Breve antropología para el no antropólogo

Por: Juliana Saldarriaga

Traigo a este ámbito usualmente económico el extraño mundo de la Antropología.  

Es costumbre preguntarles a los jóvenes qué están estudiando. Es una pregunta razonable pero sobretodo, una excelente excusa para entablar una conversación. Se espera que el joven estudie algo de lo que uno conozca, es decir, cosas como la Ingeniería, la Medicina o el Derecho, que son carreras reconocidas por una Colombia históricamente goda—goda, hasta en los periodos de dominio liberal. ¿Qué pasa entonces, cuando el joven estudia Antropología? Lo que pasa es lo siguiente: desaparece el deseo o la habilidad de entablar una conversación, y el adulto pregunta por pesar más que por interés, ¿qué es eso

Esto es un problema para el científico social, que ya muchos problemas tiene con el mundo. La mayoría de las veces el no-antropólogo piensa saber qué es la Antropología—porque hoy en día está de moda saber de todo. En otras palabras el no-antropólogo piensa tener una idea de lo que es esta disciplina, y lo que sea que uno le diga casi que entrará por un oído y saldrá por el otro. Traigo entonces algunas definiciones algo más aceptables de lo que es la Antropología. Obviamente estas definiciones son más bien personales, subjetivas y arbitrarias.

Primero. La Antropología es la lucha por reconciliar la universalidad de nuestras características biológicas con la relatividad de las características culturales. No se necesita ser biólogo para darse cuenta que somos básicamente iguales, a punta de cinco dedos en cada mano, un cerebro y un determinado número de vértebras. Sin embargo, también sabemos que existen distintas religiones y distintos idiomas, y cada uno de éstas produce y es producido por distintas culturas—entendiendo cultura en su definición más “dummy”, como una forma determinada de pensar. Algunos hasta pelean por defender su cultura—o su forma de pensar—frente a otras.

De esta forma la realidad humana es simultáneamente muy universal y muy relativa, lo cual es contradictorio y nos trae problemas: mientras que los racistas ignoran aquello que nos une, los hippies ignoran aquello que nos distingue. El antropólogo, por lo tanto, es aquel que reconoce que ser iguales y ser distintos es bueno y malo. Es tedioso ser iguales pero es injusto ser distintos.

Segundo. La Antropología es también la ciencia más objetiva y más occidental de todas. Es la más objetiva precisamente porque admite que no existe la objetividad. En otras palabras, la verdad más cierta y objetiva es que no existe lo cierto y lo objetivo, y que absolutamente todo es opinión. Esla más occidental porque son precisamente los antropólogos que, al aventurarse a otros mundos, cargan al monstro Occidente a sus espaldas. Son los antropólogos la representación de Occidente para caras y vidas no occidentales.  

Tercero. La Antropología es muchas cosas, pero también no es muchas cosas. No es, por ejemplo, una vertiente del comunismo. Los antropólogos tienen tendencias políticas como personas, no como antropólogos. Los antropólogos tampoco son mamertos. De tantas veces que se usa esta palabra a diario parece haber mamertos en todas partes, y si algo es seguro es que esta disciplina, al igual que las demás ciencias sociales, exige gente que sepa decir las cosas porque no queremos más malinterpretaciones.

No se espera que le lector, primero, entienda qué es la Antropología y segundo, que se vuelva antropólogo. Se espera sin embargo que comparta esta reflexión, que se deshaga de preconcepciones basura y que reconsidere el aporte de las ciencias sociales para Colombi