno quiere la paz pronto, en el corto plazo, lo cual sugiere que la tasa de descuento que percibe es más elevada que la que tienen las FARC: en otras palabras, el Gobierno valora mucho más la paz hoy que la paz más adelante. Pareciera que el presente es mucho más importante que el futuro para el Estado colombiano mientras que las FARC pueden y quieren esperar pues les conviene. Lo han hecho cinco décadas y pueden esperar tres, 10 o 20 años más, lo que supone un obstáculo que puede llevar al fracaso a toda cooperación.

La razón es que las estrategias que logran la cooperación en un equilibrio de un juego repetitivo incluyen castigos en las fases posteriores si no hay cooperación en la fase actual. Si las tasas de descuento de los jugadores son muy elevadas, la preferencia por el presente es mayor que por el futuro y posiblemente se explique por la existencia de una brecha entre los beneficios presentes y beneficios futuros. Las ganancias de hoy compensan con creces las pérdidas del futuro y el Gobierno, dados sus intereses y la información disponible, valora con especial énfasis las ganancias del presente. Los votantes no suelen ser muy pacientes, por eso hay prisa de mostrar resultados en el corto plazo.  Las FARC por eso actúan atacando infraestructura y envían mensajes beligerantes a diario: están expresando que pueden esperar todo el tiempo del mundo. No pueden propinar un castigo creíble –están militar y políticamente disminuidas-, pero pueden golpear.

En la actualidad, el Gobierno y las FARC adelantan un proceso de negociación de la terminación del conflicto en La Habana, Cuba, luego de casi cinco décadas de beligerancia y esfuerzos frustrados de cesación de las hostilidades, tanto por la imposición de la voluntad de una de las partes por la fuerza o por la vía de la negociación política. Y parece que estas cinco décadas de conflicto y el esfuerzo actual por terminarlo encuentran alguna explicación en dos aspectos esenciales: la existencia de información asimétrica y la incapacidad del Gobierno de operar pensando en el largo plazo, lo cual al final de cuentas siempre ha terminado por enviar al traste los esfuerzos de paz. Basado en el modelo de análisis del conflicto árabe-israelí propuesto por Fearon (1995), de nuevo el conflicto armado colombiano puede expresarse en términos de la teoría de juegos y asimetrías deinformación.

En 1964, con el surgimiento de las FARC- EP, el Gobierno colombiano subestimó la fuerza, capacidad de resistencia y motivaciones de la incipiente guerrilla establecida en el Tolima e ignoró la coordinación de la naciente insurgencia. Por el lado de la guerrilla, esta no tuvo incentivos para revelar su real capacidad de fuego y sus intenciones, lo que llevó a que los ataques progresivos del Ejército colombiano quizás no fuesen lo suficientemente eficaces para detener la insurrección y el avance de la subversión. Esto demuestra de nuevo la idea central detrás de un modelo de juego repetitivo: la capacidad de esperar determina la generación de mecanismos de cooperación. La historia ha demostrado que la capacidad del establecimiento para esperar un acuerdo de paz ha sido insuficiente y los Gobiernos suelen soportar fuertes presiones políticas y electorales para obtener la firma de la terminación del conflicto en un horizonte que, dados unos incentivos, las FARC consideran como muy pronto.

En el fondo de una propuesta de modelo del conflicto entre el Gobierno y las FARC, el terrorismo y las acciones violentas son el elemento crucial. En primera instancia, es necesario entender que las acciones que lleva a cabo este grupo ilegal no deben calificarse como irracionales. Ni la bomba del Club El Nogal, ni los ataques contra la Casa de Nariño durante la posesión de Álvaro Uribe ni mucho menos el secuestro de los diputados de la Asamblea Departamental del Valle del Cauca son producto de una locura: en todos los casos respondieron a incentivos y obedecieron a expectativas racionales. Una muy buena aproximación de un homo economicus, que actúa en función de sus intereses y en presencia de una información dada. Quizás resulta más complejo definir qué persiguen las FARC, cuáles son sus objetivos como organización armada, pero si suponemos que buscan poder político y cambios fundamentales en la estructura del Estado colombiano, el terrorismo y la violencia son herramientas que pueden presionar al establecimiento que combaten a hacer concesiones. De Figuereido y Weingast (2001) han construido un modelo en el cual se explica que los líderes más radicales suelen adoptar el terrorismo para provocar una respuesta del Gobierno que empuje a los más moderados a alinearse con las posturas más radicales. Y esto impone costos relativamente más altos al Gobierno –especialmente en el terreno político-, toda vez que en el fondo es su deseo llegar a un acuerdo de paz lo más pronto posible, pero es difícil cuando ignora si la facción más fuerte es la radical que asigna valores más elevados a la guerra o si lo es el grupo moderado, que asigna valores más elevados a la paz. Y sin esto claro, se dificulta la definición de una política de acercamiento con la insurgencia que permita llegar a un acuerdo.

Tras cinco décadas de insurrección, las FARC han demostrado una gran capacidad de resistencia. Desde su fundación han visto 12 presidentes y sucesivos virajes en la política gubernamental de paz. Su tasa de descuento, expresada como el valor presente de una dejación de las armas y de un acuerdo de paz, es significativamente más baja que la del Gobierno, que normalmente recoge las preferencias sociales de una paz pronta, inmediata y sin condiciones que plantea la sociedad colombiana –una tasa de descuento elevada que dificulta la cooperación-. Nadie duda que el conflicto ha impuesto unos costos muy altos en eficiencia económica y desarrollo en Colombia, sin embargo al tratarse de un juego repetitivo solo la cooperación permitirá llegar a un equilibrio que difícilmente se podría obtener en un juego de una sola ocasión. La clave, pareciera, es que ni las FARC ni el Gobierno deben estar muy ansiosos por el presente cuando se le compara con el futuro. Solo así, quizás, llegue algún día la paz.

Nota al pie

[2] La racionalidad la define Robert Aumann como la conducta de una persona cuando actúa en función de lo mejor para sus intereses, dada su información.

Bibliografía

Clasewitz, Karl von, 2002, De la guerra, editado por librodot.com

De Figueiredo, Rui J. P. Jr., and Barry R. Weingast, 2001, “Vicious cycles: endogenous political extremism and political violence” UC Berkeley: Institute of Governmental Studies. Retrieved from http:// scholarship.org/uc/item/5j47x3jv

Fearon, James D., 1995, “Rationalist explanaitions for War”, International Organization, 49.3, (summer): 379-414

Forges, F. 1992, “Repeated games of incomplete information: non-zero Sum”, en Aumann, R. J. y Hart, S. (eds.), Handbook of Game Theory, with economic applications, vol. 1, Elsevier, Amsterdam, pp. 459-483

Sorin, S. (1992), “Repeated Games with Complete information”, en Aumann, R. J. y Hart, S. (eds.), Handbook of Game Theory, with economic applications, vol. 1, Elsevier, Amsterdam, pp. 71-107

Zamir, S. (1992), “Repeated games of incomplete information: non-zero Sum”, en Aumann, R. J. y Hart, S. (eds.), Handbook of Game Theory, with economic applications, vol. 1, Elsevier, Amsterdam, pp.109-154

Imagen recuperada de: https://www.google.com.co/url?sa=i&rct=j&q=&esrc=s&source=images&cd=&cad=rja&uact=8&ved=0CAYQjB0&url=http%3A%2F%2Fwww.arcoiris.com.co%2F2012%2F07%2F4136%2F&ei=CIVFVMPTB4rBggTq_ICQBg&psig=AFQjCNG2Bg8cXW-0CcdeLKHPklV54V_dbg&ust=1413928533859536