Déjà vu: el trágico regreso de Colombia al paradigma monoexportador

Por: Santiago Espitia Pinzón
Estudiante de Economía
Universidad de los Andes
s.espitia336@uniandes.edu.co
Twitter: @SanEsPinzon

Hace 67 años, un par de años después de la finalización de la Segunda Guerra Mundial (IIGM) y la creación de la ONU, se dio el paso de promover la formación de comisiones económicas regionales, adscritas a esta gran entidad internacional. Entre estas, se creó la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), con el objetivo de promover el desarrollo económico en los países de la región. Luego, desde el inicio de la década de 1950, esta entidadbuscó implantar una estrategiade desarrollo económico que hoy conocemos como la Industrialización por Sustitución de Importaciones. La propuesta básica de este modelo era fundamentar el desarrollo industrial en los países a través de sus respectivas demandas internas, contrario al paradigma dominante hasta aquel momento en el cual se dependía fuertemente de los ciclos internacionales.

En un principio, las recomendaciones de la CEPAL tuvieron una influencia moderada dentro de la clase dirigente en Colombia. En aquella época, el país funcionaba bajo un paradigma económico monoexportador. El café era el principal producto nacional y llegó a representar más del 70% de las exportaciones totales. Este modelo de desarrollo fundamentado en las exportaciones de café había acompañado al país desde finales del Siglo XIX y aún no perdía vigencia. Además, en la década posterior a la finalización de la IIGM la coyuntura internacional fue muy favorable en este aspecto. Los precios internacionales del café tomaron una senda casi ininterrumpidamente ascendente hasta alcanzar precios históricos -para la época- entre 1953 y 1954. Fue una década de bonanza cafetera, que permitió unexcelente crecimiento económico y la relajación de la política macroeconómica en el frente cambiario, debido a la amplia entrada de divisas por la vía del café.

Sin embargo, a partir de finales de 1954, el precio internacional del café sufrió una fuerte descolgada, manteniendo una tendencia decreciente hasta finales de la década de los 50. Este hecho tuvo terribles consecuencias para la economía nacional, al punto de que el periodo 1955-1966 es llamado como el periodo del estrangulamiento externo por el economista José Antonio Ocampo. El crecimiento económico y la disponibilidad de divisas se vieron tremendamente mermados desde aquella época, se tuvo que reestructurar la política macroeconómica en los frentes fiscal, cambiario y monetario. En particular, el tipo de cambio -nominalmente fijo en esa época- pasó de 2.5 pesos por dólar en 1955 a 19 pesos por dólar en 1964. Es decir, el gobierno se vio obligado a decretar devaluaciones de la moneda nacional, ante la imposibilidad de mantener la paridad previamente establecida.

Además, en medio de la reestructuración de política macroeconómica, el país empezó a adoptar con mayor firmeza las recomendaciones de la CEPAL. La clase dirigente nacional se convenció de las implicaciones negativas de la dependencia de los ciclos internacionales y la urgencia de promover la industrialización nacional. El paradigma de desarrollo económico estaba cambiando y parecía no tener un retorno al modelo monoexportador. El país era más consciente que nunca de los efectos adversos de depender de un solo producto de exportación.

Sin embargo, en los años recientes, 50 años después de aquel episodio, el Boom Minero-Energético que vivió el país parece haber implicado el regreso temporal de aquel paradigma. Desde mediados de la primera década del siglo XXI, el precio internacional del petróleo tuvo una escalada impresionante, hasta superar los 120 dólares por barril en algunos meses del 2013. Esto generó un incentivo al gobierno colombiano para aprovechar la coyuntura internacional favorable. La locomotora minero-energética se encendió en el país como nunca antes, tal que para 2014 este sector representó cerca del 60% de las exportaciones totales. Durante esta década, la estrategia de desarrollo se fundamentó básicamente en este sector de la economía, con todos los riesgos que esto conllevaba.

Ahora bien, desde el tercer trimestre del 2014 el precio del internacional petróleo empezó a caer. Con él, y debido al paradigma monoexportador, la entrada de divisas al país y el desempeño económico nacional se vieron profundamente afectados. La tasa de cambio ha enfrentado una devaluación de más del 60% a lo largo del último año, los pronósticos optimistas apuntan a un crecimiento económico del 3% y una inflación del 5.1%. Además, la caída en la renta petrolera también ha significado una reducción de los ingresos fiscales que ha puesto en aprietos el balance fiscal del país y la culminación de los proyectos 4G. Las expectativas económicas para el país en los próximos años son complicadas y no se ve ninguna posibilidad de que esto cambie en el corto plazo. Así pues, se hace evidente que el regreso del paradigma monoexportador al país trajo consigo lo peor de sus problemas.

En este contexto, la pregunta sería ¿Por qué la clase dirigente del país permitió que esto volviera a suceder? ¿No fue suficiente lo que se vivió en los años cincuenta para saber que no se debía regresar ahí? ¿Le hace falta una clase de Historia Económica de Colombia a la clase dirigente nacional? La respuesta a estas preguntas queda a consideración del lector.