IMPUESTOS Y DESIGUALDAD DE GÉNERO EN COLOMBIA

Lina María Arias Paredes

Economista

Estudiante de la Maestría en Economía (PEG)

Universidad de los Andes

lm.arias405@uniandes.edu.co

 

Felipe Mansilla Merlano

Estudiante de Economía y Administración de Empresas

Universidad de los Andes

f.mansilla10@uniandes.edu.co

 

Luis Felipe Rincón Puche

Estudiante de Derecho

Universidad de los Andes

lf.rincon10@uniandes.edu.co

 

Son las 7:00 de la mañana, del día 22 de marzo de 2017, en este momento Laura, una mujer colombiana promedio, se levanta para iniciar su día. Laura, como todos los días, antes de empezar a realizar sus actividades debe tomarse su pastilla anticonceptiva muy puntual a las 8:00 am. Estas, en promedio, tienen un costo de $55,000 y, aunque no están gravadas en la nueva reforma tributaria, solo unos pocos tipos de anticonceptivos están incluidos en el POS[1]. Ella se pregunta por qué debe pagar esto, también se pregunta cómo es que ella debe sobrellevar este costo de ser mujer. ¿Debe una persona pagar más en su día a día sólo por ser mujer? Aún más importante sería entender dónde se originan estos costos “extra”.  

La nueva reforma tributaria[2] realizó cambios importantes en el impuesto del consumo, IVA[3], de los hogares colombianos. El IVA de la mayoría de los productos pasó de ser el 16% al 19%, lo cual puede llegar a tener un efecto directo sobre las decisiones de consumo y trabajo de las mujeres colombianas[4]. Lo anterior debido a que aún existente desigualdad de género en la sociedad, lo que lleva a que la política económica, como la fiscal, tenga un efecto diferenciador entre los hombres y mujeres (Moreno y Plazas, 2015).

Laura, como todos los días, procede a bañarse y utiliza jabones corporales e íntimos, estos cuestan en promedio $15,000. Debe utilizar una rasuradora rosada, “For Woman”, por la cual paga $11,050 pesos, $700 pesos más que la equivalente en azul oscuro. ¿La razón de la diferencia en precios? Su color, quizá. ¿Su alternativa? Usar una crema depilatoria que se vende en promedio a $15,000. ¿Permanecer con pelos en las piernas, axilas, cara y casi cualquier otra parte del cuerpo que no sea su cabeza (en donde debe invertir otra suma de dinero)? Inimaginable, sería una humillación para ella. Aunque estos productos son de uso diario para mujeres como Laura, en Colombia aún son denominados como “artículos de lujo” y, por esto, en la actualidad tienen un IVA del 19%. El IVA y la variación de los precios en artículos, como la rasuradora etiquetada “For Woman”, hace que las mujeres paguen más por su cuidado personal que los hombres.

Los productos de protección femenina, como las toallas higiénicas, son bienes que sólo tienen un mercado objetivo, es decir, un único grupo al que se le pretende vender el bien, en este caso las mujeres. Por iniciativas como la del Grupo Género y Justicia Económica, el impuesto del IVA para estos productos pasó de ser el 16%, el año pasado, al 5% (DIAN, 2017). Esto muestra que los productos femeninos, como las toallas higiénicas o tampones, aún no son considerados productos esenciales[5]. Entonces, ¿por qué estos productos que son utilizados mensualmente por las mujeres no son considerados productos básicos de la canasta familiar? ¿Qué define que un bien sea esencial? ¿Se puede decir que la menstruación es algo tan raro que los productos relacionados con esta son entonces considerados bienes de lujo? Un aumento en los precios de estos bienes afecta a un grupo en particular, a las mujeres de bajos recursos. Es aquí donde autores como Ochy Curiel (2011) culpan a el Estado heteronormativo patriarcal que, consciente o inconscientemente, emite leyes que oprimen a la población que no llena estas características.

La existencia de un mundo patriarcal se ve reflejado en la participación laboral de la mano de obra femenina que trabaja tanto en el hogar como en el ámbito laboral y, además, debe pagar más para su cuidado diario. Las mujeres en Colombia tienen una menor participación en el mercado laboral. Según el DANE la tasa de participación laboral femenina en enero de 2017[6] fue de 47.6%, mientras que la tasa de ocupación masculina fue de 70% para esta misma fecha. Por su parte, los trabajos que tuvieron mayor participación femenina están relacionados con el servicio (comercio, turismo, restaurantes tienen una participación del 35.5% y servicios comunales, sociales y personales cuentan con una participación del 30.6%). Esto muestra que, además de existir un obstáculo para la participación de las mujeres en el mercado laboral, existe un sesgo de género en la especialización de las mujeres hacia trabajos de servicio (Moreno y Plazas, 2015). Además, es importante resaltar las brechas salariales de género que aún existen en el mundo laboral. Por ejemplo, en el mercado laboral de países pertenecientes a la Unión Europea las mujeres, a pesar de contar con preparación y experiencia, terminan obteniendo una menor remuneración en comparación con los hombres (European Commission, 2014). Esta desigualdad en el mercado laboral y en políticas fiscales, como recaudos tributarios, puede llevar a que las desigualdades de género se profundicen, tal que se afecte en una mayor medida a las mujeres (Salamanca et. al., 2015).

Ahora bien, ¿qué ocurre en el armario? Una investigación, realizada por el New York City Department of Consumer Affairs, confirmó que las mujeres pagan en promedio 8% más por prendas de las mismas marcas en comparación con su contraparte masculina. Aun peor, estas prendas “feminizadas” contienen menos producto en sí, ya que usualmente las vestimentas son recortadas y estilizadas. Ocurrió que este fenómeno se tornó tan común que ya existe una expresión en inglés para esto: “Shrink it and pink it”[7] (Taylor, 2016). Esta misma institución neoyorquina comparó más precios para distintos productos y descubrió que esta diferencia ficticia surgía desde la infancia. Las niñas deben pagar, según este reportaje, 4% más que los niños para la ropa y 7% más en juguetes diseñados especialmente para las “mamás” del futuro. Esta tendencia de precios altos en los productos “rosas” no solo ocurre en Nueva York. En Colombia, por ejemplo, para 2015 el precio de los productos dirigidos a mujeres era entre 5% y 20% más alto que el precio de los productos dirigidos a los hombres o al público mixto (Moreno y Plazas, 2015). Esto, lleva a preguntarse ¿Existe el impuesto rosa en Colombia?

El impuesto rosa es el valor adicional que le incluyen a los productos dirigidos a mujeres. Ya que está clara la existencia de este impuesto en países como Estados Unidos, se procederá a continuación a determinar si tal elemento existe en Colombia.

De primera mano, es seguro afirmar que el llamado impuesto rosa no ha sido un tema amplio de debate en el contexto colombiano, esto porque se niega o se desconoce su existencia en nuestro país (Medina, 2016). Aun así, si es evidenciable un costo, en cierta medida elevado, de productos esenciales para la mujer. Por ello, es conveniente pensar los productos de mujeres en dos categorías, a saber: Aquellos que están disponibles también para los hombres y aquellos que no. Sobre los artículos que solo son para mujeres, no se ve un aspecto diferenciador que dé pie a pensar que tienen un cobro adicional por el hecho de ser productos femeninos (Media, 2016). Sin embargo, productos como tampones o toallas higiénicas sí tienen un valor, muchas veces elevado, con la particularidad que es solo para mujeres.

Hasta ahí parece no haber problema, el costo adicional se da porque los productos de mujeres usan insumos distintos, los cuales son más caros y requieren de mayor trabajo para formar un producto específico. El llamado impuesto rosa se ve en los productos que están disponibles tanto para hombre como para mujer. Por ejemplo, es un hecho que desodorantes de mujeres son más caros que aquellos que se ofrecen para hombres de una marca exactamente igual. Puede darse lo mismo con cuchillas de afeitar o productos similares, los cuales son de uso diario por parte de las mujeres (Caracol radio, 2016). Si son productos iguales, y solo cambia el color, entonces, ¿por qué son más caros?

La razón parece radicar en que en Colombia sí existe el impuesto rosa y ese gasto adicional afecta los gastos que día a día debe hacer una mujer. Debe apartar dinero adicional de su salario, que normalmente es más bajo, para adquirir los productos que necesita en su día a día. Tal vez el gasto de los hombres día a día sea distinto porque gasta menos en productos que necesita para su cuidado personal y esa situación solo puede ser revertida con la desaparición del impuesto rosa, que hasta ahora se comienza a notar Colombia.

[1] Resolucion 5926 de 2014.

[2] Ley 1819 de 2016.

[3] Impuesto de Valor Agregado.

[4] El impacto que tiene la política fiscal sobre las situaciones de las mujeres siempre van a tener un efecto. Estas políticas pueden empeorar, mejorar o mantener estable las situaciones de las mujeres (Salamanca et. al., 2015, p. 12).

[5] Los productos esenciales de la canasta familiar como los alimentos y el transporte público son están gravados con el impuesto del IVA.

[6] Las tasas hacen referencia al trimestre móvil entre noviembre de 2016 y enero de 2017 (Dane, 2017).

[7] “Encógelo y vuélvelo femenino” (traducción propia).

 

Referencias

Akerlof, G. A., & Shiller, R. J. (2010). Animal spirits: How human psychology drives the economy, and why it matters for global capitalism. Princeton University Press.

Curiel, Ochy. (2011). “El régimen heterosexual y la nación. Aportes del lesbianismo feminista a la Antropología”. En: Feminismos y Poscolonialidad. Descolonizando el feminismo desde y en América Latina,pp. 49-93.Buenos Aires: Colección Crítica.

Dane (2017). Comunicado de prensa. 10 de marzo de 2017. Recuperado en http://www.dane.gov.co/files/investigaciones/boletines/ech/ech/comunicados_de_prensa/Cp_GEIH_nov16_ene17.pdf, el día 19 de marzo de 2017.

DIAN (2017). Abecé, Reforma tributaria 2016. Recuperado en http://www.dian.gov.co/descargas/centrales/2017/Abece_Reforma_Tributaria_2016.pdf, el día 13 de marzo de 2017.

Moreno, N. y Plazas, C. (2015). Política fiscal y género: Que no se descargue la crisis sobre las mujeres. Recuperado en http://www.justiciafiscal.org/wp-content/uploads/2015/11/Politica-fiscal-y-genero_Diagramado_Clara-Viviana-y-Natalia-Moreno.pdf, el día 14 de marzo de 2017.

Pazos, M. (2006). Impuestos y prestaciones: ¿Cómo tener en cuenta a las mujeres?. Estudios sobre género y economía.

Johnson, S. (2016). The pink tax:why womens products often cost more. Recuperado en http://money.usnews.com/money/personal-finance/articles/2016-02-17/the-pink-tax-why-womens-products-often-cost-more, el día 20 de marzo de 2017.

European Commission (2014). Gender pay gap. Recuperado en http://ec.europa.eu/justice/gender-equality/gender-pay-gap/index_en.html, el día 21 de marzo de 2017.

Subgerencia Cultural del Banco de la República. (2015). Canasta familiar.  Recuperado en http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/ayudadetareas/economia/canasta_familiar el día 21 de marzo de 2017.

Caracol Radio (2016). Tasa rosa, el impuesto a ser mujer. Recuperado en http://caracol.com.co/radio/2016/07/22/nacional/1469209755_009764.html, el día 21 de marzo de 2017.

Medina, María Alejandra. (2016). ¿Existe en Colombia el ïmpuesto rosa”? . Recuperado en http://www.elespectador.com/noticias/economia/existe-colombia-el-impuesto-rosa-articulo-617821, el día 21 de marzo de 2017.