¿POR QUÉ ES DIFÍCIL ACEPTAR A LOS INMIGRANTES?

¿Por qué es difícil aceptar a los inmigrantes? Desde una mirada institucionalista

 

María Paula Gutiérrez Hurtado

Miembro Subdirección Relaciones Públicas

Estudiante de Economía

mp.gutierrez@uniandes.edu.co

Universidad de los Andes

 

Carlos Mauricio Carantón Galindo

Miembro Subdirección Financiera

Estudiante de Economía y Gobierno

cm.caranton@uniandes.edu.co

Universidad de los Andes

 

¿Qué tanto tienden los hombres a congregarse y vivir juntos? Ya el surgimiento primitivo de las civilizaciones da cuenta de esta inherente propensión. Es a partir de estas civilizaciones que se han estructurado las normas sociales: pautas de comportamiento en sociedad, aceptadas y apropiadas por los miembros de ésta a fin de regular las interacciones sociales y permitir la cooperación de grupos.

Sin embargo, ¿qué tan sensato es el carácter de las normas sociales? Maquiavelo decía de los hombres que son ingratos, volubles, dados al fingimiento, aficionados a esquivar los peligros y codiciosos de ganancias, y esto no se aleja menos de la percepción de muchas personas frente al extranjero. Recientemente, hemos visto erosionada esa cohesión social en la cual se acepta y respeta al foráneo. Las amenazas virtuales y ataques contra venezolanos en Cúcuta, las protestas contra la migración cuchillo organizada por grupos neonazis en la ciudad alemana de Chemnitz y la adopción de una política de separación de familias inmigrantes en Estados Unidos evidencian la creciente intolerancia hacia las personas de otros países. Por tanto, es necesario preguntarse por qué en una sociedad global no siempre es posible que las normas sociales logren la coordinación y cohesión social en pro del bienestar general, incluyan a los inmigrantes y eviten conflictos como los mencionados anteriormente. Es así como, contrario a lo que se cree, las normas sociales (por ejemplo, representadas a través de instituciones) buscan reafirmar la identidad nacional mediante la exclusión del inmigrante.

 

Las normas sociales y los países

Las normas sociales crean sistemas reglamentarios donde se permite la interacción social, pues contribuyen a establecer relaciones recíprocas de expectativas e intenciones. Estas influyen en nuestra forma de relacionarnos con la sociedad. Sin embargo, hoy también se le reconoce una independencia al individuo que no actúa exclusivamente como una pieza más de la sociedad. Las normas sociales forman las organizaciones, las cuales son instituciones que establecen fronteras entre los miembros y los que no son, designan responsabilidades y tienen principios de soberanía (Hodgson, p. 18).

Al analizarlo desde la perspectiva de un país receptor de inmigrantes, los comportamientos discriminatorios hacia estos grupos son respuesta al establecimiento de tales normas sociales. En primer lugar, cabe aclarar que la discriminación, fruto de los estereotipos basados en prejuicios, tiene distintos orígenes. En este sentido, son los prejuicios (causantes de la progresiva bola de nieve discriminatoria) los que se fundamentan en dichos principios, de entre los cuales, según Prevert, et al resaltan: la nacionalidad, la actividad sindical y el estado de salud como las tres principales razones para la discriminación. Por el contrario, y a diferencia de lo que comúnmente puede llegar a creerse, las costumbres, la apariencia y la opinión política no son factores propiamente determinantes de la discriminación. Así, es evidente que la distinción social permanece como criterio de cohesión social o de exclusión.

 En segundo lugar, el sentir general ante la llegada de inmigrantes parece ser similar en distintas sociedades: temor y paranoia ante la desestabilización de las normas sociales (es decir, el desmoronamiento de la unanimidad) y la incorporación de la diferencia a las masas. La conformación del uno social en la lucha contra los flujos migratorios resulta ser lo más antidemocrático para aquel extranjero, mientras que para la sociedad receptora de emigrantes representa la cohesión necesaria para reafirmar su identidad mediante la negación de la identidad del otro.

Por ende, si se parte del hecho que se necesita diferenciarse de los que no son miembros, entonces habrá actos discriminatorios hacia los sujetos que no hacen parte de ese grupo. De allí que, se constituya un fenómeno de esquematización social que consiste en “seleccionar y simplificar un conjunto de creencias que permiten interpretar y juzgar el comportamiento de los demás en relación con esta simplificación” (Prevert, et al, 2012, p. 11). Incluso se podrían crear prejuicios y estereotipos, pues los primeros legitiman y justifican esas desigualdades a la vez que designan una actitud basada en juicios de sentimientos negativos hacia individuos que tienen una pertenencia social distinta a la propia, mientras los segundos “sirven de base a los prejuicios y (…) tienden a exteriorizarse en comportamientos negativos designados bajo el término de discriminación” (Prevert, et al, 2012, p. 11). En este caso, los comportamientos negativos no solo se traducen en sentimientos adversos sino, sobre todo, en un comportamiento distintivo de rechazo que consiste en excluir al extranjero. Para demostrar esto empíricamente, hallamos una relación entre los siguientes datos.

 

Gráfico 1. Relación porcentual entre la cantidad de inmigrantes y la fecha de independencia para distintos países.

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Fuente: Naciones Unidas (2017), elaboración propia.

Fuente: Naciones Unidas (2017), elaboración propia.

Se puede ver en el Gráfico 1 que entre menos tiempo se haya consolidado una nación soberana (independiente), la población inmigrante es mayor. Aunque hay factores muy importantes que influyen en las decisiones de los migrantes para vivir en un nuevo país, parece existir una mayor tolerancia o aceptación a los inmigrantes si los países no se han consolidado completamente, pues no es necesario crear instituciones que los diferencien de otros y que incentiven la exclusión a los foráneos.

 

Los incentivos de la discriminación

Sin embargo, aunque las normas sociales influyen en nuestro comportamiento, estas no son estables sin un balance entre los incentivos y costos de acoplarse a ellas, ya que si las normas restringen el comportamiento y otorgan ventajas al transgredir las reglas, la coordinación será más difícil. Desde una perspectiva racional, existen incentivos para rechazar a un inmigrante; empero, en cada país se presentan casos diferentes.

En Estados Unidos, un estudio mostró que un incremento en 1% del porcentaje de foráneos sobre el total de la población reduce en un 8% los salarios de los menos calificados (Camarota, 1998). Además, el porcentaje de estadounidenses nativos graduados de bachillerato es menor con mayor proporción de inmigrantes. Sin embargo, esta relación es directamente proporcional con los graduados de pregrado y posgrado (Guerrero et al, 2017). Por tanto, los receptores del país pueden sentirse amenazados con menores salarios y menor acceso a la educación a causa de una mayor proporción de inmigrantes, por lo que tienden a discriminar más. En Turquía también hay incentivos para la xenofobia dado que ahora cuenta con 3,7 millones de refugiados de Siria y el gobierno otorga permisos de trabajo a sirios desde enero de 2016.

 

Tabla 1. Determinantes del desempleo / Determinantes del empleo formal.

Fuente: Esen y Binatli (2017), elaboración propia.

Fuente: Esen y Binatli (2017), elaboración propia.

 Según los datos de Esen y Binatli (2017; Tabla 1), la intensidad de refugiados perjudica al empleo formal e informal en Turquía. Más precisamente, “por cada 100 refugiados sirios hay 20 personas menos empleadas formalmente” (p.8). Además, según este mismo estudio, si una ciudad tiene mayor intensidad de refugiados su desempleo será mayor. Por ende, los turcos tienen incentivos para rechazar a los sirios, pues reducen sus posibilidades de trabajo informal y formal.

Sin embargo, un estudio en Francia realizado por Edo (2013) demuestra que la xenofobia disminuye las posibilidades de los nativos para acceder al empleo. Según esta investigación, cuando los inmigrantes no tienen nacionalidad o ciudadanía del país afectan el empleo de los locales, pues están dispuestos a recibir salarios 2-3% inferiores y a trabajar hasta más tarde, ya que tienen acceso limitado al mercado laboral y a los beneficios del estado, por lo que son más atractivos para las firmas (p.2). Por el contrario, si están en igualdad de condiciones, no existe ningún efecto sobre el empleo. Por ende, en este caso la población no cuenta con incentivos para rechazar a los inmigrantes desde una perspectiva netamente laboral.

Pese a que no es clara la relación entre inmigración y desempleo, existen teorías económicas que demuestran que la discriminación persiste. Para esto, partimos del supuesto que los inmigrantes son minoría, pues según las Naciones Unidas en 2017 en promedio la proporción de inmigrantes sobre la población de cada país es 13,6%. En primer lugar, de acuerdo con Gary Becker los “empleadores experimentan desutilidad cuando contratan a trabajadores de minorías” (Glover et al, 2016, p.2). Además, Phelps y Arrow sostienen que la discriminación es causada por la información imperfecta a causa de perjuicios o investigación insuficiente de las minorías, por lo que les dan un trato inequitativo con respecto a las mayorías (Glover et al, 2016). “Incluso, estudios de Lundberg et al demostraron que menores inversiones en la mano de obra minoritaria genera que esos grupos crean que esa inversión de igual manera no sería recompensada. Por tanto, la discriminación ocasiona una `profecía autocumplida´, en la que las creencias de los empleadores sobre las minorías se reflejan en el mercado.” (Glover et al, 2016, p.2).  

Mailon y Han (2015) también afirman que siempre que haya competencia, cuando los competidores están igual de calificados y hay sobreoferta, estos dependen de las ventajas esperadas sobre los otros competidores; estas ventajas crecen si un competidor pertenece a un grupo privilegiado y si los inconvenientes de los otros grupos desaventajados persisten. Usualmente, el grupo ganador será la mayoría, pues son los que más se presentan a competencias y, por tanto, se benefician más de esta discriminación. Desde otra perspectiva, el empleador preferirá contratar a aquellos individuos cualificados, pues si el riesgo de contratar a alguien se reduce a un menor grupo poblacional que tiene mayor probabilidad de cumplir a cabalidad con las labores, este preferirá que haya discriminación, precisamente para distinguir los individuos cualificados (mayoría o nativos) de los que no lo son (minoría o foráneos). Desde estos dos puntos, la competencia promueve un equilibrio con discriminación hacia las minorías, lo que incluye a los inmigrantes en la mayoría de los países. Podemos analizar este fenómeno con los datos en la Tabla 2 y teniendo en cuenta si existe competencia o no. En caso de que no haya beneficios no se da la discriminación, como lo evidencia la tabla.

Tabla 2. Ámbito de la discriminación según instituciones.



Fuente: Prevert, A., Navarro, O y Bogalska-Martin, E. (2012), elaboración propia

Fuente: Prevert, A., Navarro, O y Bogalska-Martin, E. (2012), elaboración propia

Con respecto a los servicios públicos, la educación y la salud presentan tendencias menores hacia la exclusión de los extranjeros. Esto en parte se debe a que los inmigrantes no utilizan estos recursos, por lo que no participan en la competencia. Según un estudio de George et al (2011) en Reino Unido en muchos casos los foráneos no conocen ciertos servicios públicos por lo cual simplemente no los utilizan. Además, los migrantes son, en muchas ocasiones, jóvenes que tienen poca necesidad de acceder a los servicios de salud. Con respecto a la educación, en muchos casos los niños deben ayudar para contribuir económicamente a la familia, como ocurre con muchos niños de Siria que trabajan en maquiladoras en Turquía. Por ende, los receptores de inmigrantes no sienten incentivos a seguir normas sociales que los impulsen a discriminarlos en estos ámbitos, pues en un principio nunca acceden a ellos, de forma que, al no competir por estos, no generan escasez.

No obstante, aunque no se ha enfocado el texto principalmente en la exclusión laboral y de algunos servicios públicos, pues son el fundamento del proceso discriminatorio, no se deben olvidar los otros tipos de discriminación. Muy probablemente el inmigrante ha de ser excluido socialmente. Dicha exclusión no es explicada solo por cuenta de su condición económica o laboral, sino que entran en juego factores claves inherentes del individuo, tales como sus tradiciones, cultura, religión, raza, tez, dialecto, entre otros. Adicionalmente, la exclusión social ha de ser lo suficientemente fuerte para alcanzar las esferas públicas y, de ser una incomodidad pasajera en las aceras o en el transporte, ha de tomar gran relevancia en las agendas gubernamentales y los debates de gobierno. Así, se adoptarán medidas institucionales “basadas en el control de los flujos migratorios y que connotan peyorativamente al inmigrante” (Ruiz de Lobera, s.f., p. 19). Estas van desde guardias civiles, controles en la frontera, vallas y equipo canino, hasta leyes de extranjería, trámites legales y reducidas posibilidades jurídicas que pretenden impedir la construcción social del inmigrante. De hecho, tales medidas de control no son producto del azar; al contrario, están fundamentadas en criterios claros de discriminación. La siguiente tabla muestra algunos de los criterios determinantes para la exclusión por parte de distintas instituciones u organizaciones gubernamentales. El origen aparece como la principal causa de discriminación (33%), seguido de la actividad sindical (20%), el estado de salud (11%) y la edad (9%), entre otras.

Tabla 3. Criterios de discriminación según institución

Fuente: Prevert, A., Navarro, O y Bogalska-Martin, E. (2012), elaboración propia.

Fuente: Prevert, A., Navarro, O y Bogalska-Martin, E. (2012), elaboración propia.

 Conclusión

La dificultad de aceptar a los inmigrantes nace porque instituciones como la nación se originan, al menos en parte, con el objetivo de diferenciarse de otros grupos sociales y conservar cierta soberanía, legitimidad y poder sobre el territorio y la población, lo que genera que se establezcan prejuicios y elementos de distinción con los grupos foráneos, por lo que se fomenta la discriminación hacia los extranjeros. Además, las normas sociales influyen en el comportamiento de los individuos y se reproducen colectivamente, pues los seres humanos buscan aceptación social; por ende, acceden en cierta medida a tolerar comportamientos xenófobos. Por último, existen incentivos para rechazar a las personas menos aventajadas que llegan a un país, pues en competencia la discriminación hace parte del equilibrio. En consecuencia, se logra una coordinación de la nación que excluye a los inmigrantes y que, contradictoriamente al fin de las estructuras sociales, aísla a un grupo que también desea cooperar. Estas explicaciones nos permiten entender por qué las sociedades tienen comportamientos xenofóbicos frente a olas migratorias desde las propias instituciones: de esta forma se puede hacer frente a la diferencia, que es percibida como una desviación de la homogeneidad, y, así, lograr instaurar medidas de acción certeras que revaliden la sensatez hacia lo propio de las normas sociales, de forma que en última instancia legitimen la identidad nacional.

Referencias

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Camarota, S. (1998). Los salarios de la inmigración. Recuperado de: https://cis.org/sites/cis.org/files/articles/1998/wagestudy/wages.pdf

Edo, A. (2013). El impacto de la inmigración en los salarios naturales y el empleo. Recuperado de: https://halshs.archives-ouvertes.fr/halshs-00881131/document

Esen, O y Binatli. A. (2017). El impacto de los refugiados sirios en la economía turca: Efectos del Mercado Laboral Regional. Recuperado de: www.mdpi.com/2076-0760/6/4/129/pdf

George, et al. (2011). Impacto de la migración en la educación y el consumo de servicios de salud, asistencia social, servicios para niños y servicios sociales. Recuperado de https://assets.publishing.service.gov.uk/government/uploads/system/uploads/attachment_data/file/257236/impact-of-migration.pdf

Glover. D., Pallais, A. y Pariente, W. (2016). La discriminación como una profecía autocumplida: evidencia de las tiendas de comestibles francesas. Recuperado de https://perso.uclouvain.be/william.pariente/documents/Discrimination%20as%20a%20Self-Fulfilling%20Prophecy.pdf

Guerrero, R y Bandyopadhyay, S. (2017).  Comparación de ingresos, educación y datos de trabajo para inmigrantes frente a los nacidos en EE. UU. Recuperado de: https://www.stlouisfed.org/publications/regional-economist/second-quarter-2017/comparing-income-education-and-job-data-for-immigrants-vs-those-born-in-us#table1

Mailon, S., Han Yoo, S. (2015). Incentivos para la discriminación. Revista de Comportamiento Económico y Organización. pp. 136-160. Recuperado de: https://ac-els-cdn-com.ezproxy.uniandes.edu.co:8443/S0167268117300276/1-s2.0-S0167268117300276-main.pdf?_tid=beba33a1-8cfc-49bc-9709-a3afeec322ff&acdnat=1539959561_f9a398d531ee712592742f4e97fd477d

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