UNA BATALLA POR LA VIDA: LA OMS CONTRA EL ÉBOLA

Andrés Dávila
Director Editorial
Asistente de Investigación CEDE
Estudiante de Economía y Gobierno
ao.davila10@uniandes.edu.co
Universidad de Los Andes

 

La problemática que desató la epidemia de ébola en África occidental llevó a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) desplegara una respuesta de emergencia a través de intervenciones directas para detener el contagio y prevenir el esparcimiento a otros países. En lo que llevamos del siglo, la preocupación y acción internacional nunca había sido tan fuerte. El propósito de este texto es exponer un breve análisis de política pública de las medidas de intervención de la OMS durante la crisis de la enfermedad del virus del ébola (EVD por sus siglas en inglés). Para conseguir esto, se analizará la problemática global que aconteció el ébola, los principales puntos de la respuesta de la OMS ante la crisis, los actores internacionales dentro del subsistema político, las expectativas que se tenían del programa, los resultados de la intervención, sus efectos inesperados y finalmente las limitaciones que enfrentó la ejecución de la política pública.

En primer lugar, a inicios del 2014 el mundo vió el despertar de una enfermedad letal que azotó el occidente de África: el ébola. La trasmisión del virus en Guinea, Liberia y Sierra Leona cobró alrededor de 11,312 vidas y se posicionó como una crisis de salúd pública con importancia internacional (Boseley, 2015). Cómo tal, la enfermedad del virús del ébola es una fiebre hemorrágica severa que contraen los humanos. El EVD tiene una fatalidad promedio de 50%, aunque en la peor fase de la crisis alcanzó un nivel de 90% (WHO, 2017). Al igual, la gravedad del virus incrementa por lo altamente contagiosa que es la enfermedad. Todavía más, la atención al contagio se dificulta, pues el diagnóstico es complicado y a pesar de que hay varios mecanismos de prevención y control en estado de prueba, para el 2017 aun no existía un tratamiento disponible para la EVD (WHO, 2017).

La epidemia que inició en África occidental cobró altísima importancia internacional, puesto que las enferemedades no respetan fronteras y el contagio por contacto físico característico del ébola facilitó su propagación. En sí, además del contagio en varios paises africanos vecinos de los afectados, la enfermedad golpeó también a Estados Unidos y a España, pues viajeros contaminados con el virus propagaron la enfermedad entre el equipo médico de atención (Boseley, 2015). Ahora bien, el esparcimiento de la enfermedad se dio por sistemas de salud disfuncionales, alta mobilidad de población a través de las fronteras, funerales tradicionales de las comunidades y desconfianza hacia las autoridades (Boseley, 2015). Aun más, la infección afectó el personal médico y llevó al colapso del sistema de salud en los principales paises afectados, por lo que el control de esta y otras infecciones o enfermedades se complicó (Boseley, 2015). Así, la combinación entre el virus y el comportamiento riesgoso motivado en el pánico que desató, llevó a una crisis en prácticamente todas las esferas de la sociedad: demasiadas vidas perdidas, empleos destruidos, campos de agricultura abandonados, menos niños educados y más déficit gubernamental (CPI, 2016).

Ahora bien, la OMS es una organización de las naciones unidas con 194 Estados miembros y enfocada en salud internacional (WHO, 2017). Sus metas generales incluyen alcanzar cobertura universal en salud y asegurarse de que todos los países puedan detectar y responder a amenazas de salud pública (WHO, 2017). Es por esto que, ante el brote epidémico más grande de la historia, la OMS reaccionó con un plan de respuesta fundamentado en el despliegue de miles de expertos técnicos, equipos médicos y personal de apoyo, además del establecimiento de laboratorios móviles y centros de tratamiento (WHO, 2017). Aun así, no fue sino hasta julio del 2014 que la OMS -en una reunión especial con ministros de 11 paises africanos y otros actores relevantes- declaró la epidemia del ébola como una crisis de salud pública internacional y se procedió a coordinar y ejecutar el plan de respuesta alcanzado (CPI, 2016).

El plan de respuesta a la crisis tenía dos objetivos principales: 1) detener la trasmisión de la EVD y 2) prevenir el esparcimiento de la enfermedad en otros territorios (CPI, 2016). Para esto, la OMS ejecutó intervenciones para el control y prevención de la enfermedad. Por el lado del despliegue de personal médico, se movilizaron 2,013 especialistas técnicos entre los principales países afectados y los recién contagiados en África. Al igual, se coordinó el establecimiento de 26 laboratorios móviles capaces de analizar más de 750 muestras diarias para el diagnóstico de la enfermedad. Asimismo, la OMS colaboró y prestó asistencia técnica en la construcción de unidades para el tratamiento del ébola. Por otro lado, se contó con la llegada de 58 equipos médicos extranjeros y expertos técnicos procedentes de varios países del mundo. Incluso, la organización lideró la coordinación sobre el territorio nacional de los expertos en salud y garantizó la provisión de equios con protocolos para el entierro digno y seguro de los fallecidos en el marco del virus del ébola. Todo esto se concentró especialmente en los países más críticos: Guinea, Liberia y Sierra Leona. Finalmente, a través de los años la OMS ha facilitado el estudio de vacunas, medicamentos y tratamientos, lo que llevó al desarrollo de dos vacunas experimentales que son objeto de ensayos clínicos (OMS, 2015).

Asimismo, el plan de respuesta inmediata se pusó la meta de detener la trasmisión de ébola en los países afectados en un lapso de tiempo de 6 a 9 meses, por lo que se establecieron tres puntos de referencia para la intervención: 1) alcanzar cobertura geográfica completa para la respuesta al ébola en países con trasmisión generalizada e intensa, 2) asegurar intervenciones inmediatas y de emergencia para combatir el ébola en los países con casos iniciales o trasmisión local y 3) fortalecer la preparación para la detección y respuesta rápida a la EVD, en especial en los países vecinos (WHO, 2014). Por ende, se movilizaron los recursos humanos necesarios, se aceleró el entrenamiento de personal capacitado, se incentivó el compromiso de las comunidades, se garantizaron las provisiones esenciales, se aceleró la investigación en tratamientos y se coordinó la gestión operacional y financiera (WHO, 2014).

Por su parte, en el subsistema político que se desarrolló alrededor de la intervención entraron a jugar numerosos actores. Como tal, según el Center for Public Impact (CPI), los principales actores de la política fueron la OMS; la ONU; Guinea, Liberia y Sierra Leona como las naciones más afectadas por el problema; ONG de atención humanitaria como los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) y Médicos sin Fronteras; el Banco Mundial como ONG financiadora; otros Estados involucrados como los países vecinos y países con vuelos internacionales y donantes del sector privado comprometidos con la ayuda humanitaria (2016). En general, todos los actores compartieron un mismo interés en un marco legítimo de la política: erradicar el ébola. Por tanto, el subsistema político fue fuerte, con gran compromiso por la intervención. Aun así, en principio no había un esfuerzo concertado por parte de los gobiernos comprometidos con controlar la situación, pues se estaba evitando declarar la emergencia por miedo al pánico que pudiera generar y a las posibles consecuencias económicas (CPI, 2016). No obstante, la participación activa de las instituciones internacionales promovió la cooperación y llevó a la coordinación global.

Teniendo en cuenta la gran cantidad de actores que participaron en la política, no es sorpresa que las expectativas del impacto de las intervenciones fueran bastante altas. En línea con los objetivos establecidos, la respuesta internacional se planteó tres principios líderes: 1) reversar la tendencia de nuevos casos y áreas infectadas dentro de 3 meses, detener la trasmisión en ciudades capitales y puertos y eliminar toda trasmisión residual dentro de 6 a 9 meses, 2) detener todas las trasmisiones dentro de 8 semanas del caso índice y 3) construir un plan completo de respuesta preparado para países que comparten fronteras con países infectados y para todos los centros de viajes internacionales (WHO, 2014). En este sentido, se esperaba detener las cadenas de trasmisión en los países afectados, prevenir el esparcimiento de la enfermedad a países vecinos y reactivar los servicios de salud esenciales de forma segura y con resiliencia (WHO, 2015). En últimas, todo radicaba en disminuir el contagio y la fatalidad de la EVD, con la mira puesta en alcanzar 0 casos de ébola en África occidental.

En efecto, el 14 de enero del 2016 la OMS anunció que se logró el objetivo de 0 casos de ébola en los países principalmente afectados (WHO, 2017). Como tal, los resultados positivos de la política estuvieron en línea con las expectativas. En sí, las respuestas a nivel nacional e internacional resultaron en un número de mejoras importantes en la salud pública de las naciones, incluyendo prácticas de entierro más seguras, detección de casos más temprana, más personal y establecimientos médicos, más y mejores campañas de concientización pública y rastreo de contacto y contagio intensivo más efectivo (CPI, 2016). Todavía más, la investigación científica aumentó para el desarrollo de nuevos productos médicos con objetivos de prevención, tratamiento y posible cura de la EVD (WHO, 2015).

No obstante, no todo en la intervención fue positivo, pues gran parte del personal médico contrajo la enfermedad y falleció, el cierre de las fronteras dificultó la cooperación internacional y la interrupción del comercio afectó el ingreso de la economía y el acceso a alimentos (The Economist, 2014). La gráfica 1 muestra la evolución de contagios y muertes del personal médico en los tres países con mayor probabilidad de contagio y los protagonistas del origen y evolución de la crisis. Como se ve, los casos de contagio y fallecimiento del personal no se estabilizaron sino hasta mitades del 2015. Al igual, varios resultados inesperados surgieron de la política. Por ejemplo, las prácticas tradicionales de entierro cambiaron, lo que a pesar de alterar el comportamiento y la cultura de las comunidades logró mejorar la efectividad de la intervención (Mundasad, 2015). Por otro lado, se descubrió un efecto psicosocial catalogado como el síndrome post-ébola, que dificulta la reincorporación a la vida social de los afectados tras el aislamiento (WHO, 2015). Finalmente, la intervención coercitiva de aislar a los contaminados generó incentivos a que la población mimetizará su estado de salud, evitando mostrar los síntomas y mintiendo acerca de la cadena de contacto, lo que disminuía la efectividad de la intervención (Pellecchia, 2015).

Gráfica 1: fallecimiento y contagio de personal médico en Guinea, Liberia y Sierra Leona.

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Fuente: Humanitarian Data Exchange. 2017.

Por último, las limitaciones de la política fueron bastante importantes. Como tal, la principal fue la restricción que impone la gestión de la OMS a la reacción rápida. La OMS se demoró alrededor de 3 meses en identificar el primer caso de ébola y 6 meses en declarar la emergencia internacional y desarrollar el plan de acción (CPI, 2016). En sí, la política interna de la agencia y su rigidez cultural pusieron un obstáculo importante a la respuesta (Sifferlin, 2015). Por otro lado, a nivel local la confianza pública era débil, por lo que el impacto de la intervención humanitaria se vio mitigado por comportamientos perjudiciales de las comunidades (CPI, 2016). Al igual, la ejecución incluyó una disyuntiva entre integridad ética en los protocolos aplicados y la eficiencia de la respuesta, pues para actuar rápidamente no era posible verificar la moralidad de las intervenciones, como por ejemplo el aislamiento (Saxena, 2016).

En conclusión, la política precursada por la OMS para afrontar la emergencia de salúd pública que surgió con el ébola presentó un reto gigantesco para la organización, requirió de esfuerzos importantes y en especial de cooperación internacional. Sin duda, la aplicación de la política estuvo marcada por numerosos errores que sentaron las bases para amplias críticas. A pesar de los desafíos que se presentaron en su aplicación, la política logró cumplir sus objetivos de contener la trasmisión y evitar el esparcimiento del virus e incluso logró motivar la investigación y desarrollo de nuevas herramientas para confrontar la EVD u otras nuevas epidemias. En definitiva, la aplicación de políticas públicas en casos de emergencia del estilo del ébola pone de presente la necesidad que tienen las instituciones de reaccionar conscientemente según la gravedad de la crisis y omitir rigideces en la gestión pública. Evitar el mismo número de víctimas a futuro no solo es fundamental, es obligatorio.

Referencias

 

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Mundasad, S. (2015, marzo 23). How Ebola Changed the World. BBC News.

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