Expresidente César Gaviria

El Expresidente César Gaviria Trujillo (1990-1994), como ilustre egresado uniandino de la Facultad de Economía, compartió con nosotros una mañana para hacer un recorrido por sus años en la Universidad, su inicio en la vida política y compartirnos algunas de sus experiencias personales y regalarnos algunos consejos. Todo un lujo y un honor.

 Presidente Gaviria, ¿por qué estudió economía?

Hay que empezar diciendo que lo primero que yo decidí fue estudiar en la Universidad de Los Andes y lo que tenía en mente era Ingeniería Industrial. Esa es una decisión que forzó mucho mi papá. Él siempre quiso que yo recibiera educación laica, y le atrajo mucho la idea de Alberto Lleras y Los Andes, y, prácticamente, a la hora de la verdad ni siquiera me dejó presentarme a las otras universidades.

Yo tenía el problema de que venía de un intercambio estudiantil, validé mi Bachillerato americano pero no terminé quinto ni había hecho sexto [de bachillerato]. Por eso, presentarme era complicado. Me presenté, pasé en Los Andes, hice un año de Ingeniería Industrial pero desde el primer semestre empecé a percibir que eso no era lo que quería y empecé a llamar la atención de Economía.

Me acuerdo muy bien que me encontraba con Luis Jorge Garay y todo el día decíamos «pasémonos pa’ Economía» y cuando terminó el primer año, yo me fui para la Facultad de Economía y les dije «recíbanme». Lo más gracioso es que yo tomé la decisión y Luis Jorge Garay no fue capaz, y el que terminó siendo economista fue él y no yo.

¿Qué anécdota recuerda de su paso por la Universidad?

A mí me tocó Los Andes en el periodo más convulsionado que ha tenido la educación universitaria de Colombia: el periodo del 65 al 70, que fue el periodo de más intensidad de la cosa marxista y sobretodo de la Revolución de Mayo en París, que en Los Andes tuvo un impacto brutal. Fue una época de mucha agitación estudiantil. Todo el día estábamos en función de eso. Era imposible vivir sin saber Marxismo. Era un ambiente estudiantil bastante rico y en ese contexto, yo, como ustedes, tuve una publicación que se llamó Séneca.

Otra anécdota es que cuando yo estaba en mi último año, Los Andes cumplió 20 años y decidieron escoger un estudiante por cada área. Súbitamente la Facultad decidió que yo fuera el estudiante en Economía. Eso me creó un impacto porque todo el mundo se sorprendió de que yo fuera buen estudiante. Como yo tenía una vida tan activa, y tenía rumba y tenía estas discusiones, a nadie se le ocurrió que yo pudiera ser buen estudiante. Todos imaginaban que yo era un vago.

¿Se acuerda de algún profesor en especial?

Me acuerdo de muchos, pero hay un incidente muy gracioso. Yo tenía mucha vocación política un poco por un tema familiar y antes de terminar la carrera y sin graduarme, me fui a Pereira de Jefe de Planeación de Risaralda, me hice elegir una vez Concejal de Pereira, y regresé a graduarme y me metí a Planeación. En el intervalo, en una rumba, me encontré con un tipo muy lúcido que terminó trabajando en el Banco de la República, un profesor que se llamaba Roberto Villaveces, que enseñaba la etapa más avanzada de microeconomía y macroeconomía. Él me oyó decir que me iba a quedar en Pereira haciendo política y me cogió a patadas. Literalmente. Casi no me lo quitan de encima. De la rabia que le dio que yo le dijera que no iba a hacer posgrado sino que me iba a dedicar a hacer política. Aunque la verdad ese inicio fue un poco forzado porque yo estaba en plan de hacer mi posgrado pero mi papá se enfermó y tuve que asumir las responsabilidades de la familia. Tuve que hacer política porque no tenía alternativa. No tenía nada más qué hacer en Pereira.

En esos inicios en la política, ¿qué frase recuerda que lo haya marcado?

Yo vengo de una familia en que mi papá era radical, anticlerical, se bautizó para casarse y se llama Byron porque sus papás no querían nombres de santos para sus hijos. Además, mi familia todavía tiene el cementerio libre de Circasia. Entonces había un trato: yo estudiaba en colegios laicos pero sí me podían enseñar religión. Mi formación fue muy religiosa y cuando me preguntan « ¿qué es lo que usted más recuerda?», hay una cosa que yo nunca olvidaré y es una expresión que había en el Catecismo Astete que decía «polvo eres y en polvo te convertirás». Esa frase tiene mucho que ver con ese trato porque no es tan religiosa y es casi que atea. Hay un fin. Lo que queda es polvo.

¿Qué tan distinto es un economista de ahora de un economista que se gradúo con usted?

La primera escuela de Economía en el país fue Los Andes. Hasta Los Andes, en Colombia, no había Economía. La Economía que enseñaban en la Javeriana y en la Nacional y en las otras universidades públicas era una cosa que se llamaba Hacienda Pública, que era lo que sabían las personas que eran Ministros de Hacienda. La verdad es que ellos sabían de Hacienda Pública, no de macroeconomía, ni de Keynes ni de matemáticas en la economía, ni de modelos. Con todo lo mainstream que es hoy la economía, en esa época no lo era. Éramos un grupo reducido metido una cosa que la gente no entendía bien qué era.

¿Qué tiene un economista que no tenga un profesional de otra disciplina? ¿Sí vale la pena ser economista?

Yo no tengo duda sobre la importancia que tiene la economía en el desarrollo de la sociedad y del país. ¿Por qué? No solo porque en el sector público, en el Banco de la República, en el Ministerio de Hacienda o en el de Comercio, necesiten economistas y gente que sepa de teoría económica, sino porque toda compañía grande tiene que entender cómo funciona el país desde el punto de vista de económico. Cuando uno empieza a darse cuenta que en este país no hay institución ni empresa que pueda funcionar sin entender la economía, se da cuenta de por qué la economía es tan necesaria.

Este es un país, de los muy pocos de América Latina en que la discusión económica es una parte importante de la discusión pública. En otros países eso no pasa pero acá están en las primeras páginas de los periódicos.

Estar metido en esas discusiones públicas de la economía, desde la Universidad, hizo que, por el tipo de economía que empezamos a recibir en Los Andes, no penetraran mucho las ideas proteccionistas y que las ideas de la CEPAL no se profundizaran como ocurrió en otros países que terminaron cayendo en lahiperinflación. Aquí eso no nos pasó, entre otras cosas, porque la Facultad más fuerte, que era la de Los Andes, estaba vacunada contra eso. La Facultad le daba más importancia a la economía neoclásica más tradicional y a la que se practicaba en los países desarrollados.

¿Cuál fue el trabajo que más disfrutó?

Fue el de ser Alcalde de Pereira. Cuando uno está muy joven, ser Alcalde es una experiencia muy especial. Yo en ningún otro momento de mi vida sentí que había llegado a una cosa que me hacía dar un salto. Tenía 26 años apenas y daba un salto en mi vida supremamente grande. De las posiciones que he tenido en mi vida, sin duda, la que más satisfacción me produjo fue que me nombraran Alcalde.

Después de ser Ministro, Alcalde, Secretario General de la OEA, y Presidente de la República, ¿Cuál ha sido la mayor enseñanza de estos años?

La mayor enseñanza ha sido que el Estado, sus instituciones y la política siguen siendo la parte esencial del desarrollo de una sociedad. Pretender que uno se puede separar y que se puede construir un mundo donde la política no lo influya o donde uno sea externo a eso, es completamente equivocado.

Esta sociedad se ha dejado penetrar mucho por ideas anti políticas y eso es supremamente dañino para el país. Eso termina haciendo que la gente mejor preparada no participe, no opine y no sea parte de la vida pública.

Por eso, una de las grandes virtudes de Galán fue decir: «No, no, no. Escon la política que vamos a cambiar esta sociedad. El que no crea en eso, está equivocado». En esa época la política era muy importante. Todo mundo tenía una actitud política. Con el tiempo, el país fue entrando en esta cosa anti política que es muy perjudicial para la sociedad.

¿A cuál trabajo definitivamenteno volvería nunca?

Yo no tengo porque volver a ningún trabajo. Nunca he querido hacerlo. Son etapas. Lo más importante al salir de un trabajo es cambiar de agenda y no quedarse viviendo en el pasado. Yo siempre he tenido la oportunidad de terminar un periodo en un cargo y cambiar de agenda para una cosa completamente distinta. El que me conozca bien, sabe que yo hablo de los temas de actualidad, no de lo que yo hice. Yo no hablo del pasado. Yo vivo el mundo de hoy.

¿Qué consejo le daría hoy a un futuro economista?

Que aprenda muchas humanidades, que aprenda política y aprenda historia. Eso es lo único que termina por dar formación completa a una persona. Un economista debe aprender sobre la condición de la naturaleza humana.

Para terminar, Presidente Gaviria, ¿existe la clave del éxito?

No hay claves. Lo peor es pensar que hay fórmulas para el éxito, tanto en el caso de las personas como en el de los países. No hay shortcuts para ser exitoso. Depende de la persistencia, de las energías y de la dedicación a los temas en los que uno trabaja. Yo no creo en los shortcuts y no creo en  las fórmulas.  No hay nada más dañino que pretender simplificar la realidad. Pretenderhacerlo es lo más fácil. Es muy cómodo, y a veces atractivo, pero siempre lleva a soluciones equivocadas. Fórmulas no hay. Para nada. Para salir adelante no hay que hacer dos o tres cosas, ¡hay que hacer muchas cosas bien!

Imagen tomada de http://www.eluniversal.com.co/cartagena/politica/alejandro-ordonez-se-enfrenta-cesar-gaviria-por-opiniones-sobre-la-politica-antid