Sergio Montero

 

 

 

Por Andrés Felipe Sánchez y Camilo Parra Torralba

 

1. ¿Cómo surgió su interés para enfocarse en el área de panificación regional y urbana? 

S: Curiosamente yo estudie economía en mi pregrado, sin embargo, más que interesado en la economía yo estaba interesado en el desarrollo económico. Siempre me había interesado el por qué ciertas ciudades o regiones eran más ricas que otras, qué explicaba los factores de que hubiera esas diferencias entre ciudades y regiones. A la hora de elegir un pregrado, como soy de España, en donde no hay opciones (de pregrado) de planificación urbana ni desarrollo, mis opciones eran geografía o economía que eran las que más se acercaban.  Arquitectura también, pero era fatal dibujando entonces no me veía ahí. Yo entendía la problemática desde un punto de vista de las ciencias sociales, por lo cual terminé decantándome por economía, y al terminar el pregrado en economía empecé a trabajar temas de desarrollo con una consultora en Madrid que trabajaba temas de desarrollo económico. Vi entonces que las herramientas que había aprendido en economía eran muy macro, y sentía que para mí era más interesante entender el asunto a nivel local y a nivel regional. Fue en ese momento que empecé a trabajar esos temas y sentía que necesitaba más métodos y otras miradas para poder entender el desarrollo no desde un punto de vista únicamente económico sino desde diferentes dinámicas e instituciones que hay en el territorio y que condicionan los procesos de desarrollo. Entonces, después de trabajar un par de años en la consultoría empecé a buscar programas de posgrado en planificación urbana y regional o desarrollo. Planificación urbana y regional me gust, pueslogos ydo, en el área deoy de --ó en gran parte por la escuela a la que fui, a Berkeley, pues allá se tiene una visión muy interdisciplinaria de la planificación. En ese sentido, era darle una visión a nivel local y regional de lo que estaba pasando pero además desde varias disciplinas. Yo trabajé en el posgrado con antropólogos, economistas, sociólogos y planeadores urbanos, y eso es algo que en mi pregrado (economía) no tuve la oportunidad, pues siempre fue con solo economistas. En resumen, fue como de repente abrirse a una mirada no solo local y regional sino más interdisciplinaria sobre el desarrollo, y esto me gustó mucho y le ayudo a entender más. Digamos entonces que en cierta manera la economía es mi manera de entrar en el tema y mi manera de forzarme a ir más allá. 

2. ¿En qué áreas ha profundizado particularmente? 

S: Durante mi maestría yo vine a Bogotá porque tenía interés en el desarrollo local y regional en América Latina y pude venir por una pasantía que tuve la suerte de conseguir. En principio, venia también a estudiar los esfuerzos de planeación regional entre Bogotá y Cundinamarca, que es una problemática de planificación sobre cómo hacer que los municipios que están planeando los territorios a nivel municipal no sean islas y que haya una coordinación regional en ausencia de mecanismos institucionales que la facilite. Eso es una problemática de todo el mundo pero vine a dar aquí a Bogotá y quedé fascinado con la historia de cambios de la planificación urbana de la ciudad en los años 90 con los dos periodos de Mockus y Peñalosa. Me parecieron muy interesantes todos esos cambios pero no desde el punto de vista de infraestructura y espacio físico sino desde el poder entender cuáles son los cambios políticos e institucionales que habían permitido que estos alcaldes tuvieran capacidad para poder tomar este tipo de decisiones. Es decir, me interesaba entender qué había detrás de esos cambios aparentes en la ciudad.  Entonces, mis áreas de interés se centran mucho en temas de gobernanza, de entender las dinámicas de gobernanza que hay detrás de las decisiones de planificación urbana. Preguntas como ¿quién toma decisiones?, ¿quién pude tomar las decisiones sobre cómo se debe organizar la ciudad?, ¿cómo esas decisiones afectan a los ciudadanos?, ¿qué relaciones de poder hay detrás de eso?, son las que me interesan. Si se construye una plaza o un edificio en un espacio urbano, esto tiene que ver con un montón de intereses que hay de querer usar este espacio para algo diferente y si se construye un edificio de 20 plantas o se construye un parque o se construye una autopista o se construya un sistema de transporte público, al final va a tener un impacto muy importante en generaciones de habitantes. Entonces esas dinámicas que hay detrás del por qué se construyen o se hacen ciertas cosas con el espacio es lo que más me interesa. 

3. ¿En qué áreas considera que los interesados en urbanismo pueden hacer su mayor aporte?, ¿dónde puede tener mayor impacto un urbanista? 

S: Hay diferentes tipos de planificadores urbanos, al igual que diferentes tipos de economistas, como los economistas ortodoxos y los que están más abiertos a otras maneras de ver el mundo. Lo mismo pasa en la planificación urbana. Hay planificadores urbanos que piensan que todo se arregla con base en reglamentos y leyes, como si el problema de la planificación fuera un problema técnico. Hay otros, entre los que yo me incluyo, que tienen una visión en la que planeación es algo técnico pero también es un fenómeno político. Siempre van a haber actores alrededor de las decisiones de política de planeación urbana, que quieren una cosa u otra, por lo cual la figura del planeador resulta ser importante pues este debe ser una persona que sea capaz de entender esas dinámicas del territorio. Debe de ser una persona que no se suba al pedestal y piense “soy el experto planificador”, ni tampoco que se deje llevar o que sea una marioneta del político o del especulador inmobiliario de turno. Yo creo que los planificadores urbanos que pueden aportar más son aquellos que entienden la dimensión técnica y política de la profesión y que tienen una ética y unos principios enfocados a la función pública o el bien público. Creo que eso es lo que un planeador puede aportar, esa visión de lo público que no se debe perder.  

4. Hablando ahora de planificación urbana y economía ¿cuál cree que es la relación entre los escenarios, las ciudades, en donde se hace la planificación urbana, y la economía?, ¿cree que hay una implicación entre las dos o cree que una contiene la otra? 

 S: Yo creo que hay una relación fundamental entre ciudades y economía, y hay dos maneras de verlo; una es la idea de que la actividad económica tiende a concentrarse en ciertos territorios, que además suelen ser grandes ciudades. A propósito de esto, hace poco salió un estudio de la Brooklyn’s Institution en el que se hacía un análisis de las 300 economías urbanas más grandes del planeta. Esto era muy interesante porque se mostraban unos mapas en los que en vez de representar países, se mostraban círculos distintos que representaban ciudades de acuerdo a su crecimiento e importancia, pero todo a nivel urbano, no de países que es a lo que estamos acostumbrados. Es interesante ver eso porque te da idea de cómo 300 ciudades, que representan tan solo el 2% de superficie física del planeta, acumulaban el 50% el PIB mundial. Entonces, resulta evidente que hay una dinámica en la que el PIB, la riqueza y el crecimiento se concentran en ciertos territorios que suelen ser ciudades. En este punto existen diversas teorías para interpretar estos hechos, por ejemplo, hay autores de la nueva geografía económica, que justamente buscan enfatizar el rol de la geografía en la economía, y hay debates interesantes en los que se afirma que economistas y geógrafos han estado hablando de cosas similares pero con lenguajes diferentes. Justo esa intersección de las dos disciplinas es donde la planificación urbana se sitúa y por allí es por donde creo que hay que ir: entender esas dinámicas de la concentración de la riqueza. Porque eso implica que si la riqueza se está concentrando en ciertas ciudades grandes entonces ¿cómo hacemos para hacer que esa riqueza, crecimiento económico, desarrollo, llegue hacia los territorios que no son urbanos o hacia los territorios pequeñas e intermedias? Esto es algo que se ha estudiado mucho, que las empresas tiendan a concentrarse en ciudades dado que estas, al colocarse cerca de otras empresas, tienen reducciones de costos, pues el cliente está al lado y los costos de trasportes son menores. Si necesitan contratar a alguien, la mano de obra ya está pues no siempre tienen que traer a una persona de otra ciudad sino que es probable que se encuentreahí mismo. Esta es una explicación económica de ese fenómeno y hay otra explicación que es con base en los aprendizajes de las empresas, en la cual la figura de enfoque sigue siendo la empresa, pero ya no se trata de que la empresa se situé en una ciudad o en una aglomeración urbana porque esto disminuye sus costos, sino porque es más fácil aprender las nuevas demandas del mercado, o adaptarse a nuevas tecnologías. Estando en una aglomeración urbana en la que hay gran rotación de capital humano, las empresas pueden tener mayor facilidad a ir adaptándose continuamente. Entonces, esta es una manera de interpretar la relación entre la ciudad y la economía desde el punto de vista de por qué las empresas deciden instalarse en aglomeraciones urbanas. La otra manera de interpretar esto es a través de las propias personas, entonces no es que las personas sigan a las empresas en las ciudades sino que las empresas siguen a las personas y las personas tienden a concentrarse en lugares que les ofrezcan mayor calidad de vida, trabajo y mejores posibilidades de ascender. Así pues, están estas dos maneras de entenderlo pero para las dos maneras hay una relación muy clara entre fenómenos de crecimiento económico y aglomeración urbana. 

 

5. La teoría económica del pasado ha sugerido que para solucionar algunos problemas como la asignación de recursos o asignación de derechos, la solución es tener un planificador central. ¿Es suficiente tener una buena planificación de una ciudad? o ¿cuáles son las principales herramientas que utiliza el planificador? 

 

S: Depende. Si es una teoría económica neoclásica o neoliberal lo que dice es que no debe haber un planificador sino que lo que debe asignar recursos es el mercado, entonces más bien las teorías neoclásicas o dominantes no ven la planificación con buenos ojos. En la disciplina de planificación también ha habido un cambio y es que hoy tampoco se ve con buenos ojos esa figura del planificador central, el experto que decide todo desde una oficina gubernamental, no obstante, tampoco se quiere pasar al extremo de pensar que el mercado lo decide todo, porque de ser así, entonces lo que se hace no es ciudad sino desarrollos inmobiliarios. El otro extremo sería tener un planificador todo poderoso que decide todo sin ningún tipo de consulta con los ciudadanos y entonces lo que tendríamos sería un modelo autoritario de planificación centralizada que también ha fallado, que ha dado lugar a ciudades como Brasilia o Chandigarh en India, que son ciudades planificadas desde arriba y que tampoco reflejan el día a día de los ciudadanos. Para mí, a lo que hay que llegar es a un equilibrio en donde haya una planificación y esa planificación actualmente no es el experto único que toma sus decisiones desde su oficina burócrata del DNP, es alguien que tiene que estar en constante dialogo con otros actores del territorio. Ese es el enfoque que predomina hoy día: la idea de que la planificación de una ciudad se debe formar desde el debate o en participación con los actores que forman parte de ella, pero también tiene que haber alguien que vele por el interés público porque de otra manera se puede convertir en algo que se deje llevar por intereses económicos. En ese sentido, la clave es entender una figura del planificador urbano como aquel que tiene un control sobre la ciudad pero que está abierto a lo que la ciudad está demandando. 

 

6. ¿Qué procesos de urbanismo y planificación destacaría usted como ejemplares en el mundo y cree que alguno de ellos es compatible con el caso de alguna ciudad de Colombia? 

S: De hecho, no hay que irse fuera de Colombia para buscar ejemplos de urbanismo interesantes. No sé si exitosos es la palabra, pero desde luego interesantes sí. Recientemente se habla mucho del caso de Medellín como ciudad que ha logrado innovar la manera de ver el urbanismo y de atender una parte marginada de la ciudad que por mucho tiempo había estado fuera de los mapas o del imaginario mental de los planificadores y de los gobernantes. Lo interesante de Medellín no es solamente lo más visible como el metrocable o la biblioteca España, que además son elementos que en los últimos dos años se han convertido en íconos de urbanismo Latinoamericanos y de un renacer de una política suburbana más centrada en la parte pobre de la ciudad, sino el proceso que ha habido detrás de que eso pueda pasar. Eso es lo que a mí me parece interesante y eso es lo que para mí puede ser un modelo de urbanismo. No se trata de las intervenciones en sí, sino de esos elementos de debate, el incluir a ONGs, a grupos de movimientos sociales, grupos de la sociedad civil, en las decisiones de la ciudad, en como muchas personas de esas organizaciones acabaron siendo parte del gobierno municipal de Medellín. Así pues, al final se trata de pensar que la planificación urbana son decisiones tomadas por personas. No es que una ciudad tenga una buena planificación urbana porque tiene al mejor experto, sino que las ciudades que tienen buena planificación urbana son aquellas que tienen un equipo de gente con ideas buenas, que se coordinan entre ellos, que son capaces de implementarlas y que atienden a los retos y a las necesidades de las ciudades. Y hoy día las ciudades de Colombia y América Latina tienen retos muy importantes en cuanto a cómo integrar partes de la ciudad que son informales, en cuando a la existencia de una división muy fuerte entre las partes ricas de la cuidad y las partes pobres de esta, en cuanto a fenómenos de desigualdad económica que no solamente es una desigualdad económica, sino una desigualdad urbana que muestra fallas en transporte, en servicios públicos y que son desigualdades que tienen mucho que ver con la manera en que se planifica y se construyen las ciudades. Entonces, para mí los modelos que son capaces de mejorar esas desigualdades, de prestar atención a zonas de la ciudad que por mucho tiempo han estado desatendidas son buenos modelos urbanos y en ese sentido Medellín tiene mucho que enseñar si somos capaces de ir más allá de los íconos meramente arquitectónicos. 

  1. ¿Cómo cree que los estudiantes de Economía pueden aportar en los problemas de movilidad que tiene la ciudad? 

 

Ya hay mucha gente haciendo ese tema, pues ya hay muchos ingenieros, grupos de la sociedad civil, gente que les interesa la bicicleta, hay muchos grupos que están intentando justo mejorar eso. Pensando en economistas en particular, yo creo que una manera de ver la movilidad es pensar en la gente que se mueve. Un poco de lo que hablábamos en una pregunta anterior. El hecho de que tú vivas en una parte de la ciudad, implica que vas a tenerte que mover más o menos. O si tú vives en el sur pero trabajas en el norte y tienes que moverte a diario, eso implica no sólo un tiempo sino un costo, y si tu sueldo además no te da para pagar el transporte pues es una dificultad añadida.  

Ahí hay un elemento interesante para economistas; economistas que tienen un interés más en cuantificar o en entender dinámicas económicas que tienen que ver con trabajos, con sueldos, y cómo la movilidad no es la misma para todos. Dependiendo de donde vivas, tu movilidad va a costarte más, encima si tu sueldo es menos. Entonces ahí hay un ámbito interesante para los economistas que es de cuantificar, que talvez es algo que a otras profesiones les cuesta más hacer, y entonces dan otro tipo de argumentos, que también son válidos. Pero yo creo que un economista ahí tendría un área interesante para entender esas dinámicas económicas que hay detrás de esa desigualdad en la movilidad y qué implica eso. Eso es una dificultad real, no es simplemente una desigualdad creada por la ciudad, sino que es el día a día de mucha gente. Por ejemplo, cómo encontrar maneras de cuantificar eso, en relación a la movilidad, lo hay en muchas otras áreas de planificación urbana como puede ser vivienda, espacio público, medio ambiente, desarrollo económico, en las que yo creo que también los economistas deberían tener mucho que decir. Sobre todo economistas que sean capaces de entrar en diálogo con la gente de la ciudad, y también con otras maneras de entender no sólo la planificación, que también es una manera particular de entenderlo, sino como muchas otras profesiones, que están interesadas en la ciudad y los fenómenos urbanos, como pueden ser sociólogos, como pueden ser antropólogos como puede ser politólogos. 

ACTUALIDAD: Van der HammenHabitat III, Bogotá del futuro. 

 

8. El mes pasado se realizó en la Universidad de los Andes el seminario de ciudades inclusivas organizado por el Banco de desarrollo de América Latina CAF. Uno de los temas de discusión era el dilema entre tener sostenibilidad frente a competitividad en las ciudades ¿Qué puede hacer la planificación urbana para lograr un equilibrio entre estos dos conceptos? 

Ese es un debate actual, muy actual en el que hay mucha gente intentando resolver esa idea. Por mucho tiempo la competitividad fue lo que primó en las agendas de desarrollo urbano regional y yo creo que ya es hora de que haya otros conceptos y otras ideas que busquen equilibrar eso. No creo que basar la planificación de una ciudad o de una región en base a la competitividad sea bueno para sus habitantes; puede que sea bueno para sus empresas y en particular empresas medianas y grandes. Pero no tanto como para otro tipo de necesidades que los ciudadanos de una región necesitan o de una ciudad. Pero sí ha habido muchos casos en que la competitividad parecía que se convirtió en la panacea bajo una narrativa de que todas las ciudades y territorios están compitiendo entre ellos, “entonces cómo atraemos empresas”. Pareciera como que se olvidaban un poco de la otra parte que hablábamos antes; que no se trata sólo de atraer empresas que también se trata de la gente que vive ahí, que estén bien, que tengan calidad de vida, que para trabajar necesitan esa calidad de vida, que no somos máquinas que nos programan para trabajar en empresas.  

La sostenibilidad viene a llenar un hueco que por mucho tiempo se ha hablado con otras ideas, como puede ser el desarrollo humano, como puede ser otras ideas que trataron de contrarrestar este énfasis en la competitividad, como en esta interpretación de crecimiento basado en competitividad y empresas. 

La sostenibilidad también tiene problemas en el sentido de que no hay un consenso tampoco actualmente de cómo se define qué es la sostenibilidad. Entonces dependiendo de cómo definamos qué es sostenibilidad, pues se puede llamar una cosa u otras. Entonces por ejemplo hay un movimiento que dice que muchas iniciativas, lo que está pasando es un “Green washing”, como que se le está pintando una capa verde superficial, porque ahora la sostenibilidad es la agenda que no se puede obviar. Pero lo interesante es recuperar esa idea de la sostenibilidad. La sostenibilidad que además incluye tres áreas: lo económico, lo social, y lo medio ambiental, no es sólo lo medio ambiental. Cómo entendemos sostenibilidad como equilibrio de esas tres fuerzas y de una manera que realmente afecta el día a día de los ciudadanos, que no es simplemente una campaña de que “somos más sostenibles porque reciclamos plástico”, pero a la vez la empresa que produce plástico la dejamos que siga produciendo y contaminando. Yo creo que ahora en la ciudad se está viendo mucho eso; ahí está el eje de la sostenibilidad urbana muy enfocadas a un consumo muy específico. Pero las razones de fondo, las razones estructurales, se dejan intactas. Ese es el gran dilema yo creo de nuestra era, que es nuestra era, por una razón o por otra, es la era yo creo de la sostenibilidad y es la era de las ciudades también.  

Cómo podemos usar ese interés ahora mismo de muchas personas, de muchos organismos multilaterales, de las ciudades y la sostenibilidad, de manera que no sea simplemente un slogan superficial y que realmente sea capaz de generar una visión alternativa a esta otra visión centrada en la competitividad, que yo creo que no nos lleva a mejorar las condiciones de la población. 

  1. ¿Cómo ve el futuro de la ciudad de Bogotá en términos de planificación y urbanismo en esta nueva alcaldía que recién inicia?  

Vamos a ver, está empezando, por ahora ha habido varias decisiones polémicas de esta alcaldía. Retirar los vendedores ambulantes de la calle, la de construir esta ciudad norte en una reserva natural ambienta. Creo que no hay un proyecto claro de lo que se quiere hacer o no se está comunicando bien porque yo creo que hay una gran confusión ahora mismo en la universidad y en la ciudad, de qué modelo de ciudad nos quiere traer esta administración. Yo creo que Peñalosa ha hecho cosas positivas para Bogotá en el pasado, como fue la implementación de Transmilenio en tres años, pero también ha hecho cosas como destruir partes de la ciudad. El discurso del espacio público él lo ha usado para cargarse partes de la ciudad entera, demoler partes de la ciudad, desplazar a gente de partes de la ciudad que a lo mejor han vivido ahí toda su vida. Entonces no sabemos muy bien que trae esta nueva alcaldía. Yo creo que mirando al pasado ha habido de las dos cosas; cosas acertadas cosas muy desacertadas. Entonces uno esperaría que se aprendiera del pasado pero esto ya sabemos que no necesariamente pasa. 

  1. Respecto al tema Van der Hammen, que es una Reserva Ambiental legalmente declarada en Bogotá, ¿Estaría de acuerdo en que se haga una construcción sobre ella? 

S: No soy experto ambientalista, pero he estado leyendo sobre el tema, y creo que no parece ser la decisión más acertada. Sí es verdad que hay un déficit de vivienda en Bogotá, el crecimiento de Bogotá ya no es tan alto como antes entonces ya no estamos en esas tasas de urbanización de los años 70’s, 80’s o 90’s en donde la ciudad crecía mucho anualmente. Hay un estudio nuevo del profesor Thierry Lulle del Externado que muestra que el crecimiento en varias ciudades latinoamericanas incluyendo Bogotá, ya se está estabilizando a un nivel de crecimiento natural de la población.  

Pero sí es verdad que hay un déficit de vivienda, pero hay más diferentes maneras de resolver esto. La administración anterior lo intentó resolver con esta idea de densificar el centro ampliado, a mí me parece en teoría una idea buena de densificar o construir sobre lo que ya está construido. En la práctica no sé qué tanto se logró bajar ese déficit de vivienda. Pero no creo que construir vivienda a cualquier precio sea solución tampoco.  

También siento que se gastó tanta energía e interés en esta estrategia de densificar el centro, ¿por qué ahora se descarta totalmente y se pasa a otra estrategia completamente diferente que es edificar en el Norte y en un parte que además es en una reserva? Si ni siquiera ha habido una reflexión de decir por qué estamos rechazando esta estrategia de densificar el centro. ¿No fue una buena idea? Entonces explíquenme porqué. Sino es una buena idea, pensemos en alternativas, que no creo que la alternativa sea tampoco construir en una reserva ambiental. Pero sobre todo yo creo que a mí me parece muy interesante la idea, y yo creo que es algo que todo el mundo estaba intentando hacer, que es densificar partes de la ciudad. Ahora Bogotá es una de las ciudades más densas del mundo, eso también es verdad. La idea es cómo encontrar qué zonas de la ciudad se pueden densificar. Ir hacia ese lado me parece mejor que construir una reserva que está protegida. 

  1. Uno de los temas de mayor interés que tiene ahora Bogotá es sobre la construcción de un metro subterráneo.  ¿Cómo ve la posibilidad de que sea una realidad?  

Las discusiones sobre el metro en Bogotá datan de décadas y décadas. Se puede hacer una búsqueda en archivos históricos y se ve a gente discutiendo sobre eso en los 70’s, en los 80’s, y planes y que “ya se aprobó tal plan del metro” y pues al día de hoy no existe. Hay un elemento político, que es cómo poner de acuerdo a todos esos actores de que se haga realmente, y es una dificultad porque además es un proyecto que es muy costoso y que no es fácil poner de acuerdo.  

Luego hay un elemento, que yo como no soy experto en suelos no lo sé, pero sí sé que hay un elemento que he leído en varios informes de que es muy difícil o muy costoso excavar en los suelos de Bogotá. No sé exactamente por qué razón. Yo la verdad para ser realista creo que lo más rápido y más factible sería hacer al menos parte del metro en superficie. Porque costaría menos dinero, porqué sería más rápido de hacer, con los problemas que eso conlleva en cuanto a degradación del espacio público. No solamente me refiero a que sea vea mal o estéticamente pobre, sino que hay muchos estudios sobre ciudades que tienen autopistas elevadas o metros o trenes elevados en los que esas zonas por la noche se convierten en espacios que la ciudadanía ve como inseguros. Entonces ese es un tema que yo no sé si se ha podido resolver en alguna ciudad, y es cómo construir una plataforma que sea “amigable” con los ciudadanos y que no se convierta en zonas en la que el ciudadano tiene miedo a estar. Ahí la clave, siendo muy pragmático, un metro elevado sería más rápido y más barato de hacer, y probablemente se podría hacer en al menos unos cuantos años.  

Teniendo en cuenta los problemas urgentes de movilidad es obvio que falta hacer algo. Un metro subterráneo sin embargo a largo plazo sería probablemente muy útil para la ciudad porque el impacto visual sería menor, pero costaría más dinero y sobre todo más que el dinero, tardaría mucho tiempo en construirse. No tengo una opinión clara sobre eso, pero lo que sí tengo una opinión clara es que hace falta mejorar la movilidad de Bogotá. El Transmilenio vino a suplir una necesidad, pero está desbordado en la actualidad y necesitamos un sistema paralelo, y hay pocos casos de ciudades de nueve u ocho millones de habitantes que no tengan metro. 

  1. ¿Ha tenido alguna afinidad o le han propuesto desempeñar un cargo público? 

No. Siempre lo he mirado más desde el punto de vista más de interés sobre la ciudad, desde un punto de vista más académico, más de entender las dinámicas. Lo bueno que tiene planificación urbana es que no es una disciplina que está en la torre de marfil de la universidad, sino que siempre está en contacto con lo que está pasando. Mucha de la gente que viene a formarse en una maestría en planificación urbana termina trabajando en una oficina gubernamental ya sea en una ciudad grande como puede ser Bogotá, pero también en alcaldías de ciudades pequeñas intermedias. A mí me gusta mucho eso; como profesor yo veo mi rol más en formar a gente que va a tener un impacto en esas decisiones más que yo, hacerlo.  

MAESTRIA EN PLANIFICACION URBANA Y REGIONAL DEL CIDER 

La idea que tenemos hoy en el CIDER, que es el centro donde soy profesor, es un centro interdisciplinario sobre estudios de desarrollo que tiene una misión de entender lo que pasa a nivel de desarrollo desde muchos puntos de vista, disciplinas. Lo interesante es que hay gente que hace geografía, antropología, sociología, economía, pero la idea es usar el desarrollo como lente para ver eso. En mi caso particular a mí me interesan temas de desarrollo urbano regional, entender las ciudades, y a través de esta maestría nueva que se va a abrir a partir de agosto lo que se pretende es justo eso. Formar a la gente en una visión de la planificación urbana, que no es una visión del planificador experto burocrático en su despacho, sino que es una figura del planificador que es interdisciplinaria, que sabe entender los lenguajes de las diferentes disciplinas y de maneras diferentes de abordar un problema. Que el enfoque es el problema urbano no tanto la disciplina; es un planificador que sabe relacionarse con otros actores de la ciudad para que cambien las cosas. La idea es atraer a gente que quiera desempeñarse en cargos públicos u otro tipo cargos porque lo que decíamos; la planificación ya no se hace sólo desde el gobierno, también hay muchas ONGs e instituciones no gubernamentales que están queriendo tener un impacto en lo urbano, solucionar problemas. Entonces nos interesa mucho formar esta nueva generación de planificadores urbanos, que ya no son los expertos arquitectos, ingenieros sino que son personas con capacidades más interdisciplinarias.