Fumigaciones de cultivos ilícitos con glifosato: ¿solución o catástrofe?

Por: Nataly Grisales, Federico Alberto Merchán & Andrés Fernando Sánchez

Las fumigaciones de cultivos ilícitos con glifosato han sido un tema polémico para Colombia. Esta forma de lucha contra el narcotráfico es fuertemente cuestionada por su posible daño al medio ambiente y a la salud de los habitantes de la región donde se fumiga, y por su baja efectividad en disminuir las hectáreas sembradas con hoja de coca y amapola, mientras es causa de desplazamiento. El debate se aviva al ver que los estudios que buscan comprobar la veracidad de tales consecuencias resultan ambiguos y cuando se tiene en cuenta que cualquier información obtenida intenta defender intereses particulares. La labor del artículo se centra entonces en analizar argumentos de ambas posiciones en la discusión y permitir al lector elegir aquella que considere convincente.

Daño Ambiental

Con el fin de hacer una evaluación ambiental de los efectos del glifosato se requiere hacerun análisis costo-beneficio sobre si el medio ambiente sufre más sólo con el narcotráfico, o con la coexistencia del narcotráfico y de las fumigaciones que se proponen combatirlo. Durante las distintas etapas de la cadena productiva que involucra la comercialización de drogas, el medio ambiente es una de las principales víctimas. En la etapa del cultivo, la deforestación de los bosques tropicales que se requieren para las plantaciones decoca y amapola han arrasado con buena parte de las selvas tropicales colombianas. Según la vicepresidencia, entre 1987 y 1998 se destruyeron 425.000 hectáreas, alrededor de 152 millones de toneladas de biomasa a causa de esta actividad. Se ha calculado que por cada hectárea para cultivar coca se eliminan 4 de selva haciendo que 30% de la deforestación colombiana se deba a esta actividad ilícita. Adicionalmente, algunos de los lugares en los que se encuentran estas plantaciones, como las llanuras y bosques de la Orinoquía y la Amazonia, son de importancia mundial para regular el CO2, haciendo que el daño ambiental sea incalculable. Pero la calamidad ecológica no para aquí, la exposición del suelo a los químicos que se usan para adecuar al terreno puede retrasar por varios años la introducción de cultivos alternos, así como erosionarlo. Finalmente, en la etapa de procesamiento de la hoja de coca en laboratorios ilegales se generan residuos tóxicos que van a parar a ríos y vertientes contaminando los recursos hídricos del país.

Si bien el daño ambiental causado por el narcotráfico es claro, en el caso de las fumigaciones es difícil de evaluar por la ambigüedad de la información y de los estudios que existen sobre el tema. La versión oficial reitera que el glifosato es un herbicida usado comúnmente en la agricultura y que, por lo tanto, su uso en fumigaciones no tiene efectos severos sobre la población o la naturaleza. De igual modo, un estudio preparado para la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas, acerca de las fumigaciones aéreas colombianas, llega a la conclusión de que el riesgo de este método de erradicación “se consideró despreciable” y que no produce contaminación en lagos, arroyos ni ríos aledaños.

Por otro lado, se llama la atención sobre el daño a los cultivos de otros productos causado por errores en la localización exacta de la fumigación. Los críticos apuntan a decir que: “la utilización de elementos químicos necesariamente genera daños en el entorno ambiental y puede afectar seriamente a la población que esté directamente vinculada a las fumigaciones”.

Salud Humana

Existe un gran número de denuncias de campesinos que habitan en el Putumayo y en regiones cercanas a la frontera con Ecuador, cuya salud se ha visto deteriorada por causa, dicen ellos, de las fumigaciones con glifosato. La veracidad de estas acusaciones no sólo podría estar respaldada por las evidencias físicas presentes en la población, sino por los estudios de expertos que afirman que la aparición de los síntomas coincide temporalmente con los momentos de fumigación y que, además, las apariciones de reacciones adversas en la salud de los campesinos disminuyen conforme estos habitan más lejos de los cultivos ilícitos que son rociados con el herbicida. Hay una gran variedad de trastornos de la salud que son adjudicados al glifosato. Dentro de estos se encuentran daños gastrointestinales, problemas respiratorios, afecciones al sistema nervioso,  cáncer, daños al sistema reproductivo y posibles mutaciones del ADN. Los síntomas más evidentes, y que se presentan con mayor frecuencia en los niños, son la irritación ocular y la aparición de llagas que invaden el cuerpo. La situación empeora cuando se tiene en cuenta que los campesinos pueden intoxicarse, no solo por la recepción directa del glifosato en el momento de una fumigación, sinotambién por la presencia de esta sustancia en animales y cultivos lícitos aledaños, de los que la población depende para su sustento y alimentación. Los expertos afirman también que el herbicida es capaz de afectar a todos los eslabones de la cadena alimenticia, aumentando así el espectro de terror y llegando finalmente incluso a humanos que viven lejos de la región de conflicto. Algunas acusaciones manifiestan que, aún cuando el gobierno ha sido informado de las consecuencias que este herbicida tiene sobre la salud, estos daños son considerados como un costo aceptable en la guerra contra el narcotráfico y su importancia se vuelve aún menor cuando el gobierno de los Estados Unidos presiona por resultados. Otro elemento a tener en cuenta es que la compañía americana Monsanto, productora del Roundup (mezcla de glifosato y cosmo flux) usado en las fumigaciones, ya ha recibido demandas por los efectos adversos que sus productos agropecuarios causan en la salud humana.

A estas denuncias el gobierno de Colombia responde con la presentación de rigurosos estudios científicos. Sorprendentemente, las conclusiones presentadas en estos estudios, realizados por expertos de diferentes países de Europa y América, describen una situación completamente opuesta. Luego de tener en cuenta múltiples maneras en que una persona puede entrar en contacto con el herbicida, afirman que en ninguno de esos casos se logran niveles suficientes de toxicidad en el cuerpo para generar una reacción adversa. Las investigaciones explican detalladamente cómo el glifosato no es absorbido por la piel, no permanece en el aire evitando así su inhalación y, aún cuando puede llegar a contaminar pequeñas porciones de agua, sus concentraciones en este caso son insignificantes e incapaces de generar daños a la salud. Si bien aceptan que el Roundup de Monsanto, que es el que efectivamente se usa en las fumigaciones, puede hacer más probable la exposición vía cadena alimenticia, sostienen que las toxinas que llegarían en este caso al cuerpo humano no son suficientes para afectarlo. De esta manera la probabilidad de la aparición de efectos oculares luego de las fumigaciones es prácticamente despreciable y se garantiza que no se causan irritaciones en la piel. Además, los estudios afirman que no hay evidencia de una relación directa entre el glifosato y el aumento en daños neurológicos, reproductivos y tampoco la aparición de células cancerígenas. Si esto es cierto, ¿qué causa entonces las afecciones que efectivamente padecen los habitantes de zonas cercanas a cultivos ilícitos? Según el informe, es muy probable que los campesinos que trabajan en el cultivo y procesamiento de la coca estén en contacto directo, debido a la ausencia de controles, con plaguicidas y sustancias tóxicas que sí pueden causar los síntomas denunciados. Sin embargo, debido a la clandestinidad de estos procesos ilícitos, esta teoría no ha sido comprobada con rigor.

Impacto Social

Desde que se dan las fumigaciones con glifosato, las comunidades de las zonas periféricas a los cultivos ilícitos se han visto ampliamente perturbadas, ya que su integridad de una u otra forma ha sido afectada. En consecuencia, muchos gruposdeben tomar el camino del desplazamiento forzoso. Para 1999, según Aura Puyana, autora del libro “Cultivos ilícitos, fumigación y desplazamiento en la Amazonía y la Orinoquía”, se estimó que entre 30 y 40 mil personas fueron desplazadas a causa de la erradicación de cultivos ilícitos. La Ley 387 de 1997 (Ley sobre la prevención del desplazamiento forzado), no contempla en ninguno de sus artículos a la erradicación de cultivos ilícitos, en cualquiera de sus formas, como una causa de desplazamiento, razón por la cual los datos de muchas fuentes no se encuentran actualizados. Según un boletín de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento, de 50 mil familias dedicadas a los cultivos ilícitos, 7.200 familias huyeron de las zonas por consecuencia de la fumigación y de los actores armados que convierten la población civil en objetivo militar, una cifra alarmante.

Igualmente según el Comité Interinstitucional sobre las Fumigaciones (CIF)  las comunidades perciben una debilidad institucional expresada en el poco compromiso del Estado para solucionar sus problemas, lo cual genera que las personas desconfíen de él. Ellos conocen que el Estado es quien fumiga, haciendo que no tengan posibilidad de ir a instancias oficiales a reclamar, que se sientan abandonados y que finalmente se genere una necesidad de irse de la zona.