ENTREVISTA A JUAN CAMILO CÁRDENAS

Camilo Mateus

Estudiante de Economía e Ingeniería Industrial

Universidad de los Andes

jc.mateus418@uniandes.edu.co

Twitter: @jcmteusg


María Fernanda Rodríguez

Estudiante de Economía

Universidad de los Andes

mf.rodriguez14@uniandes.edu.co

 

Imagen de: https://goo.gl/images/9SCUkk

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Juan Camilo Cárdenas, decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, Ph.D. en Economía Ambiental y de Recursos de la Universidad de Massachusetts Amherst, habló con la Revista Supuestos sobre la economía del comportamiento y cómo esta puede ser aplicada en diversos campos de interés en la actualidad.

 

¿Qué lo motiva a ser profesor?

La posibilidad de construir espacios de diálogo con estudiantes que me sirvan para mis investigaciones, y que mis investigaciones puedan permear y contagiar a estudiantes a seguirse preguntando el porqué del funcionamiento de la sociedad.

 

 

Usted es egresado de Ingeniería Industrial de la Javeriana, ¿en qué momento decide volverse economista?

Hacia el final de mis estudios de pregrado ocurren varios sucesos como la Toma del Palacio de Justicia, el exterminio de la Unión Patriótica, el asesinato de cuatro candidatos presidenciales y la impotencia al viajar a Armero un año después a tratar de aplicar mis conocimientos de ingeniería industrial y darme cuenta qué pocas herramientas tenía para enfrentar esta confluencia de dificultades para el país. En esos años, escuché a un economista a quien admiré en ese momento y que expresaba lo peligrosa, por poderosa, que era la Economía como disciplina. Si era una disciplina poderosa y peligrosa, algo interesante tenía que tener, y por ahí comencé a leer más de economía.

 

¿Por qué se inició en el campo de la economía del comportamiento?

Mi llegada al campo de la economía del comportamiento vino de uno de mis mentores en el doctorado, Samuel Bowles, quien desde la teoría de juegos estaba explorando por qué la economía política tenía elementos valiosos para explicar resultados sociales indeseables, uno de los cuales era el problema de la acción colectiva, centro de mi tesis doctoral. Mi experiencia haciendo trabajo de campo en zonas rurales de Colombia, antes del doctorado, me decía constantemente que el modelo de comportamiento que teníamos en los textos de economía era bastante miope, precario y simplista, pero, sobre todo, poco realista.

 

¿Cómo se puede estudiar el manejo de los recursos públicos mediante la economía del comportamiento?

Los humanos tenemos un complejo manejo de prioridades entre el bien común y el interés individual. Es muy maleable a cambios del entorno, a los incentivos, a las instituciones. Comprender cómo esos condicionantes determinan la posibilidad de cooperar o no en el manejo de recursos naturales de uso común fue el centro de mi tesis doctoral y que ha derivado en varios artículos, y mi libro “Dilemas de lo Colectivo” que, de paso, se puede adquirir gratis en la página de nuestra facultad.

 

En cuanto a la discriminación racial, ¿qué resultados de los experimentos económicos que ha realizado ha podido observar dentro del mercado laboral en Colombia?

En un experimento reciente en Bogotá, enviando hojas de vida de ofertas laborales de puestos de trabajos con poca formación, estimamos que la probabilidad de una persona negra de recibir una llamada para entrevista baja de 19% a 9% con respecto a una persona blanca. Estamos trabajando también en un experimento para determinar la sensibilidad de la forma como se pregunta y qué opciones observan quienes son encuestados sobre su auto-identificación étnico-racial. Resultados preliminares sugieren que las opciones que se le dan a los encuestados pueden alterar significativamente la fracción de personas que podríamos clasificar como afrodescendientes y, por tanto, con implicaciones importantes para el Censo General de Población y Vivienda del 2018 que viene para el país.

 

Desde la economía del comportamiento, ¿cómo se puede aportar a la construcción de paz en Colombia?

La economía del comportamiento puede aportar a la explicación del por qué los sesgos de comportamiento se atraviesan en decisiones de los humanos, que en ocasiones los llevan a tomar decisiones perjudiciales para ellos o para la sociedad. Cuando los políticos apelan a las emociones de los individuos, éstos toman decisiones sesgadas que no les permite ver, por ejemplo, los retornos del bienestar común de largo plazo derivado de sacrificios o concesiones personales. Los sesgos intertemporales cortoplacistas, sesgos en la valoración subjetiva de pérdidas o ganancias y la aversión a la desigualdad son unos cuantos ejemplos de motivaciones que impiden que los individuos tomen decisiones más serenas. Por ejemplo, para aceptar políticas redistributivas necesarias para sacar adelante los acuerdos de paz.

 

Usted fue elegido como uno de los 30 líderes Semana en el 2014 por aplicar métodos innovadores de la economía para solucionar dilemas ambientales mediante la cooperación comunitaria. ¿Cuáles son estos métodos innovadores?

Esencialmente, el usar la economía experimental para construir espacios en que los individuos participen de una situación de toma de decisiones e interacciones sociales, en donde las acciones tienen consecuencias sobre ellos y sobre los demás. El proceso de prueba y error que se da dentro de un experimento va llevando a un aprendizaje individual y social que permite apropiaciones de conceptos o experiencias que a veces no se adquieren en el tablero de un aula o en un discurso en un taller con una comunidad.

Buena parte del mecanismo que logra este aprendizaje es que el juego permite que las personas incorporen el pensamiento estratégico en la racionalidad, es decir, “qué creo yo que hará el otro si yo tomo esta decisión, o incluso más sofisticado, qué creo yo que el otro cree que yo haré en el juego”. A medida que se va dando el juego, este proceso de prueba y error va generando una sincronía entre expectativas o creencias de cada participante sobre las interacciones sociales y sobre las consecuencias individuales y sociales. En ocasiones, estar en los zapatos del otro me permite ver esta interdependencia de acciones y resultados y permite construir espacios más productivos de diálogo y de búsqueda de soluciones colectivamente beneficiosas.

 

Como decano de la facultad de economía, ¿considera usted importante enseñar más sobre economía del comportamiento a los estudiantes? ¿Por qué?

Totalmente. Ya contamos en la facultad con un curso permanente que se ofrece en estos temas con bastante demanda; el tema aparece con regularidad en varias de las tesis de nuestros estudiantes doctorales y muchos de nuestros cursos del núcleo comienzan ya a tocar algunos de estos aspectos y fenómenos.

Es un proceso lento. Cuando yo regresé al país en el año 2000 el tema era esencialmente desconocido. Por varios años mi trabajo era visto como unos “jueguitos” y estos temas comportamentales seguían siendo vistos como anécdotas interesantes, pero no como algo estructural al comportamiento de los agentes económicos. En el año 2002, vino el premio Nobel de economía entregado a Vernon Smith y Daniel Kahneman, dándole un respaldo enorme a estos trabajos dentro de la ortodoxia económica y, de paso, logrando que el término de “jueguitos” pasara a “experimentos” y aumentara el interés en el país por el tema.

El premio Nobel de Elinor Ostrom del año 2009 continuó esta tendencia al mostrar el papel de estos aspectos comportamentales y sus interacciones con los institucionales para explicar por qué a veces las comunidades podían resolver problemas que el mercado o el Estado no podían resolver. Ya hoy existe una masa crítica de economistas en el país que trabajan desde la perspectiva comportamental para estudiar problemas en la salud, la educación, las finanzas, la reducción de la pobreza, los problemas ambientales y agrícolas, entre otros.  Gracias a todos estos esfuerzos de la economía del comportamiento tenemos una disciplina sustentada en un modelo más realista de la naturaleza humana. Comprender esa naturaleza nos permite profundizar más en las raíces de esas crisis y en las posibilidades para evitarlas o responder a ellas.