Alfredo Sarmiento

Alfredo Sarmiento, director y consultor de programas y temas sociales, ex director del Programa Nacional de Desarrollo Humano y actual profesor universitario, habla con SUPUESTOS, para darnos una perspectiva de la Seguridad Alimentaria en Colombia y en el mundo.

Revista Supuestos (RS): A grandes rasgos, ¿Cómo está la seguridad alimentaria en Colombia?

Alfredo Sarmiento (AS): Uno podría decir que en Colombia hay todas las posibilidades de tener seguridad alimentaria, pero, desafortunadamente hay muchas regiones que no aun la tienen. Hay mucha gente con problemas evitables por desplazamiento y pobreza estructural, especialmente indígenas, que tienen déficits grandes en la seguridad alimentaria.

Los economistas miden la pobreza extrema tomando el ingreso (para mi gusto, bastante unidimensional y poco representativo de la pobreza). Sin embargo, en cuanto a este tema, lo que se observa es que si una persona se gasta todo su dinero, no le alcanza para comprar las calorías que se supone debe tener un colombiano promedio. Esa situación es 25% en el sector rural y fue creciente en el momento en el que el país crecía más en producto (entre el 2005 y el 2008). En otras palabras, quiere decir que 1 de cada 4 campesinos tiene inseguridad alimentaria en Colombia. Y eso sucede justamente en el sitio donde se producen los alimentos. ¿Cómo explica uno eso? Adicional a eso, hay otros datos que muestran que hay mayor desnutrición en los desplazados y en los indígenas que el promedio del país.

RS: Muchas comunidades rurales se ven inconformes con la legislación colombiana respecto al tema de seguridad alimentaria, pues aparentemente ignora aspectos muy importantes para ellos. ¿Qué opina usted al respecto?

AS: Yo creo que la palabra ‘comunidad rural’ es grande. Más que la ruralidad, se trata de los desplazados. El desplazamiento los lleva al hambre casi con seguridad porque lo pierden todo.

Sin embargo, en el sector urbano es más fácil que la gente reciba apoyo del Estado porque se siente más clara la presión de las personas. Programas como Bogotá sin Hambre son cosas que funcionan mejor en la parte humana, por la organización con la que cuentan. Es cierto que el Estado tiene que tener una organización más ágil, pero la sociedad también tiene que exigir.

Por otro lado está el problema de los indígenas. La Economía del Dones la forma cultural para que entre ellos no acumulen sino que distribuyan la buena cosecha. Se rigen por la creencia de que siempre será posible conseguir alimento en el futuro porque la madre naturaleza lo dará. Hay un problema adicional de cultura que puede generar problemas en cuanto a la alimentación.

Desafortunadamente nada de esto sale en la prensa, y ni siquiera en las encuestas de hogares. Hay que buscar las poblaciones más débiles, porque si un estado no hace eso, no es gobernable.

RS: Recientemente fue publicada una noticia sobre una gran crisis alimentaria que podría afectar a 450 millones de niños alrededor del mundo durante 15 años. La gran crisis se le atribuye a los lentos avances en contra de la desnutrición infantil. ¿Qué podría decir acerca de la falta de efectividad para reducir la desnutrición infantil?

AS: Desde los trabajos de Sen (1960) sobre las hambrunas, sabemos que no es la falta de alimentos lo que necesariamente produce el hambre. Porque incluso en Colombia, los que tienen hambre son los que producen los alimentos. Según Sen, el tema es de falta de titularidades, es decir que a pesar de que los alimentos se producen, no se tienen los ingresos para consumirlos, ni la educación para hacerlo adecuadamente o para hacer el tratamiento de los mismos. Parte de los problemas de mortalidad infantil tienen que ver con las Enfermedades Diarreicas Agudas (EDA). Y en realidad de nada sirve alimentarse y tener infecciones fuertes en el intestino. Entonces el contexto que hace que el alimento se pueda alcanzar y aprovechar, va más allá de la producción misma.

En segunda medida, en Colombia y en el mundo está empezando a ser muy grave el tema de los biocombustibles. El último informe de desarrollo humano que se hizo sobre El Valle, realizado por De Roux, mostró que ya están comenzando a producirse déficits de alimentos porque las mejores tierras están siendo utilizadas para producir caña con la finalidad de que seabiocombustible. Hay un incentivo fuerte para utilizar tierras, pero no para producir comida.

Las guerras por ejemplo, también generan grandes hambrunas y desnutrición. Finalmente, la falta de alimentos puede generar desnutrición, pero si hay suficiente solidaridad internacional, esa falta de alimentos no debería producir hambre. Y si hay suficiente democracia tampoco.

RS: ¿Qué gran conclusión podría destacar del II Conversatorio en Seguridad Alimentaria y Nutricional, organizado por Acción Social y el Programa Mundial de Alimentos a mediados del año pasado?

AS: Básicamente lo que se trataba de mostrar en mi caso era, ¿qué podemos hacer en cuanto a seguimiento y evaluación? ¿Por qué es importante?

Casi nadie tiene ninguna dificultad en aceptar que el objetivo es una buena nutrición para todos. Estamos de acuerdo…Pero tenemos un poco de problemas que se dan en diferentes puntos de la cadena de valor, si lo podemos llamar así, o puntos en los procesos con los que debe llegar el alimento. Por ejemplo, se traen un poco de desperdicios; el 30% de la carga es innecesaria porque trae tierra. Además la forma de transportar los alimentos permite que haya muchos camiones desocupados. Si se organiza la distribución, podrían venir más llenos.

Hay un gran problema de información y de coordinación entre las diferentes instituciones. Mientras en la producción está el Ministerio de Comercio y el Ministerio de Agricultura, en la distribución tienen que ver los alcaldes y la organización de la ciudad. La seguridad alimentaria vista por un solo aspecto es muy difícil, entonces la idea es ver cómo generamos un sistema de generación continua que pueda mirar los avances y ubicar los problemas.

Entonces se trata de convencer a muchas instituciones. No es sólo producción, no es sólo distribución, sino qué tanto de eso se refleja en nutrición, consumo adecuado y hábitos adecuados. La gran apuesta es coordinar a todos y llevar unos indicadores sobre los que estemos de acuerdo.  Tenemos que ponernos de acuerdo en el marco general de lo que importa para seguridad alimentaria desde cada una de las especializaciones.

RS: Últimamente se ha dado el problema de que países del este asiático han empezado a comprar tierras fértiles en África, previendo una futura crisis alimentaria, y están empezando a hacerlo en Latinoamérica. Ya Argentina ha implementado medidas para controlar eso pero nosotros no. ¿Eso cómo nos puede afectar y qué se puede hacer en Colombia?

AS: No va a afectar 90% con seguridad pero, es absolutamente prevenible. Tiene que hacerse un cambio importante en la regulación.

La economía del desarrollo utiliza una cosa que se llama “el efecto Mateo”, que es tomado de San Mateo y dice: al que tiene se le dará y al que no tiene, aún lo que tiene, le será quitado. Eso es lo que hemos llamado la peste de los recursos naturales. Tener recursos naturales, si no se desarrolla la capacidad de negociación y la capacidad de educación de la gente que los tiene, los convierte en esclavos. El África hace 200 años, el continente más rico del mundo, lo dejaron después del saqueo con huecos y corrupción. Nuestra África particular es el Chocó, que fue el departamento más rico y 200 años después del saqueo colombiano y norteamericano, se volvió huecos y corrupción también. Tenemos una gran riqueza, pero debemos cuidarla y desarrollar las capacidades de negociación. Nuevamente es un tema institucional. Tenemos que luchar contra la idea simplista de la economía neoclásica, de que si hay los incentivos correctos, el mercado lo produce todo. En estas cosas, y sobre todo de largo plazo, lo institucional es muy importante, y Colombia está atrasada en eso. Es un reto urgente porque estas tierras no vienen solas, son las tierras donde hay agua y donde se pueden producir bosques que serán un bien del futuro. Entonces es absolutamente necesario hacer los cambios institucionales, y para eso hay que mover a toda la sociedad. Que no sean simplemente 5 especialistas, sino que sea realmente todo el mundo que tiene consciencia de eso. Después ya va ser tarde y va a tener los mismos problemas que está mostrando la locomotora de la minería.