ENTREVISTA A LEONARDO VILLAR

Rafael Mosquera
Miembro Subdirección de Contenido y Logística
Estudiante de Economía y Derecho
Universida de los Andes
re.mosquera@uniandes.edu.co

Santiago Torres
Miembro Subdirección de Contenido y Relaciones Públicas

Estudiante de Economía
Universidad de los Andes
s.torres@uniandes.edu.co

 Fuente: W Radio, 2013.

Fuente: W Radio, 2013.

Nos dimos a la tarea de charlar con Leonardo Villar economista y Mágister en economía de la Universidad de los Andes; Magister y PhD. en economía de London School of Economics. Entre otros cargos Leonardo se ha desempeñado en posiciones directivas en entidades como CAF, Bancóldex y Fedesarrollo. En el sector público ha tenido cargos como viceministro de Hacienda y ha sido miembro de la Junta Directiva del Banco de la República. A continuación un poco de la entretenida conversación sobre su trayectoria y la coyuntura macro de la región.

¿Qué lo motivó a estudiar economía?

Desde el colegio tenía un interés grande por temas económicos; en esa época el marxismo era un tema de mucho interés y mi caso personal lo fue, y parte del planteamiento marxista era que la economía permitía explicar buena parte del desarrollo social y de la historia. Yo empecé por ahí y tenía adicionalmente la consideración de que la economía me permitía unir un interés muy grande por las ciencias sociales con un gusto bastante fuerte que tenía desde el colegio por las matemáticas.

 ¿Por qué los Andes?

 La Universidad de los Andes siempre tuvo un mayor prestigio y ofrecía las mejores posibilidades para estudiar economía; en ese momento la Nacional también era una excelente universidad pero se enfrentaba a muchos problemas de cierres, que hacía difícil estudiar allí de manera continua. Lo cierto es que me siento muy satisfecho de haber podido escoger los Andes y haber podido estudiar en esa institución.

¿En retrospectiva, volvería a tomar esa decisión?

 Sin duda, volvería a cursar tanto el pregrado como la maestría en los Andes.

 ¿Qué fue lo que más impacto le generó durante su trayectoria como estudiante de economía en la Universidad de los Andes?

 Bueno, tuve un grupo muy activo de compañeros, entre los que siempre existió una discusión muy intensa sobre diversos temas. Dada la época, el tema político era muy relevante, y en alguna medida como grupo fuimos muy activos. Durante mi primer semestre se presentó una huelga en la universidad y mis compañeros terminaron participando de la misma. En retrospectiva, puede que no haya sido una actitud muy constructiva, pero sí fue algo que nos permitió ver los temas de la universidad, políticos y sociales, como algo que realmente nos interesaba y nos llevaba más allá del objetivo de simplemente pasar unos cursos. Por otro lado, tuve unos excelentes profesores en la universidad de los que aprendí mucho y con muchos de los cuales he venido trabajando después.

 ¿Considera usted que el pensum actual del pregrado en Economía es tan bueno como el que usted cursó?

 Entiendo las razones de haber modificado el pensum y de haber bajado la duración del programa; pero extraño la obligatoriedad de ciertas materias como política fiscal, política monetaria, desarrollo económico que permitían ver la economía de una perspectiva más integral y más relacionada con otras disciplinas.

 Coyuntura

 ¿Teniendo en cuenta su paso por la revista Coyuntura Económica, siente que dicha trayectoria ha tenido un aporte significativo en su carrera profesional?

 Sin duda. Después de que salí de los Andes en 1983, me vine a trabajar a Fedesarrollo. Aquí trabajé como investigador y analista en Coyuntura Económica que era una revista muy influyente, conocida y distinta a la actual en el sentido en que la actual es más académica y la de ese momento era de análisis de estudios de coyuntura. Ahí aprendí muchísimo; trabajé muy de cerca con personas como José Antonio Campo, Carlos Caballero, Guillermo Perry, Juan José Echavarría, y eso me brindó unas oportunidades enormes. Estuve estudiando y cuando regresé me ofrecieron ser codirector de Cultura Económica con Eduardo Lora y cuando Eduardo se retiró de Coyuntura, yo seguí con la revista durante un tiempo. Realmente fue una manera de meterme en el análisis de coyuntura, valga la redundancia.

 Colombia

 El banco de la republica pronosticó un crecimiento del 1,6% para todo el año. Tomando en cuenta esto, cuál es su perspectiva sobre el crecimiento de este año; cree usted que volveremos a ver crecimientos del 3% y del 4%?

 Aquí tenemos una expectativa de crecimiento bastante parecida a la del Banco de la República, ligeramente superior ya que la estamos proyectando al 1,7% y para el año entrante un 2,4%. Es importante anotar que, si bien esta es una cifra muy baja, el hecho de crecer un 1,7%, si es lo que logramos, implicaría que el segundo semestre sería considerablemente mejor que el primero pues implicaría que en el segundo semestre que crecimos a ritmos de más del 2% con respecto a un año atrás, y en ese sentido se habría cumplido con la idea de que ya pasamos el peor momento de la economía tras un shock que tuvo magnitudes históricas. Aquí hemos destacado mucho que la caída en el valor de las exportaciones que se presentó en los últimos años es comparable solo con la que hubo en la Gran Depresión de los años 30 o en la guerra de los 1000 días. En los 3 casos la caída en un periodo de 4 años ha sido alrededor del 45% al 50% que no se ha visto en otros momentos. Afortunadamente en esta oportunidad pudimos mantener un financiamiento interesante,  en parte gracias a la coyuntura internacional de mucha liquidez, y en parte debido a  que Colombia logró mantener su credibilidad en cuanto a la política macroeconómica. Por eso, a pesar de un shock de semejante magnitud, lo que hemos tenido es una desaceleración importante, pero que no ha conducido a una recesión  y que de todas maneras nos ha permitido seguir creciendo a ritmos superiores a los de la mayor parte de países de América Latina.

¿Esa liquidez que mencionaba tiene que ver con la crisis del 2008 que enfrentó el mundo?

 Esa liquidez tiene que ver con que los países avanzados se encuentran todavía tratando de recuperarse del shock del 2008 y de las dificultades que han tenido después, y por eso han mantenido la política monetaria anormalmente expansiva. Esos países siguen siendo el eje financiero mundial; aunque cada día la actividad productiva se mueve más hacia otros países, como es el caso de China que se volvió la segunda economía mundial, a nivel financiero, Estados Unidos, Europa y Japón siguen siendo el centro financiero y por lo tanto la política monetaria que se hace allá termina definiendo en buenas medidas internacionales.

¿Cree que vamos a volver al crecimiento del 3 y del 4% como lo hicimos durante la bonanza?

Yo creo que podremos volver a crecimientos de entre 3 y 4%, pero desafortunadamente, no creo que volvamos a ver crecimientos más altos que estos, que llegaron a ser del 5% en un momento. La capacidad de crecimiento de la economía se reduce por muchas razones, por un lado porque  el ritmo de crecimiento de la población en edad de trabajar se viene disminuyendo de manera muy importante, y por otro lado porque durante el periodo del auge pudimos aprovechar, no solo  que la población en edad de trabajar creció mucho sino que partíamos de una situación de alto desempleo y  pudimos reducir la tasa de desempleo a niveles inferiores al 10%. Lamentablemente  hacia el futuro esos factores no van a estar y lo que necesitamos es ganar mucho en productividad, aprovechar mucho el aumento en stock de capital que estamos logrando a través de niveles altos de inversión, pero no va a ser fácil que se den crecimientos tan altos de la economía. Además  enfrentamos una restricción grande para crecer, al menos en el corto plazo, y es que tenemos un déficit de cuenta corriente importante, y un mayor crecimiento impulsaría más las importaciones y podría incrementar ese déficit que todavía está en un límite que genera restricciones al crecimiento. El ajuste externo ha sido más rápido de lo previsto: empezamos en 2015 con un déficit de más de 6,4% del PIB en la cuenta corriente de la balanza de pagos, y para este año ya estamos bajo del 4%, pero buena parte del ajuste que hemos logrado es a partir de una contracción de las importaciones asociada a un bajo crecimiento; acelerar el crecimiento en las situaciones podría volver a aumentar ese déficit y enfrentarnos con dificultades de financiamiento. De esta manera, para crecer a futuro debemos encontrar fuentes de divisas producto de importaciones, que desafortunadamente hoy no se ven y las que puedan surgir de la agricultura y la industria se han demorado mucho más de lo previsto a pesar de la devaluación. Además, las divisas que podrían venir del petróleo y la minería desafortunadamente están frenadas e incluso se ha generado un ambiente de opinión muy adverso a esos sectores, fenómeno que nos puede costar mucho en términos de desarrollo.

Tomando en cuenta el factor que usted menciona sobre la devaluación, ¿Cree usted que el sector exportador ha logrado aprovechar el actual precio del dólar?

 Es difícil saber que ha pasado en el caso de la industria y de la agricultura; se esperaba que ante la depreciación del precio que se produjo después de la caída del precio de petróleo se impulsaran esas actividades. Desafortunadamente, la caída del precio del petróleo y la depreciación del peso coincidieron con la crisis venezolana y las restricciones en Ecuador que eran  nuestros principales compradores de productos diferentes a commodities. Sin embargo, todavía hoy sorprende ver que las exportaciones con Estados Unidos no despegan y que algunos sectores de la producción nacional no pueden competir de manera consistente con las importaciones. Esto se puede deber en parte a que durante  un periodo largo la competencia se hizo difícil por la apreciación, pero cada vez creo más que esa disculpa es menos válida. Por ejemplo en el caso agropecuario se ven señales de mayor respuesta de dicha actividad; no obstante,  buena parte de los problemas surgen del hecho de  que durante mucho tiempo la política se concentró en proteger la actividad agropecuaria de la competencia internacional con aranceles y con subsidios directos a los productores en lugar de proveer bienes públicos como distritos de riego, investigación y carreteras terciarias que faciliten el acceso a insumos y la sacada de los productos.

En el caso de la industria es algo mucho más difícil de entender, pero creo que es importante que la política se enfoque mucho más hacia ser capaces de desarrollar productos capaces de competir; nos hemos quedado en muchos sectores con el discurso de que entra contrabando. Esto se discute mucho en el mercado del calzado y de confecciones, cuando la verdad es que al salir del país los productos son mucho más baratos, y esto sugiere que el problema no es que estén entrando productos de contrabando, con condiciones distorsionadas, y supuestos lavados de activos, hechos que son mencionados con mucha frecuencia. El problema es que nos hemos quedado en actividades que solo son competitivas si se tienen salarios muy bajos y hoy en día es imposible competir con los salarios de Camboya o de Vietnam, y por lo tanto tenemos que movernos hacia actividades que generan más valor agregado, que tengan más innovaciones, y  más diseño. Tomando en cuenta esto, las empresas que han entrado con fuerza haciendo caso a ese criterio están compitiendo bien, pero hay muchas otras que no lo hacen de esa manera y pretenden competir contra los productos asiáticos. Simplemente a partir de barreras a la importación, pues están perdiendo espacio, a pesar de la devaluación tan fuerte que tuvimos durante los últimos años.

 ¿Considera usted que la falta de diversificación en el sector productivo es consecuencia de un empresariado poco innovador?

 Es muy difícil culpar a los empresarios; ellos se mueven por sus propios intereses y buscan su propia rentabilidad, y lo más importante es crear las condiciones para que en esa búsqueda los empresarios le ayuden al país. Los empresarios típicamente no se mueven por altruismo, sin embargo, creo que sí es muy importante que la política pública facilite la innovación, el movimiento de recursos, la mano de obra entre sectores y subsectores, y permita por esa vía premiar a los empresarios que se muevan a los sectores que son altamente competitivos y eventualmente facilite la salida de actividades y de empresas que están en sectores que no pueden competir.

Con alguna frecuencia los gremios se dedican a defender actividades que tienen baja competitividad y bajo esos ideales terminan restringiendo la capacidad de nuevas actividades de entrar  a competir, tanto para sustituir importaciones como para ser capaces de exportar al resto del mundo. En este sentido la innovación es importante pues la competencia internacional es fundamental. Nosotros no podemos seguir creyendo que podemos desarrollarnos a punta de protegernos de la competencia externa y en ese proceso de ver las actividades productivas como algo en lo que tenemos que competir con el resto del mundo es muy importante un cambio de actitud de los gremios

 ¿Cree usted que se han visto impactos reales ante la bajada de la tasa de interés que viene desde diciembre de 2016?

 Sin duda, hay impactos importantes; la tasa de interés es muy poderosa, pero hay que tener en cuenta que  los impactos sobre la actividad productiva y sobre la demanda agregada se sienten con un  rezago. Los cálculos que siempre conocí sobre la duración de ese rezago es que en promedio es del orden de 6 a 9 meses para ver el impacto pleno sobre la actividad productiva y la demanda  agregada. Además, el rezago para tener impacto sobre la inflación es aún más largo, pero en ese sentido, creo que la reducción que se pudo hacer en la tasa de interés entre diciembre y agosto gracias a la caída en la inflación, se va a sentir en la demanda agregada y en la mejora de actividad productiva en el segundo semestre y a lo largo del año entrante. Eso hace que seamos relativamente optimistas en el sentido de pensar que lo peor del proceso de ajuste ya pasó, que en el segundo semestre vamos a estar creciendo a ritmos superiores del 2%,  lo cual no impide que promedien en el año la tasa de crecimiento sea del 1,7% y que en el próximo año se promedie al 2,4%. Mientras la inflación lo permita, podrá seguir disminuyendo la tasa de interés, pero cabe preguntarse si no es necesario realizar ajustes más estructurales.

 ¿Dada esta política monetaria, se han visto cambios reales en la economía, o los bancos privados han demorado dichos impactos?

 En realidad creo que no ha habido una demora típica; normalmente cuando se producen cambios en la tasa del banco de la república, que es una tasa a un día, las tasas a plazo se empiezan a reducir lentamente. Por ejemplo, los CDT’s a 3 meses se reducen más rápido que las tasas de los créditos que son a 3 años.  Ese proceso creo que se está dando de manera normal.

En cualquier caso, ya en agosto y septiembre se puede notar que las tasas de interés de los créditos consumo se están reduciendo, y con seguridad el ambiente de mayor liquidez que se ha ido generalizando con la reducción de la tasa del banco de la república va a ayudar a un mejor comportamiento del crédito en general y en esa medida aumentará la actividad productiva.

Con miras a las elecciones presidenciales del 2018, ¿qué debería primar en la agenda política con respecto al ámbito económico? ¿cuáles son las más urgentes políticas macroeconómicas que debe adoptar el país?

 Creo que hay tres grandes temas que yo mencionaría siendo injusto con muchos otros. El primero es la búsqueda del mecanismo para recuperar el dinamismo económico, donde pienso que debemos  facilitar un mayor desarrollo del sector agropecuario que es un sector en el que nos hemos quedado terriblemente rezagados, incluso en contextos de Latinoamérica, durante los últimos 20 o 25 años. Además debemos enfocarnos en impulsar el desarrollo petrolero y minero, ya que si perdemos esa fuente de divisas y recursos fiscales va a ser difícil que podamos crecer a ritmos superiores al 3%.

El segundo gran tema es ajustar las finanzas públicas: creo que este gobierno ha hecho un ajuste razonable en reducir el gasto y de aumentar los impuestos, a pesar de los costos políticos que eso tiene, pero lo ha hecho de una forma que no es suficiente y que va a causar dificultades en el 2019. Aunque el aumento del IVA permitió compensar parcialmente la caída petrolera, este hecho se vio acompañado de una decisión, que es  muy positiva desde un punto de vista, pero que tiene dificultades y tiene que ver con bajar de manera muy sustancial la tarifa de impuesto de renta corporativa para las empresas. Esa reducción de la tarifa de renta corporativa que bajaría de un nivel que estaba previsto en un 43%, a un 33%,  es muy positiva desde punto de vista de la competitividad y es algo que había recomendado  la comisión de expertos para la reforma tributaria; sin embargo hacer eso tiene un costo fiscal y lo que se había dicho es que era necesario establecer un impuesto a los dividendos, como el que existe en Estados Unidos, Europa o la mayoría de países latinoamericanos de características como las nuestras; sin embargo esto no ocurrió, y además tampoco se usó la recomendación principal que era aumentar las fuentes de recaudo sobre el impuesto de renta personal.

La idea que había era que teníamos que movernos de un sistema tributario donde el impuesto de renta en Colombia se concentra totalmente en el impuesto que pagan las empresas a un impuesto de renta que sea pagado por las personas y por lo tanto pueda ser mucho más progresivo. En Colombia el impuesto de renta de las personas naturales está concentrado en la clase media; las personas de niveles realmente altos de ingresos no pagan impuesto de renta porque no hay impuestos a los dividendos ni a las ganancias del capital, y el nivel a partir el cual se paga el impuesto de renta es excesivamente alto en Colombia, lo que facilita mucho la evasión. De esta manera hay un rango muy alto de personas que pueden ser tanto personas de clase media como empresas que a través de la figura de pagos a personas que pagan 4 o 5 millones de pesos no pagan ningún impuesto de renta. Esto hace que Colombia tenga una muy mala tributación del impuesto de renta a personas naturales, hecho que no se corrigió de manera sustancial en la reforma del 2016 y por lo tanto va a ser muy difícil financiar la reducción de impuestos de renta corporativas. Esto se va a enfrentar entre el 2018 y 2019 puesto que en el 2016 se mantenía temporalmente una sobretasa de impuesto de renta corporativa que en la práctica mantuvo la tarifa en el 40% para el 2017 y en 37% para el 2018, pero baja a 33% en 2019. Esa reducción va a ser muy difícil de hacer en la práctica si no se hacen otros ajustes que suplan la reducción de renta que se generaría por esa causa. Entonces el gobierno que entre se va a encontrar el dilema de frenar la caída del impuesto de renta corporativa, lo cual sería perjudicial para la competitividad o buscar otra fuente de recursos, ojalá eliminando exenciones y aumentando el impuesto de renta personal.

 El tercero es pensar en el largo plazo y tiene mucho que ver con la cobertura del sistema de pensiones y en términos más generales, de los sistemas de apoyo económico para la vejez; este es un tema que se nos está viniendo muy rápidamente, pues la perspectiva es que si hoy tenemos más de 5 millones mayores de 60 años vamos a tener más de 14 millones de personas de esa edad en unos 20 o 25 años y el sistema actual de pensiones solo le da pensiones a cerca del 23% de las  personas mayores. Si no enfrentamos este tema, la” bomba social” que tenemos por delante es de dimensiones enormes, y si no lo enfrentamos bien, la respuesta que se dé en ese momento puede generar una crisis fiscal.

Creo que uno de los grandes retos que tiene el gobierno que viene es hacer una reforma pensional que nos despeje el panorama desde el punto de vista no solamente fiscal, el cual no es tan grande en este momento precisamente porque la perspectiva es que el sistema actual no cubre a las personas mayores, sino resolverlas desde el punto de vista del problema social que tiene por delante.

¿Y qué soluciones considera usted que tenga el sistema pensional?

 Colombia tiene una edad de jubilación muy por debajo del promedio. Las mujeres están en 57 años y los hombres en 62, cuando lo típico en países europeos es 65 años para hombres y mujeres. En Perú tienen 65 años como edad de jubilación, aunque  hay países que tienen tasas más parecidas a las de Colombia, algunos incluso inferiores como Brasil, que se está enfrentado a una crisis de dimensiones colosales, en buena medida por cuenta de un régimen pensional que le genera un desfase fiscal del orden del 10% del PIB . En este sentido hay un espacio para ajustar ese tipo de parlamentos como la edad de jubilación, pero personalmente creo que también hay espacio para rediseñar el sistema que tiene muchas falencias.

Personalmente creo que debemos movernos hacia un esquema de pilares donde haya, por un lado unos esquemas solidarios y financiados con impuestos generales para los niveles más pobres de la población y que haya un régimen de prima media que no compita con el régimen de capitalización individual, que podría estar restringido a un nivel mínimo de pensión como lo sería, dadas las restricciones constitucionales, un salario mínimo. De ahí en adelante un sistema de capitalización individual que no tenga los subsidios que tiene el régimen público actual, que está justificado para personas que ganan hasta un salario mínimo, pero que pierde sentido al contemplar a las personas que ganan pensiones de 20 o 25 salarios mínimos Y peor aún, que esos subsidios que recibe una persona que se pensiona con 25 salarios mínimos son en parte pagados por contribuciones de  personas que nunca obtienen subsidio; las personas que cotizan y que nunca logran pensionarse, hacen una contribución a fondos como el fondo de garantía de pensión mínima que termina subsidiando a los más ricos y que nunca se les devuelve nada a ellos.

Latinoamérica

 ¿Qué expectativas le generan las diversas situaciones que enfrentan los países latinoamericanos (crisis venezolana, desastres naturales, crisis políticas)?

 Hace apenas siete años el presidente del BID dijo que esta iba a ser la década de América Latina, y claramente no lo fue. Muchos países han enfrentado una crisis importante dada la caída de los precios de los commodities y a su vez de las exportaciones, dado que todos somos exportadores de petróleo, cobre, plata o de productos agropecuarios. Todos nos hemos perjudicado con la caída de los precios, y claramente vamos a tener un periodo difícil para el crecimiento de la región. Pero yo veo que en términos generales, América Latina está empezando a salir de sus peores momentos, con la excepción que representa el caso de Venezuela en el que tristemente no se ve todavía el fin de la crisis y la terminación de este drama que está sufriendo la economía venezolana y que ha conducido a que en 3 años hayan perdido más del 35% del PIB. Una pérdida que a duras penas se vieron en algunos países en la Gran Depresión de 1930 y después no se ha vuelto a ver. Esta situación es una de las más tristes para una economía que ha sido tradicionalmente rica y tiene un potencial enorme.

 Con eso en mente, ¿Cree usted que Venezuela podrá salir de la crisis, y de no hacerlo, qué alternativas tiene?

 No, desafortunadamente creo que el régimen que tiene no ayuda para que el país salga de la crisis; por lo contrario la potencia día tras día. La pregunta en este momento es política y yo no tengo respuestas, pero creo que la única manera en la que Venezuela va a salir es con un cambio radical en términos políticos. Por supuesto que con un cambio en la política que evidentemente  implicaría dificultades a corto plazo, Venezuela tiene todo el potencial para salir de la crisis y volver a ser un país rico en unos pocos años, pero eso requiere de decisiones profundas con cambios en el modelo que se está implementando en este momento e incluso esos cambios pueden implicar costos que generen impopularidad a cualquiera que llegue a hacerlos. Por esa razón no va a ser un proceso fácil y además no se ve para nada cercano el momento en el que se pueda hacer la transición, realmente la fractura sobre la sociedad venezolana es muy profunda.

¿En qué políticas públicas cree usted están fallando los gobiernos latinoamericanos?

 Es muy difícil generalizar. Hay países que han avanzado muchísimo en las últimas décadas, el caso de Chile después del fin de la dictadura ha sido ejemplarizante, más recientemente el caso de Perú ha sido muy interesante, pero Perú hoy se está enfrentando a dificultades políticas complicadas que le están impidiendo tomar las decisiones necesarias para continuar con ese proceso. Hay ejemplos como el de Ecuador que en algunos frentes ha sido muy exitoso: el desarrollo de la infraestructura, los avances de la educación en Ecuador han sido muy importantes en los últimos años, con fallas y problemas en otros frentes, especialmente el político. Hay otros países que han tenido desarrollos muy importantes en reducción de pobreza como Brasil, pero se han hecho de una manera que posiblemente no era lo suficientemente sostenible o porque dejaron de hacer los ajustes requeridos en el frente fiscal. Entonces creo que tenemos aprender todos unos de los otros lo que se ha hecho en un país y lo que se ha hecho en otro.

¿Dada la crisis política que enfrentó Brasil, es posible que este país retome su rol como líder regional sudamericano?

Se está viendo una recuperación de Brasil interesante con perspectivas hacia futuro, pero  de todas formas siguen atrapados en dificultades grandes de tipo político: tiene una economía que todavía es excesivamente proteccionista con unas dificultades fiscales muy grandes asociadas por ejemplo al tema que ya mencioné de un sistema pensional que es incosteable, y por eso realmente desplegar requeriría unos cambios fuertes, que probablemente requieren a su vez un liderazgo político menos cuestionado y fracturado  que el actual.

 ¿Cuál considera usted es la problemática principal en que debe enfocarse la región latinoamericana?

 Yo creo que Latinoamérica tiene que aprovechar el potencial que tiene en todos sus sectores; ganó muchísimo con la explotación de productos naturales en los últimos 10 años anteriores al 2014. Eso le permitió bajar de una manera muy importante los niveles de pobreza, y reducir la brecha de la distribución del ingreso, consiguiendo menor desigualdad respecto a  lo que ha sido tradicionalmente, pero sigue siendo muy desigual, entre esos países Colombia. Sin embargo, existe un potencial muy grande en términos de desarrollo agropecuario, minero, de hidrocarburos, e industrial. Ese potencial tiene que aprovecharlo con unas economías abiertas que estén globalizadas, que ojalá estén integradas entre sí; América Latina no ha logrado hacer lo que hace Asia y es generar una integración de las cadenas de valor en las que lo que se produce en un país es insumo de lo que llega de otro país generando un producto que eventualmente en su versión final para el consumidor puede ser elaborado en cualquier parte del mundo y no les importa siempre y cuando se haya participado de la cadena de producción. Eso es lo que están haciendo hoy Vietnam, Camboya, China, Corea, y que nosotros no hemos sido capaces de hacer. La integración que se ve muy promisoria entre los países de la alianza del pacífico, desafortunadamente no se ve reflejada en absoluto en las cifras de comercio. Cuando uno mira las exportaciones e importaciones entre países latinoamericanos, excluyendo los productos primarios, estas se han reducido en los últimos 5 años, a pesar de que estos países se mantienen con tasas positivas, pero el comercio entre ellos no sólo es muy bajo, sino que se ha caído en los últimos años porque no hemos sido capaces de abrir la agricultura y más sectores.

 ¿Y no sería perjudicial para Latinoamérica volver a enfocarse en el sector primario? ¿No estaríamos volviendo al siglo pasado?

 Lo que nos han enseñado los otros países de América Latina en los últimos años es que el desarrollo agropecuario no es un desarrollo exento de retos inmensos en tecnología; la capacidad que ha tenido Perú de volverse una potencia mundial en exportación de hortalizas o la de Chile en exportación de frutas implica unas tecnologías enormes. La experiencia colombiana, que tiene ya 40 años, de exportar flores cortadas es una llena de tecnología que debe romper el mito de que el sector agropecuario se desarrolla simplemente dejando que la tierra produzca lo que puede. Todos los estudios sobre el desarrollo de la Orinoquía  muestran que el crecimiento agropecuario tiene un potencial enorme en dicha región, pero debe pasar por inversiones muy grandes, no solamente en carreteras, sistemas de riego e infraestructura, sino también en adaptación de los suelos: los suelos tienen que hacerse de alguna manera y ese proceso de hacer los suelos tiene muchísima tecnología e información de adaptación en el exterior o desarrollo propio de nuevos productos.