El clima mayorista

Por: Laura Norato

El cambio climático ciertamente nos tiene preocupados a todos; con problemas como el deshielo de los polos, la lluvia ácida y las emisiones de carbono ponen en jaque a las políticas de desarrollo a nivel mundial. Pues bien, este problema, aunque es preocupante, no es precisamente la razón de intranquilidad de los campesinos del territorio nacional, quienes viven su propia tormenta al vender su producción a las centrales mayoristas del país. Con precios determinados por el temperamento de los intermediarios y comerciantes, tan impredecible como el fenómeno del niño, y la incapacidad del Estado para controlar los precios (cuya caída esperada desde el año pasado no se ha trasladado debidamente a los consumidores), hacen de las centrales de abastos focos de injusticia, que no solo nos arrojan una breve perspectiva sobre lo que sufren día a día los pequeños y medianos productores de bienes agrícolas, sino que son una perfecta explicación de las distorsiones de mercado que ocurren en las centrales de abastos.

Mientras la ciudad duerme a la 1 de la mañana, el movimiento de las centrales de abastos de todo el país está en completo funcionamiento. Es la hora de trabajo más propicia, en la que el comercio agrícola, que abastecerá desde supermercados hasta pequeñas tiendas de barrio, puede trabajar sin interrupción. Los campesinos llegan a la central mayorista más grande de la capital, Corabastos, para vender su producción a los comerciantes de esta gran plaza de mercado, quienes a su vez, compran esta producción para ponerla a disposición de hipermercados y pequeños vendedores de la ciudad y zonas aledaños. Son cerca de 6.500 comerciantes los que intervienen en estos circuitos comerciales. Es un gran espectáculo de abundancia y sincronización cuyo resultado sólo se apreciará después de las 10 de la mañana cuando cada uno de los 10 millones de consumidores a quienes la cobertura alcanza, acuda a los supermercados y adquiera todos los productos.

Sin embargo, lejos de ser un perfecto ejemplo del funcionamiento de las fuerzas de mercado, en donde la oferta y la demanda se encuentran para concordar un precio y una cantidad que refleje las necesidades de los consumidores y productores, la situación es más preocupante de lo que parece.

Especulación y determinación de precios: distorsiones de mercado

Después de los episodios del año pasado, cuando en Septiembre se pronosticó una disminución de los precios de los bienes agrícolas como consecuencia de la crisis económica y de las altas tasas de desempleo en todo el territorio, los consumidores esperaban ser los ganadores de la jornada al ver más holgados sus bolsillos. Sin embargo, tales disminuciones no llegaron como se esperaban; al parecer las grandes superficies (hipermercados) y los intermediarios (molinos y pasteurizadores) sólo trasladaron al consumidor un 17.3% de la caída en los precios, comparado con bajas de hasta 50% de los precios afrontados por los agricultores. Era el momento para preguntarse porqué se permitían situaciones en las que los agricultores pagaran el precio de una baja demanda de alimentos, mientras las grandes superficies se quedaban con toda la tajada del ponqué que dejó la breve coyuntura.

Con esta advertencia inició el primer semestre de 2010,  y aún con una serie de medidas reguladoras de los molinos para cereales en el país, siguen presentándose diversas denuncias de campesinos que alegan ser víctimas de los comerciantes y los intermediarios, quienes, en el mercado de bienes perecederos,  optan por decidir los precios a su antojo. La jornada se convierte entonces en un suplicio, que queda a merced de la especulación generada por la actividad irregular de los comerciantes y mayoristas. Especulación que deja como único resultado pagos irrisorios a los campesinos por parte de los comerciantes con alto poder de compra de todas las cosechas a lo largo del territorio nacional.

Tanto Luis Hernando Ríos de la oficina de prensa de Corabastos, como el presidente de Fenalco, consideran que los comerciantes no tienen la culpa de estas distorsiones. La explicación está en los inventarios acumulados con anterioridad a más altos precios, que no permiten un reflejo más preciso de su fluctuación. De otro lado, Corabastos explica que las distorsiones son meramente mediáticas y que son los periodistas quienes alarman más de lo debido al consumidor sobre los precios de los alimentos. Sin embargo, esta justificación es bastante cuestionable, pues para que tal fenómeno fuera cierto, habría que tenerse inventario de todos los productos, situación que en ningún mercado se presenta.

Factores preocupantes

Es realmente un ambiente no apto para menores, pero para menores productores, quienes al no tener un alto poder de mercado caen en un círculo vicioso, que no está regulado y del que es difícil salir victorioso. En todo caso, y sin ánimo de demeritar la pesca indiscriminada de tiburones y el salvamento de las islas Malpelo, el gobierno de Colombia tiene muchos más problemas que resolver antes y entre ellos, en primer lugar, se encuentra contrarrestar su evidente incapacidad para controlar el poder de los monopolios y los intermediarios, que impiden el normal funcionamiento del mercado de bienes agrícolas y su desarrollo, al controlar de manera tan flagrante los precios.

Fruto de nuestras excelentes relaciones con el país vecino durante todo el 2009 y el primer semestre de 2010, la determinación de precios es aun más adversa. Desde el momento en que se cortaron todo tipo relaciones diplomáticas y comerciales con la República de Venezuela, los más afectados han sido, no sólo los comerciantes de artículos manufacturados presentes en la frontera, sino los productores de regiones cercanas que abastecen esta misma área. Y, dado que ni Corabastos, ni ninguna central mayorista del país, tiene la suficiente infraestructura de almacenamiento a largo plazo, cerca del 91% de la producción de esa región a mediados de Julio del presente año, se ha perdido, conllevando a grandes menoscabos del sector agrícola de Santander y Boyacá, departamentos que surten la región fronteriza con el vecino país. Aún hoy, después del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, sigue resentido este sector.

Lo que es claro, es que el campesino no es quien tiene la sartén por el mango. Tanto el ministerio de agricultura, como las diversas asociaciones de mayoristas del país, a quienes se suma la creciente demanda de tratados de libre comercio, recomiendan la importancia de fomentar las asociaciones gremiales y de campesinos. Esto quizás, sería la única arma de estos últimos para contrarrestar el poder de los mayoristas, comerciantes y de grandes superficies (más aún cuando se aprecia que el 46% de la comercialización de alimentos en el país se hace a través de estos grandes medios comerciales); Además de ser una herramienta útil para lograr estándares de calidad mínimos que no son el común de los productos agrícolas en el país. Definitivamente llueve este añopara los agricultores del país.

Bibliografía

http://www.ellibrepensador.com/2010/04/09/en-el-primer-trimestre-de-2010-los-precios-de-los-alimentos-bajaron-un-65-respecto-al-mismo-periodo-del-ano-anterior

http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-3652212