¿Está Colombia preparada para la disolución de la tasa de usura?

Por: Andrés Thomas Lara

La tasa de usura es un techo impuesto por la Superintendencia Financiera a las tasas de interés que las entidades del sector financiero le cobran a sus usuarios. Esta medida fue pensada para controlar el precio del crédito para proteger a los usuarios de posibles abusos por parte de las empresas del sector, y hacerlo más asequible a la población.

No obstante, muchos economistas sugieren que este tipo de restricciones solo ocasiona el efecto contrario, ya que las personas con menos recursos que se busca integrar al sistema financiero son a su vez más riesgosas, y los bancos han de darles créditos a una tasa mayor para cubrir las pérdidas que se dan vía impagos; de lo contrario no tendrán incentivo alguno para concederles crédito. Así, a una tasa dada, los bancos solo concederán créditos a personas con un riesgo igual o menor al asociado a dicha tasa, que son además los de mayores recursos.

Sin embargo, esta lógica se basa en el supuesto de competencia perfecta, donde los bancos son precio-aceptantes. Al tener poder de mercado, los bancos no solo pueden ofrecer precios más altos y aumentar sus ganancias, sino que se hace más probable un escenario de colusión. Incluso, en el corto plazo, los bancos entrantes al mercado, a pesar de no coludir con los otros, tendrían incentivos para no alejarse de los precios dados por estos, ya que tienen un capital que solo les permite conceder cierta cantidad de créditos.

En el caso colombiano, existen numerosas entidades financieras, pero las tres más grandes absorben la mitad del mercado de crédito, con una calificación de riesgo A más del 90% de estos. El spread bancario, además, ronda los 8 puntos porcentuales. Esto da muestra del atraso del sector respecto a los mercados industrializados, y lo lejos que aún nos encontramos de la competencia perfecta, y de poder liberar la tasa sin preocupación alguna.

Pese a esto, tenemos un avance significativo respecto a la región, teniendo uno de los spreads más bajos a pesar de lo altamente regulado que se encuentra el sector, y en mejor estado que muchos países que decidieron liberar la tasa de interés, como lo hizo Bolivia, teniendo excelentes resultados en el mediano plazo en el acceso a crédito y la bancarización de la población. La experiencia recomienda una suavización de dicha regulación, si bien los avances más importantes solo se verán en la reducción de costos operacionales del sector para bajar el spread y en el avance de la lucha contra la pobreza que volverá a los colombianos clientes más atractivos.