SECCIÓN ECONOMISTA UNIANDINO: ENTREVISTA A ANDRÉS ÁLVAREZ

 

Camilo Mateus

Estudiante de Ingeniería Industrial y Economía

Universidad de los Andes

 

Santiago Ramírez

Estudiante de la Maestría en Economía (PEG)

Universidad de los Andes

 

Andrés Álvarez, profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, Ph.D. en Ciencias Económicas de la Université Paris Ouest Nanterre La Défense, habló con la Revista Supuestos sobre su experiencia como estudiante de Economía en la Universidad de los Andes, la profesión y algunos temas de actualidad.

 

¿Por qué estudió economía? ¿Por qué en Los Andes?

 

Como decía Alejandro Gaviria, los economistas entramos por desubique, debido a que tenemos intereses múltiples. Yo -por ejemplo- tenía una vocación muy clara de ser profesor, no tenía muy claro de qué, pero de niño quería ser profesor de colegio. Me interesaban las ciencias sociales, la filosofía, la sociología, algo por el estilo. Eso no era bien visto en mi casa. Mi padre me indujo a estudiar en Los Andes por la posibilidad de hacer doble programa, aunque yo quería estudiar en la Nacional. Mi hermano había estudiado economía y me aconsejó que la estudiara con doble programa. De manera que, así un poco desubicado, un poco sin tanto entusiasmo, empecé a hacer economía y doble programa con antropología. Al tercer semestre fue claro para mí que yo quería ser más economista que antropólogo. Me di cuenta que el tipo de preocupaciones que yo tenía las podía abordar mejor desde la economía que desde la antropología.

 

¿Qué le recomendaría a aquellos que hasta ahora están empezando a estudiar economía?

 

Yo creo que la economía es más versátil de lo que uno percibe en los primeros semestres. La economía es más versátil porque es una especie de binoculares para mirar la realidad de una manera particular y sirve para hacerse muchísimas preguntas de esta. Yo recomendaría a los estudiantes que se acerquen a otras disciplinas. Si tienen intereses diversos es fundamental que no se queden con las ganas de probar otras cosas. Básicamente porque una de las cosas que yo he visto que pasa con mis estudiantes es que eso los va a enamorar más de la economía. Esto les va a permitir entender que elementos de la economía que antes no eran de su agrado, en realidad son elementos muy valiosos y toman un sentido cuando uno los mira desde afuera de la economía.

 

De su paso por la universidad, ¿qué recuerdos tiene? ¿cómo ha cambiado?

 

La universidad ha cambiado muy rápido en los últimos veinte años, desde que estudié aquí. En esa época la universidad era más pequeña y uno reconocía a la gente de otras disciplinas. Era una universidad muy artesanal en los servicios que le ofrecía a los estudiantes, en particular los servicios culturales. La máxima actividad cultural consistía en ver cuenteros o personas que tocaban guitarra en La Chimenea, donde se encontraba hasta hace poco la Biblioteca Satélite de Economía. Recuerdo que esa chimenea se prendía los viernes y se parecía como al Chorro de Quevedo, donde la gente cantaba con guitarra y demás.

 

Dadas las constantes críticas que le hacen a la economía actualmente, ejemplo de esto la no previsión de la crisis del 2008, ¿vale la pena ser economista?

 

Definitivamente creo que sí vale la pena.  La economía es tan importante que usted no ve nunca que se le eche la culpa de la pobreza o de la desigualdad a otras disciplinas como la sociología, la historia o la antropología, porque hay una consciencia de que la responsabilidad más grande la asume la economía –aunque no debería ser así-. Los economistas, que asumimos el papel que nos toca –a veces en exceso-, somos una profesión que al menos se enfrenta con valentía a las políticas públicas y por ende nos exponemos más a las críticas, sin querer decir con esto que no hay errores, porque los hay.

 

¿En qué se encuentra investigando actualmente?

 

Estoy terminando un recuento de la historia monetaria de Colombia con Fabio Sánchez. También estoy trabajando en una historia más contemporánea del mercado laboral colombiano a partir de la curva de Beveridge, que es la relación entre vacantes y desempleo. Adicionalmente, estoy trabajando en algo relacionado con la Historia del Pensamiento Económico que tiene que ver con la formación de las ideas económicas en Colombia en el siglo XIX. En particular, estoy trabajando sobre la evolución en la enseñanza de la economía política en la formación superior de las élites que iban a gobernar el país.

 

¿Cómo evalúa el estado actual de la historia del pensamiento económico en la academia?

 

A nivel mundial, desde los años ochenta, se ha sacado la Historia del Pensamiento Económico como curso obligatorio, pese a que los grandes economistas del pasado fueron formados por universidades donde se dictaba. Una excepción a la regla fue América Latina, un poco en Francia, Italia y Alemania. Es una disciplina que perdió su lugar en la enseñanza básica en casi todos los lugares del mundo. Sin embargo, desde principios del siglo XXI la gente está volviendo a retomar ideas del pasado y a enriquecer el debate actual con dichas ideas.

 

¿Qué opina usted frente a  las decisiones que ha tomado el Banco de la República los últimos dos años en relación con el choque externo que ha sufrido el país?

 

En el blog que tenemos con varios profesores en La Silla Vacía he escrito un par de cosas críticas frente a una institución que respeto mucho, que considero muy seria y que reconozco como una de las instituciones más valiosas y juiciosas del país. A pesar de eso, he sido muy crítico de la reacción que empezaron a tener frente a la inflación desde hace un año.

 

Yo creo que el Banco se asustó un poco con la situación y ha tenido un discurso contradictorio. Dicho discurso afirmaba que el fenómeno inflacionario era un fenómeno que no se debía a que estuviera bajo control del Banco, es decir, no era consecuencia de la laxitud de la emisión monetaria ni era un fenómeno nominal, sino más bien consecuencia de choques reales –fenómeno del niño y choque de la tasa de cambio a través de los bienes importados-. Sin embargo, al mismo tiempo que reconocía eso, cuando la inflación se desbordó, tuvo una reacción agresiva y excesiva, como tratando de demostrar que ellos si están al frente de la situación, pero sabiendo al mismo tiempo que la política de subir la tasa de interés iba a tener consecuencias reales negativas. Lo cual, conforme a su discurso, a pesar de eso, resultaba inevitable con el fin de construir credibilidad en sus metas.

 

Yo no estoy convencido de que la mejor manera de construir credibilidad fuera mediante políticas pro cíclicas –frente a una reducción del crecimiento ellos frenaron aún más la economía-. Ahora bien, frente a las expectativas hay otras maneras de control; como convencer a los agentes de que era un fenómeno temporal, es decir, el discurso que habían tenido anteriormente. Por otro lado, ellos podrían haber renunciado a las metas de inflación de corto plazo, ya que no era culpa de ellos sino una cuestión de asumir una coyuntura inesperada para todo el mundo. Insisto, yo respeto mucho al Banco, entiendo por qué tomaron la decisión que tomaron, pero no la comparto.