Bonanza petrolera y regla fiscal

Por: Pablo Noriega

Uno de los grandes legados que nos deja el gobierno Uribe, es la bonanza petrolera en la que se encuentra Colombia. En el año 2002, la administración Pastrana pronosticó que antes de tres años el país iba a perder su autosuficiencia en materia de combustibles. Según esas previsiones, actualmente estaríamos produciendo menos de 234.000 barriles de petróleo al día.

El gobierno del expresidente Uribe hizo una reestructuración completa del sector. Privatizó el 10% de Ecopetrol, e hizo que la empresa se dinamizara y multiplicara su valor por ocho en los últimos ocho años. Se creó la Agencia Nacional de Hidrocarburos, reconocida hoy como una institución ejemplar en Colombia y en el exterior. Todo esto fue de la mano de un agresivo proceso de atracción de inversión extranjera conocido como “Confianza Inversionista”. Gracias a eso, hoy en día Colombia produce casi 900.000 barriles diarios y se estarían produciendo 1.5 millones para el 2015.

Sin embargo, esta bonanza tiene que manejarse cuidadosamente, para que pueda traducirse en prosperidad, y no se convierta en un dolor de cabeza. Si no se implementan políticas que administren la llegada de estos recursos, la revaluación se va a acentuar aún más, y los sectores exportadores tradicionales se van a ver gravemente afectados. La apreciación del peso deberá ser compensada por aumentos en productividad de los sectores amenazados, si no muchas empresas terminarán quebradas. En ese caso, el desempleo aumentará, y solamente el sector de hidrocarburos se verá beneficiado por la llegada de capitales. Esto es lo que se conoce como Enfermedad Holandesa.

Para manejar esto, el gobierno anterior presentó una propuesta de regla fiscal que acogió el nuevo gobierno. Este proyecto obliga al Estado a ahorrar parte de los recursos de la bonanza para invertirlos en el futuro. Esto es deseable puesto que no solo consiste en una política anticíclica como un ahorro para épocas de vacas flacas, sino que difiere los ingresos en el tiempo para que puedan ser aprovechados por distintas generaciones y además ayuda a proteger la tasa de cambio. Sin embargo, la propuesta presentada debe ser reformada para que el Estado tenga verdaderas sanciones si incumple su promesa de ahorrar. Si no se hace, la regla fiscal quedaría como un saludo a la bandera y podría ser fácilmente incumplida por el gobierno.

Estamos ante una coyuntura histórica. Ojalá que dentro de diez años cuando miremos hacia atrás, no estemos arrepintiéndonos de haber desaprovechado esta oportunidad.

Las opiniones expresadas en las columnas de opinión no reflejan necesariamente la opinión de la Revista Económica Supuestos ni la de sus miembros, dado que el autor de esta entrada no es miembro de la Revista. Los autores de las columnas son responsables de su contenido.