Dejar el poder. O el arte de un oficio que se antoja imposible Latinoamérica

Por: Rafael Alberto Negrete

ra.negrete30@uniandes.edu.co

“[…] ¿Por qué los hombres le otorgan su consentimiento al poder? En algunos casos, por confianza; en otros, por temor; a veces por esperanza, a veces por desesperación.“ 

Qué difícil es para un gobernante dejar el poder. Tanto ayer como hoy los ejemplos abundan en todo el mundo. Con marcadas diferencias, en contexto y condiciones, podríamos ir de Napoleón a Putin para terminar con un ejemplo doméstico mucho más familiar, el del hoy Senador y Ex presidente, Álvaro Uribe.

Los titulares de prensa, sin embargo, los ocupan en estos momentos dos gobiernos vecinos, los de Venezuela y Argentina. Basta dar un breve repaso a las señales de alerta que se encienden nuevamente después de cerradas las urnas para evidenciar que los mandatarios salientes no tienen ninguna intención de dejar el poder que por años han venido disfrutando, por lo menos no tranquilamente. Poco les importa que la democracia se funde en base a la alternancia pacífica de quienes gobiernan. Que esté regida por un conjunto de normas constitucionales que les recuerda la transitoriedad en el poder. O, que en últimas, sus sociedades les hayan recordado que el poder político no le pertenece por herencia a ningún individuo, partido o familia.  

En Venezuela mucho antes de estas ultimas elecciones, y a pesar de la beligerancia en el discurso, el poder de Nicolás Maduro viene en un franco deterioro. La cúpula castrense, consciente de los posibles escenarios futuros,  se ha venido alejando de la ortodoxia chavista al punto de hacer público justo antes de los comicios, y después de años de incondicional apoyo, que respetarían los resultados de las elecciones de la asamblea nacional. Este comportamiento neutral de la fuerza pública permitió que la jornada electoral no se viera empañada por hechos violentos considerables y que el triunfo de la oposición en las urnas, que les permitió ganar las 2/3 partes de los escaños en juego, al final se surtiera sin sobresaltos.

A pesar de lo anterior,  de la clara demostración del descontento popular con el régimen venezolano en las urnas, de la falta de ascendencia sobre los militares y del descontento que comienza enfrentar bajos sus propias filas, con sus propios copartidarios, avivado por el resultado electoral, el gobierno de Maduro, y de su segundo al mando Diosdado Cabello, se resiste a reconocer la posibilidad de un relevo en el poder. Una actitud que no hace sino acrecentar los niveles de preocupación sobre los posibles futuros escenarios de Venezuela.  

Las acciones de parte del régimen ante el negativo resultado electoralque demostrarían su poca disposición al cambio han sido, por decir lo menos, inquietantes. Luego de una desesperada reacción de Cabello contra el Ministro de Defensa Vladimiro Padrino López, en la que se insinuaba su retiro, el presidente Maduro pidió la renuncia del gabinete ministerial en pleno y en un acto reciente, invitó a lasfuerzas armadas a alistarse para una guerra no convencional, al tiempo que prometía mejoras laborales y sociales para los miembros de la institución castrense y hacía un llamado a los militares que se desempeñan en la administración pública para que volvieran a los cuarteles. Todo esto seguramente con miras a ganar la lealtad del actor que podría definir si la transición que se vienen dando es o no es pacífica.

Las acciones efectuadas por el gobierno sin embargo no terminaron ahí. Más allá de agudizar el discurso incendiario el gobierno emitió una serie de medidas para controlar la televisión de la asamblea nacional, nombró como defensora del pueblo a la jueza que condenó al líder opositor Leopoldo López, en una muestra de poder que se antoja provocativa, y prometió no sancionar la Ley de amnistía de los presos políticos, la demanda más clara y urgente de la oposición, así como prometió nombrara 12 magistrados del Tribunal Supremo antes de que se constituya la nueva cámara para poder bloquear sus resoluciones.

A diferencia del gobierno ha hecho bien la oposición en apostarle a la institucionalidad y en no entrar en un juego de confrontación directa que exacerbe los ánimos de la ciudadanía luego de sus resultados positivos en los comicios electorales, en últimas Maduro sigue siendo el presidente. De esta forma, y a pesar de expresar su preocupación por lo que ocurre, el líder opositor, y hoy gobernador del estado de Miranda, Henrique Capriles, ha pedido al Presidente Maduro llamar a un gran diálogo nacional para atender la grave crisis económica venezolana.

Ante la caída de los precios del petróleo, según cifras del propio Maduro, Venezuela ha perdido el 68% de los ingresos por divisas a lo largo de este año, las reservas internacionales se encuentran, según el gobernador del estado Miranda, en el nivel más bajo de los últimos 12 años y el país cerrará con una inflación del 100% y una contracción de la economía del 4%, amen de los problemas de escasez y desindustrialización que vienen presentando de vieja data. El camino de la transición ante  la pugnacidad y el apego al poder del gobierno se vislumbra difícil y peligroso. 

Menos dramática es la situación argentina pero no por ello menos peligrosa. Los problemas argentinos no tienen los ribetes de guerra civil que narra Maduro en sus discursos pero si esconden, al igual que en Venezuela, gruesas dificultades económicas. En ese país también hay grandes expectativas porque el triunfo en las urnas del opositor Mauricio Macri genere un cambio pronunciado en la política económica que ayude a superar la poco favorable coyuntura internacional que enfrenta el país gaucho.  Crisis en China, uno de sus principales compradores, y en Brasil, su principal socio comercial; caída en los precios de las materias primas; perspectivas de devaluación ante un dólar que se vuelve fuerte y escasez de divisas en el banco central son sus problemas más apremiantes.              

El hoy presidente, Mauricio Macri, que ganó las elecciones por menos de 700.000 votos contra el oficialista Daniel Scioli se encuentra no solo con un panorama difícil en lo económico sino también en lo político pues no cuenta con mayorías en ninguna de las dos cámaras donde la oposición ocupa un lugar importante.  Consciente de lo anterior, y al igual que el opositor Capriles en Venezuela, hizo un llamado a la unidad nacional invitando a Scioli y Sergio Massa, su otro contrincante peronista en la carrera por la presidencia, a una reunión en la casa rosada para buscar acuerdos y puntos de consenso. Pero, y otra vez al igual que en Venezuela, los momentos previos y posteriores a las elecciones se han venido decantando por acciones simbólicas y de buenas intencionesde quienes llegan al poder y por acciones no tan simbólicas y si un poco más beligerantes de quienes están saliendo de él.

Como parte de las acciones simbólicas, y en busca de recuperar estadísticas fiables para el país, Macri designó como directora técnica del INDEC, el centro de estadísticas más importante de Argentina, a Graciela Bevacqua quién fuera directora técnica de dicho instituto en el año 2007 cuando los Kirchner lo intervinieron para tratar de modificar las estadísticas en su favor y cuando desde entonces comenzó a perder credibilidad. Entretanto, y justo en plena campaña antes de elecciones, el anterior presidente del Banco Central, el kirchnerista  Alejandro Vanoli, vendía dólares del banco central a un precio muy por debajo del que pudo haber vendido una vez se hubiera dado el supuesto de devaluación que iba a ocurrir, en mayor o menor medida, ganara quien ganara las elecciones. Este hecho, no tan simbólico, dejó en una situación aún mayor de vulnerabilidad a un banco central y a un gobierno recién posesionado que necesitan emitir señales de estabilidad a los mercados internacionales y que buscan liberalizar el control de cambios sin las reservas suficientes para hacerlo de manera controlada.

La ex presidente Kirchner tendrá que pelear ahora su liderazgo en la oposición con el candidato derrotado de su partido Daniel Scioli, quién cada día parece alejarse más de ella. En todo caso hay una calma tensa en el país que ve como se devalúa su peso y crece la inflación en forma acelerada ante la llegada del nuevo gobierno.  Los kirchneristas, al parecer, por las ultimas declaraciones y acciones, apuestan su liderazgo y su posible regreso al poder a un descalabro de quien hoy asume el control del gobierno por fuera del peronismo. Los nuevos inquilinos de la casa rosada apuestan a una transición en calma apoyados en consensos generales y en la liberalización y el sinceramiento de las cifras en un delgado equilibrio que no se ve fácil de sostener.

Dejar el poder en Venezuela y Argentina en estas últimas elecciones no ha sido fácil. Sea por falta de visión, prejuicios ideológicos o el mero deseo de sus élites de conservar el poder, y excluir de su disfrute a los demás, Nicolás Maduro y Cristina Kirchner han demostrado, en mayor o menor medida, su incapacidad para asimilar el pluralismo político y para llevar a cabo alternancias pacíficas al interior de sus democracias.

Si el poder se define como la capacidad que tiene alguien de hacer que otro le obedezca según Carl Schmitt, en el texto citado anteriormente , estos dos gobernantes vienen perdiendo la partida. Esperemos que en sus ansias por recuperar el tan anhelado poder no le hagan más daño a la democracia.

 

 

[1] Schmitt, Carl. “Diálogo sobre el poder y el acceso al poderoso”. Primera Edición. Fondo de Cultura Económica.  Buenos Aires. 2010. Pp. 21.