El sí: una elección racional

Por: Andrés Octavio Dávila Ospina

Correo: ao.davila10@uniandes.edu.co

Este domingo 2 de octubre los colombianos decidiremos el rumbo que tomará el país tras 52 años de conflicto armado. Personalmente, respeto todo tipo de posiciones frente a lo que ha sido el conflicto y lo que es el plebiscito. Aun así, considero que la única decisión racional, tomando en cuenta argumentos de seguridad y desarrollo, frente a la pregunta establecida por el gobierno nacional para la terminación del conflicto es el sí. Por tanto, el objetivo de este texto es mostrar tres argumentos que enseñan los beneficios de esta opción. Para conseguir esto, se expondrá la evolución reciente de la violencia y el desplazamiento en Colombia y se presentará una discusión en relación a los potenciales beneficios sobre el crecimiento económico. Posteriormente, se realizará una reflexión ética de las implicaciones del plebiscito.

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 Fuente: Registro único de víctimas. Realización propia.

Primeramente, en materia de seguridad, el gráfico presentado enseña la evolución de los asesinatos, desapariciones y secuestros en Colombia desde 1985. Frente a esto, considero importante resaltar dos hechos. En primer lugar, desde el inicio del actual proceso de paz en el 2012, la cantidad de homicidios, secuestros y desapariciones forzadas disminuyeron significativamente. Hoy día, el número de hechos victimizantes confirmados, especialmente los tres expuestos, resultados de la guerra continúa con las FARC son cero (RUV, 2016). En segundo lugar, es importante notar que, a pesar de las numerosas inconsistencias que se pueden discutir acerca del proceso de paz, es el intento con mejores resultados en la historia reciente de Colombia. Como se ve en el gráfico, las conversaciones de paz de Betancur y Barco entre 1984 y 1989, el efímero intento de paz de Gaviria en 1991 y el antecesor del actual proceso, llevado a cabo por Pastrana desde 1998 hasta el 2002, generaron una tendencia alcista en los hechos estudiados. Según estos aspectos, a pesar de que una gran parte de la ciudadanía este acostumbrada a un panorama violento y con reportes frecuentes de sucesos lamentables, es importante reconocer que la disminución de la violencia nos presenta una oportunidad que no podemos rechazar: seguir salvando vidas. 

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Fuente: Registro único de víctimas. Realización propia.

Ahora bien, el desplazamiento es uno de los fenómenos fuertemente relacionados con el estado de guerra del país. Como tal, la constante apropiación de tierras y el desenfrenado riesgo que supone vivir en el escenario de batalla que representó el sector rural en las peores épocas del conflicto, obligó a numerosas familias colombianas a abandonar su propiedad. Asimismo, derivado de un alto déficit de oportunidades, los numerosos desplazados que ha generado el conflicto pasaron a hacer parte de las filas de la pobreza. De hecho, según un estudio de la ONU, en el 2013 el 97,6% de los desplazados se encontraban por debajo de la línea de pobreza. A pesar de esto, la evolución del desplazamiento durante los últimos 16 años es particularmente buena. Como se ve en el gráfico, para el 2016 el número de desplazados enseña una mejoría considerable, mostrando una disminución del 96,55% en contraste al valor alcanzado en el 2002. Por lo tanto, el proceso de paz muestra beneficios importantes en la disminución de uno de los factores con mayor influencia sobre la pobreza del país.

Finalmente, según un estudio del DNP, como resultado del proceso de paz se espera un incremento entre 1.1 y 1.9 puntos adicionales de crecimiento económico (Gaviria, 2015). Mediante una metodología rigurosa, el DNP aproximó las distintas situaciones factibles en materia de crecimiento para Colombia, basándose en datos de países con terminación del conflicto, acuerdo de paz y condiciones similares al proceso de paz de Colombia. Dicho resultado, catalogado como el dividendo económico de la paz, impulsa expectativas positivas hacia la mejora del rendimiento del país en materia de producción, cuestión que representaría un auxilio frente a las presiones que han llevado la proyección de crecimiento del país a la baja. Por tanto, en una coyuntura como la que atraviesa Colombia, con incrementos de la tasa de intervención y recortes presupuestales, el dividendo de la paz aportaría a combatir con la turbulencia que vive el país en materia de estabilidad macroeconómica y política económica.

Sin embargo, el rumbo que pueda tomar el crecimiento del país no es del todo claro. En principio, no existe evidencia empírica en Latinoamérica que apoye la posibilidad de un incremento tan abrupto en la tasa de crecimiento del PIB como resultado de un acuerdo de paz (Hofstetter, 2016).  De igual forma, la percepción de que el estado de paz puede generar un nivel de crecimiento adicional perpetuo, se aleja de la realidad. Específicamente, el dividendo de la paz, puesta la naturaleza de su aporte a la producción, enseñaría rendimientos decrecientes en el largo plazo (Hofstetter, 2016). Por último, la realidad del sector productivo colombiano no presenta el rendimiento que debería alcanzarse para garantizar un aumento como el pronosticado por el gobierno (Hofstetter, 2016). Por esto, el argumento de aporte al ingreso nacional no es del todo claro y podría estar sujeto a factores en contra.

A partir de lo anterior y basándome en una decisión netamente racional, por supuesto imperfecta al encontrarnos en un escenario de información incompleta, se puede concluir que la decisión adecuada este domingo es votar por el sí. Si nuestra motivación se guía hacia propender el bienestar de los colombianos y acercarnos lo más posible a una garantía mínima de calidad de vida, la única elección racional para el plebiscito es una respuesta afirmativa.

Por último, considero pertinente que a la hora de votar practiquemos el proceso de la simpatía propuesto por Adam Smith. Siendo individuos auto interesados que cooperamos y competimos en un sistema de mercado, nuestras decisiones individuales repercuten sobre el bienestar de la sociedad. Por esto, a la hora de responder al plebiscito, no podemos basarnos únicamente en preferencias políticas o aspectos técnicos, como los expuestos. Por el contrario, ponernos en los zapatos de los directamente afectados por el conflicto, tratar de identificar la situación que han experimentado a lo largo de sus vidas y ante esto tomar una posición, juzgar y decidir, es la mejor forma de entender la magnitud de la responsabilidad que tenemos en nuestras manos.

De esta forma, la simpatía, especialmente con las víctimas, puede llevar a cualquiera de las dos respuestas, tanto el si como el no. Aun así, existen aspectos a favor que podrían conllevar a que el sistema de la simpatía converja al sí. Puesto que ningún individuo querría lidiar con una repetición del conflicto y que los afectados más visibles durante la campaña del plebiscito son aquellos que parten por el sí, no por que quienes exclaman el no lo hagan de manera insuficiente sino por la cantidad de afectados que pronuncian una premisa de apoyo al proceso de paz, el rumbo de la simpatía debería dirigirse principalmente al sí.

Consecuentemente, al tomar esta decisión, fundamentada en la consideración de los beneficios próximos y en la comprensión del contexto de los afectados, no solo estaríamos abarcando una ética consecuencialista, de maximizar el bienestar de la sociedad, también lograríamos aproximarnos a una cultura del cuidado, no entre razas ni comunidades, sino entre todos los colombianos. De esta manera, por primera vez lograríamos evitar que cualquier colombiano sufra  los rezagos de una lucha que no pidió. A pesar de que parte de la ciudadanía ha manifestado titubeos acerca de cuál podría ser la mejor decisión, tengo plena confianza en que el resultado del plebiscito será el más conveniente para Colombia. Más aún, la decisión que tomemos es la más importante de lo que ha transcurrido en la vida política del país, por lo que nuestro voto debe ser lo más consiente posible. El imperativo moral nos impulsa a propender por toda la ciudadanía, tengámoslo en cuenta este domingo al depositar nuestra elección en cada urna.

 

La opinión del autor es personal y no representa necesariamente la posición de la Revista Supuestos.

 

REFERENCIAS:

·                The Economist (2015) Colombia: The promise of peace. The Economist. Recuperado de http://www.economist.com/blogs/graphicdetail/2015/11/daily-chart

·                Registro Único de Víctimas [RUV] (2016) Víctimas del conflicto armado: Personas afectadas por año. Bogotá: RNI. Recuperado de http://rni.unidadvictimas.gov.co/RUV

·                Gaviria, S. (2015) Dividendo económico de la paz. Bogotá: DNP. Recuperado de https://colaboracion.dnp.gov.co/CDT/Prensa/Presentaciones/Dividendo%20económico%20de%20la%20paz-%20Presentación%20Simón%20Gaviria.pptx

·                CERAC (2016) ¿Qué ganará Colombia con la paz? Bogotá: PNUD. Recuperado de http://www.co.undp.org/content/dam/colombia/docs/Paz/undp-co-ganapaz-2014.pdf

·                Hofstetter, M. (2016) Efectos de la Paz en el crecimiento del PIB. Facultad de Economía & CEDE. Universidad de los Andes: Bogotá. Recuperado de http://www.uniandes.edu.co/noticias/economia/efectos-de-la-paz-en-el-crecimiento-del-pib

·                Smith, A. (1759) Teoría de los Sentimientos Morales. Madrid: Alianza Editorial.