¿QUÉ HACER PARA QUE LOS INDIVIDUOS AHORREN AGUA? ENSEÑANZAS DESDE PROPUESTAS TEÓRICAS Y EVIDENCIA EMPÍRICA

Juliana Marín

Secretaria General

Estudiante de Economía y Gobierno y Asuntos Públicos

Universidad de los Andes

j.marin10@uniandes.edu.co

 

Sergio Quiroga

Estudiante de Economía

Universidad de los Andes

sa.quiroga10@uniandes.edu.co

 

El agua es un recurso indispensable para la existencia de los seres humanos y el funcionamiento de las economías. Debido a esto, la conservación de este recurso a lo largo de los años se hace indispensable para que las generaciones futuras también deriven utilidad de este bien. Esto se justifica bajo dos enfoques: por un lado, al adoptar una visión utilitarista -en donde el bienestar social se obtiene de la suma de las utilidades individuales- en un período intertemporal; y, por otro lado, al considerar que las generaciones futuras tienen tanto derecho a gozar del recurso y generar utilidad de este como las generaciones presentes. Es importante resaltar que el agua dulce disponible para el consumo es un recurso escaso, lo que se refleja en que solo el 0,025% del agua en el planeta sirve para el consumo humano (Greenpeace, 2010).  Además, las fuentes hídricas experimentan una presión creciente debido “al sobreuso del recurso, la contaminación, la sobrepesca (...) [,] la modificación de los hábitats acuáticos” (Greenpeace, 2010) y al calentamiento global. Según la organización ambiental Greenpeace, esto podría conducir a problemas en el acceso al recurso para el 2020, lo que implica que tanto las generaciones presentes como las futuras verán su bienestar afectado.

Por lo anterior, en este artículo se expondrán las razones por las que los individuos no hacen un uso sostenible del agua -aun cuando reconocen la importancia del recurso- y se describirán las estrategias que se han implementado para cambiar este comportamiento; todo esto a la luz de la economía comportamental. Así pues, se pretende examinar las distintas intervenciones que han logrado tener un impacto sobre la demanda del recurso hídrico, a pesar de que se ha puesto en duda la efectividad de algunas iniciativas que han buscado generar un cambio en los patrones de consumo.

Factores que explican por qué los individuos no ahorran

Para empezar, uno de los problemas que se ha identificado es lo que se conoce bajo el concepto de low self efficacy, en donde la gente no considera que su aporte individual tenga un efecto significativo sobre el problema. Es decir, la gente no se empodera de la situación cuando es un reto de gran escala por lo que prefiere no hacer nada (Beck, 2015).

A la hora de implementar cualquier política proambiental, o mejor, que busque generar un cambio de comportamiento hacia uno sostenible, se debe tener en cuenta varios aspectos. El primero es que no debe haber asimetrías de información en cuanto a la problemática que se está tratando. Es decir, primero se debe educar sobre el fenómeno que se busca tratar para generar motivación y que la gente se convenza del impacto de sus acciones (Álvarez & Vega, 2009). Sin embargo, es importante tener en cuenta que hay una brecha entre conciencia ambiental y comportamiento ecológico, por lo que puede que la gente entienda la dimensión o magnitud del problema, pero haga poco para lograr un cambio. Esto podría presentarse como un obstáculo para llegar al estado ambiental deseado. En otras palabras, otra explicación para                              

“la discrepancia entre preocupación ambiental y realización de conductas sostenibles (...) son los factores de intervención (Himes et al, 1986-87) que hacen referencia a la información que poseen las personas acerca de lo que pueden hacer para reorientar su conducta y sus conocimientos sobre las posibles estrategias a seguir para solucionar un problema ambiental concreto; es decir, sus conocimientos sobre la acción ambiental y su capacidad (habilidades necesarias) para ejecutarla” (Álvarez & Vega, 2009, p.249).                                                       

En conclusión, saber del problema no es suficiente cuando no se sabe qué lo causa y cómo actuar frente a este.

Retos de las intervenciones

En primer lugar, están las intervenciones de tipo no monetarias. Entre estas, las más frecuentes se han llevado a cabo a través de medios de comunicación y campañas educativas. Algunos ejemplos de estas intervenciones se han encontrado en Sudáfrica, India y Costa Rica; sin embargo, su impacto no ha sido evaluado, por lo que no existe evidencia sobre su efectividad. Incluso se encontró que la mayoría de los participantes de una intervención realizada en Belén (Costa Rica), en donde antes se había implementado otra intervención no monetaria haciendo uso de medios de comunicación, no tenían presente la existencia de esta última, llevada a cabo a través de medios de comunicación (Datta et al, 2015), por lo que se puede deducir que tuvo un efecto mínimo o nulo.

Por otro lado, diferentes intervenciones -más tradicionales- se han centrado en instrumentos monetarios, como precios e impuestos. La primera dificultad que surge a la hora de implementar este tipo de intervenciones es evitar que los hogares de menores ingresos sean excluidos del acceso al agua, por lo que para este grupo poblacional no resulta deseable llevar a cabo dichas estrategias. En cambio, para los hogares de mayores ingresos el agua resulta ser un bien con una elasticidad baja (Willis et al, 2011), lo que implica que los niveles de consumo no resultan alterados -por el aumento del costo- en una magnitud considerable entre estos. Un postulado similar es soportado por Chetty, Looney & Kroft (2007), pues explican que estos individuos pueden no notar las variaciones sobre los precios y, como consecuencia, no responden a ellas, principalmente porque no se enfrentan a una imposición sobre los precios en algún punto de venta. Es decir que, dado que las personas no se enfrentan a un precio o a un impuesto en el momento en el que consumen agua, no tienen en cuenta estos factores al consumirla.

Así pues, las medidas o políticas públicas que buscan proteger los recursos hídricos están -generalmente- pensadas bajo modelos de economía tradicional, por lo que se asume que los agentes actúan de manera racional y maximizan su utilidad, motivados por el interés monetario (Cortés, 2010). De esta forma, las intervenciones monetarias pueden estar dejando de lado lo que la economía comportamental comprende como individuo. Es decir, se ha encontrado que hay otros elementos como el el altruismo, la equidad, la reciprocidad y la reputación que desempeñan un papel relevante en la toma de decisiones de los individuos (Moreno & Maldonado, 2009, citado en Cortés, 2011). Por lo anterior, cuando se busca que las personas cambien su comportamiento a uno que permita garantizar la sostenibilidad en el uso del recurso, se deberá buscar una política que apele a la moralidad de las personas y que haga públicos los esfuerzos individuales, ya que los agentes tienen muy en cuenta la percepción de sus pares (Cortés, 2011; Zoratto, 2015).

Casos de estudio

Un ejemplo de lo anterior se puede ver reflejado en el experimento que se realizó en Belén (Costa Rica) con una muestra aleatoria. En este, se demostró que el gobierno puede, sin incurrir en mayores costos, alentar a la gente a ahorrar agua comparando su consumo con el de los pares (De Castro, 2015). Para el experimento, se escogieron tres grupos de tratamiento y uno de control. El primer grupo podía comparar su consumo con el promedio de su vecindario y el segundo lo podía comparar con respecto al consumo promedio en Belén. Ambos grupos recibieron un sticker en su factura de una cara feliz si habían consumido menos que sus pares o una cara triste en el caso contrario. El tercer grupo recibió un plan de consumo en su factura, permitiéndole que establecieran un consumo objetivo para reducir su consumo con respecto al promedio de Belén. Los resultados demostraron que la comparación con el resto de la ciudad no generaba un efecto tan significativo, mientras la comparación con el consumo del vecindario, sí. Así pues, se puede ver cómo factores que le apuntan a la reputación de las personas en su entorno más próximo pueden conducir a un resultado más deseable que el inducido por medidas monetarias.

Otra de las intervenciones que resulta interesante analizar fue llevada cabo en 132 hogares en Gold Coast (Australia). En el trabajo realizado por Willis et al (2011), dos propuestas teóricas fueron planteadas y puestas a prueba con esta intervención. La primera propuesta de los autores es que los hogares con mayor preocupación ambiental y actitud positiva hacia la conservación del agua tienen niveles de consumo de agua considerablemente menores. La segunda propuesta es que este mismo tipo de hogares nuevamente tiene niveles de consumo de agua considerablemente menores para consumos fuertemente influenciados por el comportamiento (ducharse, regado de plantas, lavado de ropa, entre otros), pero que no existen diferencias significativas con los demás tipos de hogares para consumos poco influenciados por el comportamiento, es decir los consumos necesarios (tirar la cadena, uso de agua en la cocina, entre otros). Al analizar ambas propuestas, las diferencias entre los niveles de consumo variaron entre 18% y 53%, por lo que, si estos fueran llevados a escalas superiores en las grandes ciudades, se podría garantizar seguridad en la oferta de agua en ellas (Willis et al., 2011).

Por otro lado, en Colombia, con la expedición del Código de los Recursos Naturales de 1974, se establecieron instrumentos económicos por el uso de agua para incentivar un uso eficiente de su demanda y para financiar entidades que promuevan políticas ambientales (Rudas, 2008).  Para esto, se establecieron tanto las tasas por utilización como las tasas retributivas, es decir, lo que se tiene que compensar por verter contaminantes a la fuente hídrica. En cuanto al valor de la tasa por uso, se definió que debe ser proporcional al uso que se haga del recurso para que el agente encuentre una retribución a su esfuerzo por mejorar (Rudas, 2008).  Es decir,                                    

[e]n el caso de las tasas por uso, estas tarifas deben alcanzar un valor tal que resulte atractivo para el usuario, desde su perspectiva económica, hacer esfuerzos por ahorrar agua. Es decir, debe garantizarse que el costo en que incurra el usuario por ahorra[r] agua, pueda ser inferior al costo de las tasas que deja de pagar por el agua no consumida (Rudas, 2008, p.4).

Además, para el cobro de la tasa, se tiene en cuenta qué tan escaso es el recurso a nivel nacional, para contribuir a la inversión de la fuente hídrica de la región. En cuanto a la tasa por vertimiento, también se cobra proporcionalmente a la carga desechada en el cuerpo de agua.

Como se mencionó anteriormente, el recaudo se destinó a las entidades ambientales como es el caso de las Corporaciones Autónomas Regionales. Sin embargo, el bajo ingreso que obtuvieron por estas tasas resalta la necesidad de replantear el sistema. De este modo, desde la implementación del modelo y hasta el 2005, el recaudo máximo que se logró representó el 5% de las “rentas propias ordinarias de las corporaciones” (Rudas, 2008).  Lo anterior puede dar paso a concluir que esta medida no es del todo óptima para lograr los objetivos ambientales propuestos. En este sentido, “se encuentran lejos de poder cumplir con su misión de incentivar un uso eficiente del agua y generar fuentes de recursos financieros para apoyar una política integral del agua, de las cuencas hidrográficas y, en general, de las áreas protegidas” (Rudas, 2008, p.11). Así pues, el esfuerzo en este caso se encaminó hacía una medida típica que asume que los agentes obran en base a los incentivos económicos, dejando a un lado otros factores sociales de gran relevancia.

Conclusión

En este trabajo se han expuesto algunas propuestas teóricas sobre la manera en la que los individuos llevan a cabo sus decisiones de consumo de agua, entre las que se encontraron factores determinantes como la comunidad inmediata en la que se encuentran, información sobre su propio nivel de consumo, el nivel de preocupación ambiental y la necesidad del consumo, además de factores menos determinantes como los precios, impuestos, la comunidad no inmediata en la que se encuentran y campañas de concientización ambiental. En particular, se estableció y evidenció que las intervenciones más eficientes surgen cuando estas apelan a la moralidad y la reputación de las personas; también surgen cuando los individuos logran reconocer el impacto que pueden tener sus acciones y capacidades sobre el medio ambiente. Otro aspecto particular surge al reconocer que, si bien no existe evidencia contundente sobre el efecto de las campañas educativas en el consumo, los individuos con mayor preocupación ambiental y actitud positiva hacia la conservación del agua sí llevan a cabo un consumo más responsable del recurso hídrico, por lo que resulta conveniente encontrar mecanismos para introducir estas características en la población.

 

Referencias

Álvarez, P., & Vega, P. (2009). Actitudes ambientales y conductas sostenibles. Implicaciones para la educación ambiental. Revista de Psicodidáctica, 14 (2), 245-260.

Beck, R. (19 de mayo de 2015). Drought: The psychology of why some people aren't saving water. Recuperado el 02 de 03 de 2017, de 89.3 KPCC: http://www.scpr.org/news/2015/05/19/51822/drought-the-psychology-of-why-some-people-aren-t-s/

Chetty, R., Looney, A., & Kroft, K. (2009). Salience and Taxation: Theory and Evidence. The American Economic Review, 99(4), 1145-1177.

Cortés, L. (2010). La economía del comportamiento y la teoría de las motivaciones en el estudio de los factores determinantes en el uso del recurso hídrico en comunidades rurales en Colombia. Revista Ciencia, Tecnología y Sociedad (2), 29- 37.

Datta, S., Darling, M., Lorenzana, K., Gonzalez, O. C., Miranda, J. J., & Zoratto, L. D. (2015). A Behavioral Approach to Water Conservation: Evidence from a Randomized Evaluation in Costa Rica. World Bank; ideas42.

Greenpeace. (2010). Agua. Recuperado el 14 de 03 de 2017, de Greenpeace: http://www.greenpeace.org/colombia/es/campanas/contaminacion/agua/

Rudas, G. (2008). Instrumentos Económicos en la Política del Agua en Colombia: Tasas por el uso del agua y tasas retributivas por vertimientos contaminantes. El Sistema Nacional Ambiental – SINA, 15 años. Evaluación y perspectivas (págs. 365-381). Bogotá: Universidad Externado de Colombia.

Willis, R.M., Stewart, R.A., Panuwatwanich, K., Williams, P.R., Hollingsworth, A.L. (2011). Quantifying the influence of environmental and water conservation attitudes on household end use water consumption. Journal of Environmental Management, 92, pp. 1996-2009, doi:10.1016/j.jenvman.2011.03.023.

Zoratto, L. D. (2015). Government could cheaply encourage citizens to save water by doing this. Recuperado el 02 de 03 de 2017, de World Bank: http://blogs.worldbank.org/governance/government-could-cheaply-encourage-citizens-save-water-doing