Franja violeta, alerta roja

Por: Juliana Saldarriaga Rubio
Estudiante de Antropología
Universidad de los Andes
j.saldarriaga1521@uniandes.edu.co

La disminución de la mortalidad materna es uno de los Objetivos del Milenio establecidos por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La reciente restricción impuesta a la circulación del misoprostol en Colombia es, para muchos, un impedimento para alcanzar dicho objetivo.

El Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Analgésicos (INVIMA) se encarga, entre otras cosas, de restringir la circulación de medicamentos que pueden generar dependencia por parte de sus consumidores. Dicha restricción se hace mediante el señalamiento del medicamento con una franja color violeta, la cual implica que el producto debe ser consumido bajo estricta vigilancia médica únicamente.

Recientemente, y por petición del Consejo de Estado, un fármaco conocido como misoprostol fue identificado con esta banda violeta. El misoprostol es ampliamente usado por ginecólogos para inducir un parto en caso de que sea necesario, o para tratar hemorragias internas que ocurran después del parto. También es uno de los métodos más seguros para interrumpir el embarazo, y es por esta propiedad que el Consejo decidió restringir su circulación. Según la entidad, la franja violeta elimina el mal uso potencial que puede darle una parte de la población, a la hora de abortar.

Es una decisión que ha generado gran controversia, especialmente por parte de la Federación Colombiana de Obstetricia y Ginecología y varios movimientos feministas tales como Feminismo Artesanal. Según Edgar Iván Ortiz, presidente de la Federación, esta medida vuelve al misoprostol algo “engorroso” para sus usuarios; si bien antes bastaba con la prescripción del médico, ahora es necesario tramitar una formulación especial y una serie de controles para su obtención. La Federación también sugiere que la restricción sobre el fármaco impide avanzar en la lucha contra el aborto inseguro y, en últimas, la mortalidad materna.

Vale la pena detenerse en este último aspecto y preguntarse sobre la relevancia, a nivel económico, de la mortalidad materna. En primer lugar, se ha vuelto un marcador “indiscutible” de desarrollo, pues refleja la importancia que le dan los países a la salud y a la seguridad de la madre y del recién nacido durante el parto. Su valor como indicador radica en que, más allá de brindarnos información a nivel país, puede visibilizar disparidades regionales. Por ejemplo, la cifra para Colombia fue de 56,42 muertes por 100.000 nacidos en el 2011. Para ese mismo año, en el Chocó se registró una cifra de 357,97 muertes por el mismo número de nacimientos, que es casi 7 veces el promedio nacional. Es así como, al desglosar el indicador, las autoridades pueden obtener una idea de importantes diferencias a nivel interno.

En segundo lugar, y en relación más directa con la economía, un incremento en la mortalidad materna presenta una pérdida en la productividad. Lo anterior debido a que una gran proporción de mujeres en edad fértil pertenecen a la población económicamente activa. Una muerte materna puede generar una disminución de los ingresos familiares, lo cual se vuelve aún más preocupante si tenemos en cuenta que en Colombia muchas mujeres son cabezas de familia. Según Gallego, Vélez y Agudelo (s.f.), “...la muerte de éstas genera en sus hijos no sólo una carencia de los recursos básicos para la supervivencia sino también carencias afectivas.”

Según la Organización Mundial de la Salud, las causas globales más frecuentes de muerte materna fueron, para el 2014, condiciones preexistentes y hemorragia. Si el misoprostol se utiliza para tratar la hemorragia interna después del parto, tal vez valdría la pena revisar la decisión del INVIMA, detrás de la cual está el Consejo de Estado. Es necesario comprender si los beneficios atribuidos a la restricción del fármaco son más numerosos que los costos que dicha restricción implica. Se trata, en últimas, de confirmar que esta medida no contradiga o frene la lucha por alcanzar los Objetivos del Milenio establecidos por la ONU, dentro de los cuales se encuentra la disminución de la mortalidad materna.

Fuente: OMS

Fuente: OMS

Por último, y teniendo en cuenta el clima que actualmente atraviesa Colombia, en términos de la lucha por los derechos y la igualdad de las minorías sexuales, vale la pena mencionar la reacción de movimientos feministas frente a la restricción del misoprostol. Según Mar Candela, vocera de Feminismo Artesanal, esta medida atenta contra los derechos sexuales y reproductivos de la mujer. Asimismo, prohibir el medicamento no necesariamente disminuirá la cantidad de abortos; más bien obligará a muchas mujeres a acudir a métodos menos convencionales y más peligrosos para abortar. Quizás una manera de asegurar el buen uso del misoprostol sin necesidad de acudir a la banda violeta, sería la preparación de campañas de concientización, en los que se les explique a las mujeres sobre las propiedades del fármaco, sus beneficios y sus riesgos.  

Referencias Bibliográficas          

Correa, P. (5 de julio de 2015). Ginecólogos piden a Minsalud no restringir uso de misoprostol. El Espectador. Recuperado de http://www.elespectador.com/

Gallego Vélez, L., Vélez Álvarez, G. A. & Agudelo Jaramillo, B. (s.f.). Panorama de la Mortalidad Materna. Universidad de Antioquía. Recuperado de http://www.nacer.udea.edu.co/pdf/libros/libro1/panoramadelamortalidadmaterna.pdf

Say, L., Chou, D., Gemmill, A., Tuncalp, Ö., Moller, A., Daniels, J. Gülmezoglu, A., Temmerman, M. & Alkema, L. (2014). Global causes of maternal death: a WHO systematic analysis. En Lancet Global Health 2: 323-333. 

(11 de julio de 2015). Jaque al aborto por prohibición del misoprostol. Revista Semana. Recuperado de http://www.semana.com/nacion/articulo/aborto-la-prohibicion-del-misoprostol/434448-3