BUSINESSES ARE BUSINESSES

María Isabel Flórez Arteaga

Economista

Estudiante de la Especialización en Evaluación Social de Proyectos

Universidad de los Andes

mi.florez21@uniandes.edu.co

“Las personas tienen valor, las cosas tienen precio”.  He escuchado esta frase en algunas ocasiones y, con sorpresa y decepción, he comprobado que a veces las cosas tienen valor y las personas precio.

Meditas y te preguntas: ¿es el país y su atraso cultural?, ¿es el aumento del costo de vida y los pocos ingresos?, ¿es ambición?, ¿es querer tener lo que ni siquiera has soñado? o ¿simplemente lo valioso cambió su esencia y la superficialidad le ha ganado la batalla a la razón y la dignidad humana?

Las personas llegan a extremos y, en el peor de los casos, se dejan enredar en businesses are businesses; entiéndanse estos como esos negocios, contratos, ofertas laborales, propuestas, etc., sin bases, fundamentos ni esencia de las que han sido y serán verdaderas iniciativas de emprendimiento y éxito, como muchas empresas de gran reconocimiento y trayectoria, que han creado imperios con los que muchos soñamos y que siguen creciendo.

¡Amigos! Salir adelante en este país es duro. Es esfuerzo y, la mayoría de las veces, un sacrificio que pocos están dispuestos a vivir. Lo digo desde mi propia experiencia y me considero afortunada. He insistido y perseverado, y estoy aún lejos de lo que quiero alcanzar y lograr. Sin embargo, a pesar de aún no estar donde sé que llegaré, tengo mis reservas respecto a esos nuevos negocios. Dirán de mí: “es cerrada y sus paradigmas no han sido derribados”. Podría ser, porque en casi todos los aspectos de mi vida prefiero lo malo por conocido que bueno por conocer.

Esto es porque seguridad mató a confianza y es válido para mí y todos los que comparten mis tradicionales pensamientos, por supuesto respetando aquellas mentes abiertas, brillantes e innovadoras que en algunas ocasiones me hacen perder mi capacidad de asombro. Aun así, yo prefiero lo esencial, que se conquista poco a poco y se alcanza día a día, con esfuerzo, dedicación y disciplina (“lo que fácil llega, fácil se va”, diría mi abue).

De lo anterior, un recuerdo viene a mi mente: una de mis últimas clases de posgrado. Era tarde y todos estábamos cansados en el aula. Queríamos, de verdad, que la clase terminara y, ya finalizando, un valioso profesor, que se ganó mi admiración por sus palabras de esa última sesión más que por todo su conocimiento impartido y compartido, refirió:

“Muchachos, les deseo éxitos, pero más que eso, les deseo integridad y paz en el desarrollo de sus roles laborales y personales. Es increíble para mí hoy estar aquí frente a ustedes en una de las mejores universidades de Colombia y de Latinoamérica, y al mismo tiempo ver a un hombre brillante con un futuro prodigioso que les daba clase a sus profesores, del cual mis compañeros y yo asegurábamos que sería presidente de Colombia y hoy está prófugo, exiliado de este país… Él es Andrés Felipe Arias. Por favor, jamás vendan su dignidad, su paz y su libertad. Nada vale tanto como eso. Cualquiera que sea la oferta y el precio, no se vendan. No vendan su vida, y espero, nuevamente les digo, jamás escuchar que alguno de ustedes olvidó el valor de su vida y el precio de las cosas”.

Con esto quiero, compañero, colega, conocido, familia, hermano y país, decirles que no acepten businesses are businesses. No importa tu situación, ambición, sueño o deseo. No lo hagas. Cada problema tiene una solución, cada día una nueva oportunidad y, sin ser religiosa, el universo, Dios y la vida encuentran su rumbo. Siempre tendrás la opción de decidir y escoger. Escoge las cosas por su precio, y en tu vida y tu camino la puerta angosta: dale el máximo valor a tu vida, porque ancha es la puerta del mal y lejos de la verdadera felicidad siempre estará.