Rodrigo Pardo, Director de la Revista Cambio

Rodrigo Pardo, economista de la Universidad de los Andes, habló con Supuestos acerca de su vida universitaria, compartió anécdotas, experiencias y vivencias significativas para él y dio a conocer las personas que influenciaron en su vida personal y profesional. Rodrigo fue profesor de política internacional en la universidad, embajador de Colombia en Venezuela en el periodo de Cesar Gaviria, Ministro de Relaciones Exterior hasta 1996, editor de varios medios de comunicación como Semana, El Tiempo y el Espectador y actualmente Director de la Revista Cambio.

Revista Económica Supuestos: ¿Por qué decidió estudiar economía?
Rodrigo Pardo : Es una pregunta muy difícil. Tenía muy claro que no quería ser economista, que seguramente iba trabajar en cosas muy distintas como el periodismo que siempre me ha gustado y había querido hacer como actividad principal. Sin embargo, consideré que la economía era una carrera muy formativa que me daría muy buenos elementos para ejercer en el periodismo, para entender la sociedad, para tener elementos básicamente de comprensión, más que porque quisiera desempeñarme en ese campo.

R. E. S. : ¿Fue esta carrera su única opción? ¿Por qué Los Andes?
R. P. : No consideré periodismo, por supuesto, consideré ciencia política. Quizás tengo una visión más de politólogo que de economista para analizar las cosas. Las dos dan elementos muy valiosos para entender el funcionamiento de la sociedad, pero finalmente escogí economía. Los Andes me gustaban mucho. En el momento era una universidad un poco más internacional, más moderna, más en línea con las tendencias mundiales de la educación y la verdad fue a la única a la que me presente.

R. E. S. : ¿Cómo describe su experiencia como estudiante en la Universidad?
R. P. : Fue una época muy feliz, muy productiva solo tengo buenos recuerdos. Era una Universidad totalmente distinta a la de hoy, comenzando por la fisionomía externa, no existían muchos edificios de los que hay ahora y muchos de los que existen en la actualidad como el B; eran muy viejos y no tenían esa reconstrucción interna; no había el enorme nivel de computadores que hay hoy en día. La Universidad estaba empezando a meterse en el tema, había un computador central, era el único y de éste dependían todas las facultades y todos los estudiantes. La idea de un PC todavía no existía, los trabajos los hacíamos en máquina de escribir. Fue una época de mucha actividad política, estábamos en los años 80 en el gobierno de Turbay Ayala, había una discusión muy fuerte acerca de los derechos humanos y había todavía dilemas sobre la izquierda y la derecha, de cómo tratar especialmente a la guerrilla. En la universidad existía un gran debate acerca del tema, yo participaba mucho en él. Con un grupo de amigos tuvimos un periódico que se llamaba El Escalón en el cual registrábamos un poco ese clima que había en la época.

R. E. S. : ¿Recuerda alguna anécdota durante sus años universitarios que haya sido significativa para su vida?
R. P. : Muchas, yo ya estaba terminando semestre por ahí en el año 81, 82, no recuerdo exactamente el año, hacía una colaboración en el periódico El Tiempo, en la página estudiantil escribía un artículo sobre temas de vida universitaria. En esos días estalló en la Universidad una huelga del sindicato, ese mismo día la cerraron, de hecho faltaban dos o tres semanas para terminar el semestre y tuvimos que hacer el final de las clases y los exámenes en otro sitio, porque la Universidad estaba bloqueada por la huelga. Ese mismo día apareció un libro de Gabriel García Márquez (Crónica de una Muerte Anunciada). Al día siguiente salía mi artículo en El Tiempo que se titulaba Crónica de una Huelga Anunciada, en el que obviamente con la ingenuidad de la época y con el sentimiento muy del corazón apoyaba la huelga y a los trabajadores sin comprender realmente cual era el tema de fondo, eso obviamente fue muy mal visto en la Universidad.

R. E. S. : Después de graduarse como economista, ¿cuál fue su paso a seguir?
R. P. : Ingresé a la Revista Semana como periodista económico. Semana estaba comenzando, fueron los primeros meses.

R. E. S. : ¿Qué consejo le daría hoy a un futuro economista?
R. P. : Yo sigo creyendo, como lo pensaba en la época en la que yo estudiaba antes, en el valor de lo interdisciplinario. La economía si bien es una carrera formativa que da muchos elementos, que ayuda a pensar y da rigor, considero que es importante completarla y, de alguna manera, aterrizarla con el estudio de otros campos como la ciencia política. Éste es un complemento muy fuerte porque si bien el comportamiento de la sociedad sobre los temas económicos es muy importante, también lo es el comportamiento de la sociedad en los temas de poder, la competencia por éste y como lo distribuye. Entonces, me parece que la interdisciplinariedad incluso con historia o con otras ciencias sociales es muy valiosa. A veces la visión puramente “economicista” de las cosas puede ser excesivamente abstracta o parcial y en ese sentido creo que es importante para los economistas que miren el comportamiento social a través de instrumentos distintos de los que habla la economía.

R. E. S. : Dado su desempeño en diferentes cargos públicos, ¿Cuál ha sido el reto más grande que ha tenido que enfrentar? ¿Alguna vez sintió que sus convicciones fueron fuertemente desafiadas?
R. P. : Desafiadas en el sentido que estuvieron equivocadas, ¡jamás! Por el contrario, ahora, desafiadas en el sentido de la viabilidad, sí. Estos fueron en el Ministerio de Relaciones Exteriores cuando fui canciller. Pero hoy en día mis convicciones y mis ideas están en clarísima minoría frente a lo que la opinión pública valora, eso no me hace dudar que mis convicciones sean las correctas, simplemente entiendo que por un momento, que ojalá sea pasajero, formo parte de las minorías y eso es un factor que simplemente hace distinto la defensa de las ideas pero no las cambia. Indudablemente, el reto más grande ha sido el Ministerio de Relaciones Exteriores ya que fue un momento en que la diplomacia colombiana tuvo problemas complejos, especialmente en las relaciones con Estados Unidos. En la época del proceso 8000 hubo que inventar mecanismos que nunca habían existido antes, hubo que manejar el tema con mucho pragmatismo, y controlar las opresiones de los radicales que querían prácticamente eliminar las relaciones con éste país, y los otros que pensaban que el gobierno mismo estaba ayudando a deteriorar el problema.

R. E. S. : Tres palabras que lo describan.
R. P. : Moderado, tímido, respetuoso.

R. E. S. : ¿cuáles cree usted que son las virtudes fundamentales que le ayudaron a desarrollar su proyecto de vida?
R. P. : Yo creo que el rigor. Más allá de las materias y de las disciplinas académicas está la honestidad en la investigación, en el trabajo y que creo que en el periodismo es fundamental.

R. E. S. : ¿Por qué cambió la política por el periodismo?
R. P. : No la cambié, realmente nunca estuve en la política, trabajé en el sector público por interés del funcionamiento del Estado y creer que podía aportar algo a la política exterior, que fue mi especialización después de mi pregrado de economía en los Andes. Pensaba que Colombia estaba en un punto de repensar su política exterior con una visión de la ciencia política y la estrategia más que desde el derecho como ha sido diseñada. Fue un paréntesis no tan breve, y finalmente regresé a mi vocación de largo plazo que es el periodismo.

R. E. S. : ¿Piensa que el manejo del lenguaje en el periodismo en Colombia es el adecuado? ¿Qué puede decir acerca de su veracidad?
R. P. : Soy muy escéptico sobre las consideraciones sobre el periodismo en términos generales y globales, porque hay diferencias enormes entre el periodismo que se hace en las ciudades y en la zonas rurales, por ejemplo. Para nosotros es mucho más fácil ser más rigurosos y utilizar un lenguaje más adecuado que para quienes están haciendo el trabajo en una emisora local donde hay una fuerte influencia del paramilitarismo y el narcotráfico. Creo que en Colombia se hace muy buen periodismo pero a la vez se hace muy mal periodismo, y también creo que hay gran diferencia en el papel que juegan los medios impresos con el papel que juegan los medio masivos, la televisión, la radio, la internet. Creo que lo medios escritos proveen las mejores oportunidades para hacer mejor periodismo.

R. E. S. : Un personaje que haya influenciado en su vida personal y otro en su carrera profesional
R. P. : En mi vida personal influyó mucho mi abuelo, que fue director de El Tiempo durante 42 años y con quien tuve una relación muy estrecha de niño y de joven. A él le heredé el amor por el periodismo, el gusto por un mundo intelectual, por los libros, la literatura y el deseo de ser periodista proviene sin duda de él. En mi carrera una persona muy importante fue Fernando Cepeda, con quien trabajé en la Universidad de los Andes en el Centro de Estudios de Relaciones Internacionales donde hicimos varias investigaciones y publicaciones. Ese momento coincidió con la entrada de Cepeda al gobierno, donde fue Ministro de Gobierno del ex presidente Virgilio Barco y a cuenta de esto terminé yo también entrando al gobierno donde, gracias a él aprendí, muchas cosas importantes para mi vida.