¿QUÉ TAN PRODUCTIVA ES UNA PERSONA EN SU DÍA A DÍA?: RACIONALIDAD DETRÁS DE LA PRODUCTIVIDAD INDIVIDUAL

Camilo Mateus

Estudiante de Economía e Ingeniería Industrial

Universidad de los Andes

jc.mateus418@uniandes.edu.co

 

Ana María Pérez

Estudiante de Economía y Ciencia Política

Universidad de los Andes

am.perez@uniandes.edu.co

 

Uno de los temas más relevantes en el mundo actual es la productividad. Comúnmente, se habla de ella en el aspecto macroeconómico, relacionando los factores de producción con el crecimiento económico de los países. No obstante, desde la microeconomía también se puede discutir sobre la productividad de los individuos. ¿Qué tan productiva es una persona en su día a día? ¿Cómo distribuye su tiempo cada agente económico? ¿Es diferente estar ocupado a ser productivo? Estas preguntas han cobrado gran importancia en un entorno en el cual el tiempo se ha convertido en un recurso muy limitado frente a todas las actividades que debe realizar una persona diariamente. Por ende, cada individuo debe realizar elecciones sobre cómo organizar su tiempo a partir de sus preferencias; si lo hace de manera racional o no, es discutible. Con el propósito de concienciar al lector de qué temas económicos hacen parte de la cotidianidad, este artículo busca discutir sobre la racionalidad detrás de la productividad individual, que puede influir en la productividad de los países. Inicialmente se presenta un marco teórico sobre la productividad desde la macroeconomía y microeconomía, para luego ilustrar con un modelo econométrico básico cómo los estudiantes de la Universidad de los Andes determinan su productividad.

La productividad suele definirse como la razón entre el nivel de producción económico y los factores de producción (capital y trabajo) asociados; de manera que, a mayor producción por unidad de capital o trabajo, mayor será la productividad de la economía. Sin embargo, existen diferentes maneras de medir la contribución del capital y del trabajo a la productividad, por lo que la definición y medición de la productividad ya es -de por sí- una tarea compleja, ambigua y en la que no siempre hay consenso. No obstante, la literatura económica se ha encargado de definir la Productividad Total de los Factores (PTF) como el crecimiento residual del producto económico que no puede ser explicado por las tasas de crecimiento del capital, trabajo y factores de producción intermedios. Usualmente la PTF se interpreta como la contribución al crecimiento económico de factores como la innovación técnica y organizacional (OCDE, s.f.).

Para ilustrar lo anterior, la gráfica 1 muestra la relación entre las horas trabajadas por persona y el PIB por hora trabajada en los países de la OCDE. Como se puede observar, la relación entre ambas variables es de carácter negativo, es decir, los países más productivos son aquellos cuya gente trabaja menos horas. Lo anterior es un resultado sorprendente en un país como Colombia, donde la mayoría de personas aún piensa que entre más horas se trabaje mayor es la contribución a la producción de la economía. Entonces, ¿qué es lo que determina que en los países donde se trabaja menos se produzca más?

 

Gráfica 1. Horas trabajadas y productividad en países de la OCDE.

uente: OCDE. Elaboración propia.

 

Respondiendo a la pregunta anterior, hay que decir que la productividad puede ser vista como un agregado de los agentes económicos. En términos generales, la microeconomía clásica explicaría que los individuos buscan maximizar su utilidad individual sujeta a una serie de restricciones intertemporales. Por ello, aunque muchas veces no sean conscientes del proceso de toma de decisiones sobre cómo organizar su tiempo, cada persona elige racionalmente cuánto tiempo dedicar a cada una las actividades en su día a día.

Sin embargo, desde hace unas décadas, la economía del comportamiento ha tenido un auge significativo. Este campo de la economía propone que los individuos no siempre actúan de manera racional con el objetivo de maximizar su utilidad, sino que están afectados por una serie de factores como las normas sociales y los valores (Samson, 2014). Visto desde esta perspectiva, la economía del comportamiento sugiere entonces que los individuos, no son racionales en las tareas de su día a día, con el objetivo de maximizar su utilidad, sino que procrastinan, dedican tiempo a actividades improductivas, sufren de estrés cuando ven que tienen poco tiempo para realizar sus deberes y ,pese a ser conscientes de las actividades improductivas que realizan en su día y los cambios que necesitan para mejorar su productividad, hacen poco o nada para mejorarlo.

Por ello, distintas universidades y empresas a nivel mundial han dedicado esfuerzos a entender el tema de la productividad individual y su relación con el comportamiento humano. Uno de dichos esfuerzos está plasmado en el libro The Power of Habit: Why we do what we do in life and business de Charles Duhigg (2015). Según Duhigg, la mayoría de las elecciones diarias de los individuos no son elecciones racionales, como sugeriría la teoría microeconómica, sino hábitos que se han ido formando con el pasar del tiempo. Para ilustrar lo anterior, Duhigg cita una serie de estudios científicos que han encontrado que el ser humano tiene en la base del cerebro unos ganglios basales de origen primario que son los encargados de almacenar los hábitos de los individuos. De acuerdo con esto, los científicos han encontrado que es posible aprender y realizar elecciones inconscientes sin recordar nada sobre la lección o el proceso de elección. En últimas, Duhigg reta la teoría microeconómica tradicional que afirma que los individuos toman decisiones de manera racional y, al mismo tiempo, afirma que es posible cambiar los hábitos con el fin de ser más productivo si se es consciente del proceso que rodea la formación de los mismos (Duhigg, 2015).

Para comprender un poco más sobre este asunto, se puede partir del Principio de Pareto o la ley del 80-20. De acuerdo con este principio, el 20% de la totalidad de la producción proviene del 80% del esfuerzo en recursos, mientras que el otro 80% es producido con solo el 20% del tiempo y recursos. Si bien estas cifras son arbitrarias y no del todo exactas, es posible aplicar esta ley a el análisis de la productividad individual. Como lo menciona Duhigg en Smarter Faster Better: The Secrets of Being Productive in Life (2016), no es lo mismo estar ocupado que ser productivo. Por ello, durante las 24 horas de un día, cada individuo puede realizar distintas tareas, no obstante, cabe preguntarse, de dicha cantidad de horas ocupadas, ¿cuántas son del todo productivas? Esto es precisamente lo que intenta explicar el Principio de Pareto. En otras palabras, en promedio se utiliza el 20% del total del tiempo disponible para producir (realizar labores de manera productiva), mientras que “cerca del 80% de lo que ocupa su tiempo y le hace sentirse importante no representa ningún aporte a la verdadera consecución de sus metas” (Ferris, 2007).

Partiendo de lo anterior, los individuos deben tomar decisiones sobre cómo realizar sus actividades diarias dado el tiempo restringido que poseen, es decir, optimizar ese 20% de productividad. Respecto a este tema, se ha desarrollado toda una literatura que gira en torno a cómo desarrollar mecanismos o estrategias para que las personas puedan emplear de forma más eficiente su tiempo, principalmente creando hábitos que priorizan las acciones de cada uno según sus preferencias. Por ello, es evidente la importancia que tiene, no sólo en el ámbito individual, sino para mejorar los rendimientos de la productividad de los países.  

Con el propósito de ilustrar la forma cómo se refleja la productividad individual en la vida cotidiana, se decidió hacer una encuesta a los estudiantes de la Universidad de los Andes, tal que permitiera asociar las horas semanales dedicadas a una serie de actividades diarias (variables independientes) con el grado de productividad que creen tener (variable dependiente). A partir de las respuestas, se determinó la correlación existente entre las variables, como se ilustra en la tabla 1.

 

Tabla 1. Correlación entre horas dedicadas a actividades diarias y productividad percibida (evaluada de 0 a 10).

Variables con * significativas al 10%.

De acuerdo con los resultados, se observa que las únicas variables con correlación significativa son la asistencia a clase (correlación negativa), estudiar fuera de clase (correlación negativa), dormir (correlación positiva) y las horas de estudio en general (correlación negativa). Las demás variables muestran una correlación estadísticamente no significativa con la productividad percibida. En un principio, los anteriores resultados reflejan la relación positiva entre las horas de sueño y la productividad, y la relación negativa que podría haber entre mayor cantidad de horas de estudio y la productividad. No obstante, la conclusión principal que queda del estudio es el hecho de que estar ocupado no es indicador de mayor productividad. De hecho, el 95.4% de los encuestados considera que es diferente ser productivo a estar ocupado.

Adicional a lo anterior, se le preguntó a los encuestados cuál/cuáles de las actividades mencionadas consideraban que contribuían a su productividad. La gráfica 2 muestra que el 87.7% de los encuestados respondió que estudiar fuera de clase contribuía a su productividad, 81.5% consideró que también contribuía el hecho de asistir a clase, 66.2% consideró que lo era dormir y 61.5% consideró que lo era el gimnasio. Sin embargo, al evaluar los resultados mostrados anteriormente, resulta que estudiar dentro o fuera de clase no está positivamente relacionado con la productividad individual. Peor aún, resultó que la correlación entre las horas dedicadas al estudio y la productividad es estadísticamente negativa, de manera que solo coincidieron los encuestados a la hora de afirmar que dormir contribuía a su productividad. Lo anterior es una simple muestra del hecho de que los individuos realizan en su día a día una serie de actividades que creen -racionalmente- contribuyen a su productividad, cuando la realidad es que no es así y mantenerse ocupado en varias actividades no necesariamente hace a una persona más productiva.

 

Gráfica 2. Actividades que los encuestados piensan contribuyen a su productividad.

En conclusión, esta investigación es apenas una muestra de cuán complejo es definir la productividad, tanto en términos macroeconómicos como microeconómicos. Existe una amplia literatura que trata de aportar explicaciones a los dos ámbitos, sin ser del todo clara y sujeta a diversas interpretaciones. Ante la incapacidad de explicar las decisiones individuales a partir de elecciones racionales, la rama de la Economía del Comportamiento surge para comprender las incongruencias de las elecciones no racionales. La forma en la cual los estudiantes distribuyen su tiempo, de tal manera que deciden ocuparse o ser productivos, según el modelo planteado, es precisamente un ejemplo de decisiones que no son del todo racionales. Relacionando esto con la productividad colombiana, si bien las personas empiezan a ser conscientes de que estar ocupado no implica ser productivo, aún el país es uno donde más horas se trabaja al año y, al mismo tiempo, cada año la productividad de la economía disminuye con respecto al año anterior. Con esto en mente, es posible observar lo importante que resulta el estudio de la productividad y lo mucho que queda por investigar al respecto.

 

Referencias

Duhigg, C. (2012). The Power of Habit: Why We Do What We Do in Life and Business. Random House.

OECD. Defining and measuring productivity. Obtenido de: https://www.oecd.org/std/productivity-stats/40526851.pdf

Ferris, T. (2008). La semana laboral de 4 horas: olvídate de fichar, vive donde quieras y únete al club de los ricos. Nueva Empresa

Samson, A. (2014) The Behavioural Economics Guide. Obtenido de: https://www.behavioraleconomics.com/the-behavioral-economics-guide/

The Economist (2013) Get a life. Obtenido de: http://www.economist.com/blogs/freeexchange/2013/09/working-hours