La artesanía médica

Por: Francisco Calle Bernal
Estudiante de Medicina
Universidad de los Andes
f.calle10@uniandes.edu.co
Twitter: @callebernal

Para nadie es un secreto que la práctica médica ha estado bajo el ojo crítico y constructivo de la economía en los últimos cincuenta años. Esta estrecha relación ha producido resultados que han sido beneficiosos tanto para los médicos como para los economistas. Un ejemplo de lo anterior son los grandes estudios poblacionales y los estudios de riesgo que en un principio fueron diseñados por las aseguradoras para la afiliación de los usuarios y hoy en día son de gran utilidad en la práctica médica para el análisis epidemiológico.

En el escrito La economía del cuidado médico, el Profesor Joseph Newhouse, director de la división de investigación y educación en salud pública en la Universidad de Harvard, explica que:   

Cuando ellos (los ecónomos) ven a los médicos bajo el lente de la economía como disciplina, ellos los ven —y a su vez a sus pacientes— como agentes económicos. En otras palabras, los economistas están interesados en el grado en el cual los médicos y los pacientes responden a varios incentivos en la decisión de cómo utilizar los recursos sobre los cuales ejercen una elección (2015).

Lo anterior pone de manifiesto el carácter económico de la práctica médica y a su vez el impacto que esta tiene en las finanzas de la sociedad. El ejercicio de la medicina es un proceso que se adapta a cada paciente, que es modificado por un sin número de situaciones económicas, sociales y biológicas cuyo resultado es similar al trabajo realizado por un artesano: cada pieza es única. Este trabajo es tan lleno de minucias que cada resultado parece una detallada pieza de filigrana. Ahora bien, la salud y la enfermedad son de dominio popular y como tal, todas las personas deben tener acceso a esta filigrana. Es en este momento que el economista se vale de las herramientas de su profesión para asegurarse de que cada persona tenga acceso a esta artesanía y que, al mismo tiempo, los recursos que se necesiten y se gasten sean distribuidos de manera efectiva y responsable.

También es dominio del economista asegurarse de que el médico sea retribuido con un pago digno a su labor. Para esto es necesario que se llegue a acuerdos sobre los precios y costos de la práctica, pero principalmente, que se formen relaciones sinérgicas entre los economistas y los médicos y que no se perpetúe el conflicto que existe entre dos bandos de personas que quieren ejercer con calidad su profesión y velar por el bienestar de la comunidad.