ENTREVISTA A FEDERICO GONZÁLEZ

Lina Ríos Ortiz

Subdirectora de Entrevistas

Estudiante de Economía y Derecho

Universidad de los Andes

lt.rios@uninandes.edu.co

 
Eliécer Zuleta Báez

Estudiante de Economía

Universidad de los Andes

e.zuleta11@uniandes.edu.co

 

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Economista Magna Cum Laude de la Universidad de los Andes, estudiante de la Maestría en Economía, ganador del premio a mejor estudiante universitario en 2016 y voluntario de la Fundación Con las Manos. En esta entrevista nos contó un poco sobre sus planes actuales, las implicaciones del premio que obtuvo, su perspectiva sobre la carrera, los consejos a quienes estudian ahora y su experiencia y recomendaciones en la promoción de equidad en Colombia.

 

Cuéntenos un poco acerca de usted

Me gradué en octubre del año pasado y ahorita estoy haciendo la Maestría en Economía PEG, estoy de asistente de investigación en el CEDE y dicto una complementaria de Econometría Avanzada. En este momento estoy tratando de aprovechar mi experiencia en “Con Las Manos” para hacer la evaluación de impacto de la fundación como tesis de maestría. Estoy haciéndola sobre esto porque me pareció una buena forma de usar la economía para aplicarla al estudio de una propuesta de solución real a un problema real. Además, me interesa la educación y he podido usar la Economía para aprender sobre este tema. 

Por otro lado, desde pequeño me he interesado por diversas cosas. Entre estas: el jazz, tenemos un grupo de jazz con unos exalumnos del colegio y nos reunimos una vez a la semana a tocar; el vóleibol, juego con el equipo de empleados de la universidad y estuve en el equipo de vóley playa de la universidad; y la lectura de ficción, una de mis pasiones que recientemente he dejado un poco de lado por la falta de tiempo.

 

¿Qué significó para usted haber ganado el premio Portafolio a mejor estudiante universitario en 2016? ¿Cuál es el impacto de estos premios en la sociedad de hoy en día?

Para mí fue una gran alegría, creo que fue un reconocimiento a una carrera en Economía que me gustó y en la que trabajé mucho. Me parece que los premios Portafolio tratan de premiar no solo el buen desempeño de empresas o personas en su respectiva labor, sino también que la finalidad de sus esfuerzos sea mejorar algo a su alrededor. Si premiar eso conduce a que esos esfuerzos se profundicen y se contagien, me parece que se hace una buena labor al reconocerlos.

 

Con respecto a la carrera quisiéramos saber: ¿qué opina sobre la tesis de que los economistas somos únicamente lectores del pasado?

Creo que en realidad casi todas las ciencias son lectoras del pasado, ya que la forma de sugerir o decir algo sobre el futuro es inevitablemente observar el pasado y esa característica se le puede otorgar casi a cualquier disciplina. Tal vez la crítica a los economistas es que su lectura del pasado no les sirve para predecir el futuro. Sin embargo, creo que la economía tiene uno de los objetos de estudio más complejos a los que un pensador se puede enfrentar, puesto que estudia sistemas sociales cuyos agentes de por sí ya son difíciles de reducir a unas leyes. La economía intenta analizar las interacciones complejas y cambiantes de agentes que a su vez complejos y cambiantes, y por eso creo que la economía no puede tener respuestas totales ni definitivas.

Pero no por eso está impedida de decir cosas relevantes para el futuro. Por ejemplo, la economía cada vez más se preocupa porque la teoría tenga una conexión con la práctica, esto se ve en el auge reciente de la econometría. Los economistas están cada vez más interesados en probar si sus teorías se cumplen en la realidad. Por supuesto, esto se hace usando datos de un momento específico en el pasado y, como ya dije, el objeto de estudio de la economía es complejo y cambiante… Los resultados no son fácilmente generalizables a todo momento y contexto. Por eso la economía necesita, creo yo, de aprendizaje constante.

 

Dado que el tema de la revista este semestre es la economía del comportamiento o de la cotidianidad, queremos saber para usted cuál es la importancia que tiene la economía en nuestro día a día.

Gracias a la economía del comportamiento hemos tenido una mejor comprensión de cómo toman decisiones los individuos. Entre otras cosas, los economistas del comportamiento han aprendido de la psicología que la racionalidad de los individuos es limitada.  En palabras simples, que las decisiones y cálculos humanos están sujetos de errores de cálculo o a atajos. Estos errores o atajos a veces son sistemáticos, entonces se pueden estudiar y pueden servir para hacer más realistas los modelos económicos. No obstante, creo que más allá de eso, aprender sobre cómo los individuos tomamos decisiones también le enseña mucho a los economistas sobre sí mismos. En las oportunidades que he tenido de leer y aprender sobre economía del comportamiento, fácilmente termino pensando en cómo yo tomo decisiones, y me veo identificado con sesgos y patrones psicológicos.

Por ejemplo, hace poco me contaron de un experimento desarrollado por Andrés Moya en una clase de la Universidad. El experimento consistía en tener dos grupos: a un grupo le ponen a recordar unos números específicos, que son relativamente sencillos, y al otro grupo le ponen a recordar unos cálculos mucho más difíciles, largos y en mayor cantidad. Ambos grupos debían recordar la información durante cierto tiempo. Justo después de esto les ponen a tomar la decisión de si comerse una manzana o un Chocorramo. Lo que se encuentra es que los que están más cargados cognitivamente con cálculos más complejos tienden a elegir más el Chocorramo que la manzana.

Cuando uno elige comerse un Chocorramo, en vez de una manzana en la tarde, seguramente no piensa en nada de esto. Pero si uno conoce los resultados de ese experimento, puede que caiga en cuenta de que eligió el Chocorramo justo porque era una semana muy ocupada, llena de parciales… Patrones como estos, de decisiones cotidianas, nos pueden decir mucho sobre cómo el contexto en el que se encuentran las personas influencia sus decisiones y, por ende, su calidad de vida.

Lo anterior también puede conducir a preguntas sobre la vida universitaria. Yo siempre he creído que los estudiantes fácilmente nos comprometemos con una carga académica que está por encima del óptimo. En mi caso personal, y observando las experiencias de la mayoría de mis compañeros a lo largo de la carrera, uno siempre está tratando de hacer “catch-up” con el semestre, con los temas de cada materia, etc. Finalmente, esto lo que hace es que uno se sature y tenga, como en el experimento, una alta carga cognitiva que no le permite tomar las decisiones correctas ni absorber de manera adecuada toda la información que se le provee.

 

¿Cuál es el consejo para aquellos estudiantes que se encuentran actualmente estudiando economía?

Mi primer consejo, sobre todo para aquellos que se encuentran de quinto semestre para abajo, es que tengan paciencia, porque se encuentran cerca de un punto de quiebre. En esos semestres es un poco difícil ver la economía de una forma aplicada, uno simplemente acumula herramientas para poder resolver preguntas y problemas posteriormente. Mi segundo consejo, que yo hice ya un poco tarde, es tratar de construir puentes con personas que le den a uno una visión de lo que viene después y también con personas con las que uno pueda compartir sus críticas frente a la carrera. Compartir con esas personas le ayuda a uno a resolver sus dudas y a entender por qué estudia lo que se estudia.

 

Ahora bien, conforme a su experiencia en la Fundación Con las Manos ¿Qué nos diferencia de las demás profesiones a la hora de crear y ejecutar estas propuestas?

Creo que los economistas somos escépticos, en un buen sentido, a la hora de proponer proyectos sociales. Digo escépticos por dos razones. Primero, nos interesa tener cierta seguridad de que la iniciativa social en la que participamos sí está cambiando las cosas, sí está mejorando algo. Además de la intención por mejorar las cosas, que es muy importante, también consideramos importante poder medir el impacto de las iniciativas. Y ojalá poder medirlo de forma que podamos afirmar que los cambios se deben a esa iniciativa social y no a otras cosas. Un ejemplo de la importancia de esto en el contexto educativo, es que muchas veces se asegura que alguna institución educativa es buena porque, por ejemplo, sus egresados tienen buenas posiciones o ingresos, pero a la hora de evaluar esto uno podría encontrarse con que ese éxito no se debe totalmente a la calidad de la enseñanza de la institución educativa sino a condiciones preexistentes de quienes estudian en ellas.

La segunda forma en la que los economistas somos autocríticos al proponer y ejecutar iniciativas sociales es que usualmente pensamos en los efectos secundarios que pueden tener. No me quiero poner muy técnico, pero pensamos un poco en términos de equilibrio general: aunque una obra social tenga un buen efecto en cierta dimensión, de manera indirecta podría estar empeorando otra, y eso hay que tenerlo en cuenta. Todo este escepticismo del economista, creo yo, ayuda a que las propuestas sociales se diseñen y lleven a cabo de una mejor manera.

 

Conforme a la situación colombiana ¿Qué mecanismos considera usted son eficientes a la hora de promover una sociedad más equitativa?

Desde mi perspectiva personal, creo que hay dos cosas fundamentales: mejorar la educación y reducir la corrupción. En particular, creo que es muy importante mejorar la calidad de la educación, ojalá empezando donde sea hoy más baja y desde edades tempranas. Me parece que, si el objetivo es reducir la desigualdad, no es suficiente ofrecer educación de calidad en edades tardías, según un criterio meritocrático. Quienes llegan al final de la adolescencia con más capacidades, en parte las adquirieron porque se han esforzado, pero también en parte porque nacieron y crecieron, por azar, en unas condiciones más favorables que otros. Programas como “Ser Pilo Paga” presentan avances muy importantes, sin embargo, creería que no son una solución definitiva. Entre los estudiantes que cumplen el requisito de SISBEN para participar en SPP hay diferencias socioeconómicas y en habilidades. Lo ideal sería poder darle enseñanza de calidad no solo a los más pilos entre ellos, sino también a los que, por condiciones externas, tienen menores capacidades y ojalá lo más temprano posible en sus vidas, antes de que las desigualdades sean irremediables. No obstante, tener calidad educativa para todos y desde temprano es costoso. Ese es un ideal que requiere muchos recursos… De ahí que la segunda cosa fundamental sea reducir la corrupción.