Economía, ambiente y sociedad: minería a gran escala como referente

Por: Germán Andrés Quimbayo Ruiz

La demanda de bienes y servicios bajo una estricta lógica de consumo desmedido y acumulación de capital nos ha conducido a eso que algunos llaman “crisis ambiental”, y que curiosamente coincide con una crisis económica del capitalismo. David Harvey afirma que “…decir que la escasez [de recursos naturales] reside en la naturaleza y que los límites naturales existen, es ignorar cómo esa escasez es socialmente producida y cómo los ‘límites’ son una relación social dentro de la naturaleza [incluyendo a la sociedad humana], en lugar de ser una necesidad externamente impuesta”.

Por su parte, Daniel Botkin afirma que los procesos de vida en el Planeta son una “armonía discordante”, en mi concepto, compleja de comprender cuando prima la acumulación del capital en nuestra relación con la naturaleza. Ecología y economía tienen en común el prefijo eco (oikos) que significa: casa. Está bien estudiar y administrar esa casa llamada Tierra, pero mejor que eso, es comprender cómo se ha manifestado en el espacio y en la realidad nuestra ignorancia frente a la naturaleza. Los problemas ambientales no son más que un asunto de distribución de recursos y de poder sobre la naturaleza, la biodiversidad y los mismos seres humanos.

El reciente caso del derrame de petróleo en el Golfo de México es ya una suficiente y penosa muestra de cómo el afán de acumulación y consumo pueden desembocar en una gran catástrofe socio-ecológica, y como éste, existen muchos ejemplos sobre conflictos ambientales que coinciden (no por casualidad) con un interés inusitado de sectores políticos y económicos muy poderosos en torno al tema ambiental.

Hoy Colombia se perfila como un “país minero”. El presente y futuro impacto de megaproyectos mineros (especialmente de petróleo, oro y carbón) está propiciando importantes expectativas para la generación de capital y desarrollo de inversión extranjera en el país, iniciativas apoyadas fuertemente por el Gobierno nacional. Sin embargo, este tipo de proyectos y sus prácticas asociadas, son ampliamente reconocidos por generar serias inequidades sociales y ecológicas, sin contar además, que los recursos mineros son finitos y no renovables.

Hablar de minería a gran escala en el país, es hablar de una actividad que a futuro y si no se toman las medidas suficientes, traerá más impactos negativos que positivos. Estos megaproyectos deben cimentarse sobre un programa de desarrollo social más amplio, de largo plazo y justo, que reconozca la complejidad biofísica del territorio. No se justifica un despojo socio-ecológico solo porque la acumulación de capital represente un anhelado desarrollo económico, el cual, podría considerar también que el bienestar tanto social como ecológico, son válidos.

Nota: Esta obra cimienta un interesante enfoque dentro de la geografía contemporánea llamado New Ecology o Nueva Ecología. Este enfoque permite analizar de una forma más adecuada nuestra relación con la naturaleza. Es así que, por ejemplo, el entorno no es un escenario fijo, y a su vez, la sociedad establece relaciones de poder con los factores biofísicos.

Bibliografía

David Harvey. 1996. Justice, nature and geography of difference. Malden: Blackwell Publishing. Pág. 147.

Daniel Botkin. 1990. Discordant harmonies: a new ecology for the twenty-first century. New York: Oxford University Press.