Carlos Gustavo Cano

Carlos Gustavo Cano es economista de la universidad de los Andes con posgrados en Economía de la Universidad de Lancaster, en Gobierno y Economía Internacional de la Universidad de Harvard y en Alta Dirección Empresarial en el INALDE. Se ha desempeñado como gerente de la Federación Nacional de Arroceros, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia y presidente de la Caja Agraria. En el año 2002 fue nombrado como Ministro de Agricultura. En la actualidad es Co-Director de la Junta Directiva del Banco de la República de Colombia.

Revista Económica Supuestos: Dr, en términos de Agenda Legislativa, ¿cómo vamos con biotecnologías y política de tierras?

Carlos Gustavo Cano: En Biotecnología, yo espero que mi ex alumno y ex viceministro Juan Lucas Restrepo, nos contribuya en esa tarea. Sin embargo, como los gobiernos son muy cortos, es la Universidad la tiene que apropiarse del conocimiento, pero del conocimiento aplicado; es su negocio, es su función. De ahí la importancia de que por ejemplo, la Universidad de los Andes mire hacia la Orinoquia, porque el mundo está mirando hacia la Orinoquia (de pronto más que nosotros mismos), y unos cuantos especuladores ya empezaron a hacerse a tierras con un buen sentido de la oportunidad, mirando hacia el futuro.
Hay un potencial enorme de tierras que no necesariamente está en la Orinoquia sino dentro de la propia área que se considera ya frontera agrícola abierta en Colombia, pero muy mal usada. Colombia tiene 114 millones de hectáreas, imagínense ustedes que sólo el 4% está dedicada a producir comida, a producir agricultura. Los estudios agroecológicos y agrogeográficos del Agustín Codazzi muestran que la vocación real para la agricultura está en el 19%. De modo que nosotros sin ni siquiera abrir frontera agrícola en la Orinoquia, en los Llanos, podríamos más que cuadruplicar el área que está hoy dedicada a la producción de alimentos y esa área que no está dedicada a la producción de alimentos está dedicada en teoría a ganadería extensiva altamente ineficiente. Además, esos mismos trabajos nos muestran que la real vocación ganadera de Colombia no debería pasar del 12% del área y llega al 37%. ¿Cuál es la razón? Entre otras, la tragedia que ha venido sufriendo Colombia y que castró a una generación desde el punto de vista de su vocación para ocuparse del campo que fue el narcotráfico y la violencia, y más recientemente, el narcoparamilitarismo-latifundismo, eso distorsionó el uso de la tierra, pero esa herencia hay que corregirla. A mi juicio, la primera contribución en ese sentido, muy efectiva, fue la política de seguridad democrática, que no ha terminado, no se ha consolidado, pero me parece que en muy buena hora el gobierno del presidente Santos decidió mantener la política de seguridad democrática. Como complemento esencial, la política de tierras. Y la política de tierras pasa no solamente por la reparación de las víctimas que es esencial, sino por solucionar el mal uso de las tierras porque en Colombia, en general, almacenar tierra poco cuesta, o no cuesta, quiero decir que la tributación predial, no en todas partes, pero casualmente donde existe mayor conflicto entre la vocación real y el uso la tributación predial es bajita, irrisoria, mínima o inexistente. Si a usted no le cuesta almacenar tierra, usted acumula tierra como una forma de inversión y de acumulación de riqueza para rentas futuras, es como una alcancía y como a usted no le cuesta eso, no tiene que hacerla rendir. Si el impuesto predial se revisa sin llegar a excesos para inducir por la vida del mercado y no por la vía administrativa de las reformas agrarias normativas que tanta ineficiencia y corrupción generaron, sino que pone a funcionar al mercado, los mismos dueños de tierra o se vuelven eficientes y buenos agricultores o crean un mercado de tierras, lo sacan al mercado, parcelan las tierras, y las arriendan, las venden. Entonces ese tema lo está asumiendo con seriedad el gobierno y creo que es el paso a seguir, que no contradice la seguridad democrática. Primero, las cosas necesitan un ambiente de paz, de tranquilidad en los campos para que esa tarea se pueda realizar. De modo que biotecnología y política de tierras constituyen dos ejes enormes para el futuro de una Colombia que puede aprovechar con mucho éxito, si lo hace bien.

R.E.S.: Dr., enfocándonos más en su experiencia, cuéntenos ¿cuál fue su primer trabajo después de haberse graduado?

C.G.C.: Bueno, yo terminé en la Universidad, y luego tenía que hacer mi trabajo de grado y lo hice sobre los flujos de ahorro institucional desde la periferia hacia el centro porque a mí siempre me obsesionó la desigualdad regional, el centralismo y la debilidad de las regiones de la periferia. Yo nací en Ibagué aunque hice mi bachillerato en el Colegio San Ignacio en Medellín, pero desde que estaba en Ibagué yo me daba cuenta que todos los años se iban para la capital, y sobre todo en el caso de Ibagué, porque eso no sucede en todas partes, no sucede con Bucaramanga ni con Medellín, eso no sucede con Cali y como Ibagué está muy cerca, es una especie de satélite al servicio del centro, entonces me ocupé en esa tesis. Además, como había un trabajo muy importante que había hecho el entonces asesor de la ANDI, el doctor Gabriel Poveda Ramos, y la ANDI funcionaba en Medellín, decidí irme para Medellín para que el doctor Poveda me dirigiera la tesis. Estando en esas, en la mitad de la tesis me dijo el doctor Poveda: “Carlos Gustavo están buscando en industrias alimenticias Noel (que hoy es del Grupo Nacional de Chocolates), un director de planeación porque han creado el departamento de planeación y yo les hablé de usted y les interesa entrevistarlo”. Entonces me entrevistaron y me engancharon en Noel, y fui director de planeación de Noel durante poco más de un año. Gané experiencia, pero eso me costó aplazar la tesis y entonces me demoré para graduarme un poquito. Estando en Noel, quería hacer una maestría en Economía y apliqué la Universidad de Lancaster, y allá estuve casi dos años haciendo mi maestría en Economía. Como todo economista que le interese la macroeconomía a pesar de que yo tenía mi cimiento en el tema regional, llegué y me enganché en el DNP, donde en ese momento el staff técnico de los economistas estaba concentrado allí. Pero casualmente, al entrar a DNP yo me enganché en la nómina del Banco de la República, en ese entonces el staff del Banco no era tan fuerte como hoy, pero sí tenía una nómina como en comisión en el DNP y fui empleado del BR. Desde ese entonces yo siempre soñé con regresar al Banco.

R.E.S.: Y en este orden de ideas, ¿cuál ha sido el cargo que le ha presentado mayores desafíos?

C.G.C.: Yo creo que cada cargo tiene sus desafíos. Yo no puedo decir que uno tiene más desafío que el otro; pero si yo me pusiera a repasar cada uno de esos cargos habría dos elementos comunes que, creo yo, permiten superar cualquier desafío: primero, la perseverancia: no rendirse al primer golpe, sino al contrario, levantarse y ser terco. Segundo, la humildad: no sentirse uno sobrado. Cuando ya tú estás enfrentado, independientemente de tu pasado, a unos desafíos tú tienes que ser perseverante y humilde, y la humildad es la materia prima de la fortaleza para la lucha. Si uno no es humilde, no va a tener el vigor para luchar; creo que la humildad es la que le da a uno la fuerza para luchar frente a cualquier desafío. Hablemos, por ejemplo, de lo más reciente: El Banco. Yo regresé al banco y regresé a esta tarea de la macroeconomía después de muchos años. Y cuando lo hice me tocó volver a estudiar economía, como loco, aquí con mis colegas y con el staff técnico que ha sido mi profesor. Me tocó volver a tomar los textos de economía porque los míos, los que yo había utilizado cuando estuve en la universidad y en planeación, ya ni existían, había cambiado todo, entonces me tocó volver a estudiar, a ser autodidacta, hacer un esfuerzo tremendo. Entonces, los primeros años en el banco fueron de un stress inmenso y yo no me podía vencer, yo tenía que leer y leer, ser humilde, preguntar, decirle “Pare” a los muchachos, espere que no entiendo y hay que preguntar todo lo que usted no entienda, porque si usted deja pasar una pregunta sin respuesta, después le queda un vacío en su vida que es terrible.

R.E.S.: ¿Cómo cree que ha cambiado la enseñanza de la economía entre su época y la actualidad? En otras palabras, ¿Cómo ve a la enseñanza de la economía hoy en día?

C.G.C.: Aunque la Universidad de Los Andes, desde que yo estuve allí, siempre se distinguió por un sistema muy flexible, el sistema de créditos, que te permitía tocar otras áreas del conocimiento; en aquella época no era tan flexible y tan rica como es ahora. Yo creo que ha evolucionado para bien, porque, por ejemplo, a las ciencias políticas o las clases de estética y de filosofía en la facultad, se les miraba con un poco de arrogancia y se calificaban como “costuras” y resulta que eso es una equivocación tremenda, es un irrespeto al conocimiento; no solamente no son costuras, sino que son indispensables para que un buen economista no se equivoque ni a la salida ni a la llegada. Entonces, hoy en día yo creo que ha evolucionado favorablemente el estudio de la economía; claro, es muy especializado, pero al fin y al cabo, mucho más universal. En la economía tienes que tener herramientas básicas fundamentales, las matemáticas, la estadística, le econometría, es decir, la teoría económica en sí, pero hay unos elementos que tal vez al principio del nacimiento de la ciencia económica en Colombia se soslayaban o no se les daba la importancia que se debía, como el conocimiento de la historia, el de la antropología, el de la psicología, el de la política, del gobierno. Y hoy se ha abierto, en la economía, una rama muy importante que es la economía del comportamiento, que no está construida únicamente por economistas, sino por psicólogos, antropólogos, sociólogos, y hasta neurólogos.

Otra cosa y es que por el modernismo, creo yo, se le olvidó a mi generación por un buen tiempo, creo que ustedes sí lo están retomando, y es que el creador de de la ciencia económica moderna, Adam Smith, antes que economista, escribió la teoría de los sentimientos morales. Porque la ciencia económica es una ciencia moral, pertenece a la rama de la moral y a la rama del comportamiento humano. Una cosa es que uno necesite herramientas y técnicas de toda índole, pero uno no puede olvidar el norte, o si no, se equivoca. La teoría de los sentimientos morales es un libro que tenemos que leer y releer todos los economistas del siglo XXI.

R.E.S.: ¿Cómo hacer política económica en un país tan reticente a los cambios?

C.G.C.: Yo creo que hay que tener el sentido de urgencia, generar el sentido de urgencia. Por ejemplo, el tema de las pensiones necesita un sentido de responsabilidad intergeneracional y para ese tema yo me aliaría con los jóvenes, porque esos son los que van a perder si no hacemos la reforma pensional…es a ustedes los que les toca esa bomba. Ese es un tema generacional, y yo no vi ninguna juventud hablando de eso.

Asi, el sentido de urgencia frente al tema pensional lo tienen los jóvenes; segundo, si tu como policymaker quieres hacer la reforma pensional tengo que hacer una alianza para el cambio, ¿Con quién? con los que ganan con la reforma; tercero, decir para dónde voy; y cuarto, victorias de corto plazo, para poder negociar.

R.E.S.: ¿Qué le puede decir a los futuros economistas? ¿Qué consejos hay para los próximos graduandos?

C.G.C.: Pues consideren que el título les dura cinco años, hay que renovarlo todos los años. Volver a los fundamentos y leer la teoría de los sentimientos morales y darse cuenta que la ciencia económica es una ciencia moral y una ciencia del comportamiento más que una ciencia matemática o una exacta. Es más, en vez de ciencia exacta, arte moral y arte del comportamiento.