¿RECIBIMOS LO QUE PAGAMOS? EL CASO DE LOS CONGRESISTAS COLOMBIANOS

Por: Juan Manuel Monroy

Estudiante de la Maestría en Ciencias Económicas,

Universidad Nacional de Colombia

@jmmonroyb

 

Los salarios pueden ser un incentivo que genera en los trabajadores mayor productividad, ¿y a los congresistas?

 

Cuando alguien dice lo que, con seguridad, puede sonar atractivo para la mayoría de la población, entonces se le tilda de populista. Este apelativo ha recibido la senadora Claudia López por parte de varios de sus colegas (entre ellos Armando Benedetti) por radicar y defender uno de los dos proyectos de ley que intentan modificar a la baja el salario de los congresistas. Pero, ¿qué tan elevado es el salario de los parlamentarios?, ¿por qué son los que más ganan en el país?

El argumento principal de los congresistas para mantener e incluso incrementar su salario, el cual equivale a 25 smmlv, ha sido que los costos de ser congresista son muy altos. Otro tipo de argumentos, que van en el mismo sentido, se han construido con suficiente rigurosidad. Se sustenta que un salario alto atrae personas más educadas y, por ende, mejor calificadas, que por cuestiones de remuneración tienden a preferir el sector privado; así se recompensa el pago de ser reelegido e incluso mejora la moral de los políticos.

Fuente: Banco Mundial y QOG Institute (elaboración propia) 

En este sentido, Gagliarducci & Nannicini -para Italia- y Ferraz & Finan -para Brasil-  encuentran que un alza en los salarios genera un efecto significativo que atrae personas más calificadas al servicio público que incluso mejora la eficiencia administrativa (para Italia, un incremento del 33% en el salario de los políticos, aumenta el nivel educativo de los alcaldes en 0,9 y 1,2 años en promedio). Complementando lo anterior, Keane & Merlo han hallado que en Estados Unidos una disminución en el salario induce a que los más habilidosos para ganar elecciones dejen el congreso, hecho que no sucede con aquellos que se desempeñan mejor como legisladores, pues -en promedio- optan por quedarse en el cargo. También, en otro estudio, estos mismos autores afirman que la experiencia como congresistas está asociada a salarios más altos en el sector privado cuando estos dejan el congreso.

En general, guardando las proporciones, ser congresista parece ser una actividad muy bien paga en el mundo. Según The Economist, los salarios de los parlamentarios superan con creces el ingreso promedio de la economía para la mayoría de países en el mundo, tan solo en Kenia estos ganan 166 veces el PIB per cápita de su país. No obstante, son los países más ricos los que presentan, en promedio, una percepción relativamente positiva de sus parlamentario (gráfica 1).

Fuente: Banco Mundial y QOG Institute (elaboración propia) 

Sin embargo, ¿qué tan eficientes son los parlamentarios? Bien es cierto que el grado de eficacia no siempre se manifiesta en el nivel de confianza o aprobación ciudadana. En este sentido, en Colombia el panorama no parece ser alentador: no solo por la animadversión construida en contra de los congresistas, a quienes solemos ver durmiendo o engordando con el pasar del tiempo en el Capitolio Nacional, sino que la agenda legislativa tampoco responde a las expectativas de los electores, e incluso los niveles de ausentismo suelen ser altos. ¿Cómo es posible que los parlamentarios mejor pagos generen desconfianza? ¿A qué está ligada esta desconfianza? 

La gráfica 2 nos enseña que en Colombia se remunera 8 veces el PIB per cápita por la labor de legislar. Esta medición es comparable. El gráfico sugiere que, para la muestra de países, a mayor pago, hay menos confianza en el parlamento. La intuición indica que un salario elevado no necesariamente está asociado a mejoras en la eficiencia, tales como asistencia oportuna a las sesiones o actividades propias de representación.  Para no ir muy lejos, en Argentina pagan a los parlamentarios relativamente la mitad de lo que se les paga en Colombia y, además, generan más confianza. ¿Harán mejor su trabajo?

Ahora bien, el punto más importante está en entender cómo está diseñado ese sistema de incentivos, hacia quiénes se dirige y quiénes lo diseñan, pues podríamos estar al frente de una especie de ‘efecto polizón’. Esto último se refiere a la existencia de incentivos para que unos cuantos disfruten bienes públicos sin pagar por su costo. Como quien dice, ‘los zánganos’. Estos existen y se aprovechan de los recursos públicos sin aportar mucho a cambio de ellos. Parece que varios de estos polizones habitan el congreso colombiano.

Pese a que los congresistas colombianos reciben un sueldo alto, no parecen obedecer al incentivo de aumentar su productividad, lo que indica que estaríamos frente a determinados incentivos perversos que generan perdida de eficiencia. Pues bien, el Estado tiene no solo el deber sino la capacidad de corregir esta pérdida de eficiencia mediante políticas públicas. Lo que uno no podría esperar es que estas iniciativas vengan de este grupo de polizones que, justamente, capturan la capacidad de decidir y legislar. En concreto, el tema de los salarios es relevante porque, no solo se trata de unos cuantos sueldos banales que podría ahorrarse el Estado Colombiano, sino que consiste en una herramienta que serviría como estímulo para tener mejores congresistas o servidores públicos y que, por supuesto, debería trascender al vistoso tema del salario.  ¿De dónde podría venir el cambio?