La ética: una etapa previa al instrumentalismo económico

Por: Juan David Parra

La crisis económica que agobia al sistema financiero mundial se convirtió en el argumento añorado por muchos para sentenciar el capricho de unos científicos que “se olvidaron de la sociedad por estar pensando en mundos abstractos”. En defensa de los economistas, habría que aclarar que éstos no siempre se ocupan de diseñar la realidad; su vocación es más de contemplación. Incluso si su fin fuese exclusivamente propositivo, ingenuo sería pensar en una aplicación fiel de predicciones académicas en medio un mundo dominado por la política.

Un camino más constructivo sería el de interiorizar las limitaciones absolutas de la economía como área de estudio. Los valores y principios que forjan la racionalidad de los agentes, por ejemplo, conforman una dimensión que trasciende sus posibilidades. Quizás las contradicciones que se derivan de los modelos de equilibrio general radican en las preferencias mismas de los agentes. La felicidad se ha dejado seducir completamente por el consumo perecedero, trayendo consigo una inevitable escasez material.

Las cuestiones éticas deben comprender una etapa previa. Si se logran replantear las ambiciones humanas, los mismos engranajes teóricos podrían arrojar resultados más elocuentes. El problema no reside en la superestructura analítica; la sostenibilidad de la sociedad depende del cambio en sus hábitos.