Inverosímil

Por: Gustavo Nicolás Páez Salamanca

De forma arrebatada, el pasado 4 de agosto se adjudicó la concesión de la Transversal de las Américas. Desde 1923 se ha buscado integrar a todas las Américas mediante una gran vía que vaya desde Prudhoe Bay, Alaska, a Ushuaia, Tierra del Fuego. Ahora, gracias a este proyecto, el sueño globalizador será una realidad ya que esta avenida surcará el tapón del Darién y unirá definitivamente a Colombia y a Panamá por vía terrestre.

De vuelta a la realidad, es necesario detener este proyecto lo antes posible. El Darién es una zona invaluable que debe ser conservada a capa y espada. Pero tristemente es cierto que nuestro patrimonio sólo es valorado cuando los libros de historia lo reconocen como perdido. Esto es algo con lo que los colombianos vivimos todos los días, y para la muestra podemos recordar alcaldes como Alejandro Amador quien decidió reducir a miseria gran parte de las murallas de Cartagena. Aún así, este no es el caso, pues el proyecto piensa perturbar los parques naturales “Los Katios” y “Darién”, ambos declarados patrimonio UNESCO. De esta forma, siendo imposible apelar a la ignorancia, se hace preciso entender cuál es ese argumento de peso que permite valorar más una vía que dos patrimonios de la humanidad.

Asumiendo como irrefutable el desarrollo económico que el proyecto trae a la región, este argumento pierde todo su valor en el momento en que el Gobierno panameño decide darle un mayor valor a la Reserva de la Biosfera y enérgicamente prohíbe la continuación de la vía en su territorio, como lo expresó, el pasado 6 de agosto, Javier Arias, administrador general de la Autoridad Nacional del Ambiente de Panamá. Por otro lado, ignorando la pérdida indescriptible de servicios ambientales, resiliencia ante problemas de cambio climático y pérdida de la biodiversidad, una buena carretera no sólo motiva la expansión de una innecesaria frontera agrícola, bien sea promovida por desplazados o “raspachines”, sino que fomenta negocios como la captura de fauna, y tala de bosques, actividades en su mayoría ilegales. ¿Si tantas ganas tienen de invertir en la región, por qué no darle al Chocó unos buenos servicios públicos?

Ante esto, los medios de comunicación prefieren estar callados y aquellos autoproclamados ambientalistas que abogan por el vegetarianismo y el cambio climático no aparecen ¿Donde están? Lo único que nos ayuda es la ineficiencia política del país para sacar adelante estos proyectos. ¡Qué vergüenza!