IMPLICACIONES ECONÓMICAS DE LAS PROPUESTAS FISCALES DE LOS CANDIDATOS A LA PRESIDENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS

 

Helena Suárez
Subdirectora de Edición & Revisión
Estudiante de Economía
Universidad de los Andes

Germán Orbegozo
Estudiante de Economía
Universidad de los Andes

María Fernanda Rocha
Estudiante de Economía y Administración de Empresas
Universidad de los Andes

En las democracias modernas, las elecciones presidenciales marcan un punto de quiebre en la dirección hacía la cual marcha una nación en su búsqueda por el progreso y el bienestar. Más aún, las tendencias políticas y económicas que tiene un candidato presidencial delimitan su campo de acción sobre la sociedad. Así mismo, el planteamiento de las estructuras fiscales de un país incide en la viabilidad de las propuestas de los candidatos y representa la capacidad del gobierno para cumplir lo pactado una vez han sido elegidos. En este orden de ideas, el objetivo de este artículo es presentar las generalidades de las propuestas fiscales de los dos candidatos a la presidencia de los Estados Unidos, para realizar un análisis respecto a las posibles implicaciones que podrían tener sobre la economía estadounidense. Para esto, primero se expondrá la situación fiscal que deja el gobierno Obama. Luego, se abordará la reforma fiscal propuesta por Donald Trump en el marco de los efectos sobre la economía estadounidense. En seguida, se explicarán las propuestas de Hillary Clinton en materia tributaria y sus respectivas repercusiones. Para concluir, se evaluará cuál de los dos candidatos representa una mejor alternativa en términos de estructura tributaria para los Estados Unidos.

La economía estadounidense ha presentado cifras desfavorables en materia fiscal durante el gobierno de Obama. Este deja una deuda pública que supera el 95% del PIB estadounidense y un país acostumbrado a un gasto público elevado (World Bank Data, 2016). En este orden de ideas, las políticas expansivas del gobierno y los bajos impuestos al consumo implementados durante la administración de Obama, fijan un reto específico para el nuevo presidente de los Estados Unidos. El ganador de las elecciones tendrá que establecer un marco fiscal que permita reducir el déficit presupuestal y la deuda externa con la que inicia su gobierno. Esto sin recortar el gasto destinado a bienes públicos que durante la última década no aumentó las tasas de tributación de manera proporcional.

En primer lugar, Donald Trump plantea una reforma fiscal que tiene como objetivo principal reducir la carga impositiva. Sin embargo, aunque a primera vista esta podría parecer una idea atractiva, vale la pena analizar las posibles implicaciones sobre los hogares, las empresas y el agregado de la economía estadounidense, dado que se espera que el costo económico de la reforma sea alto. De acuerdo a estimaciones del Comité para la Responsabilidad Federal del Presupuesto (CRFC por sus siglas en inglés), la política de impuestos de Trump llevaría a un aumento de la deuda pública de 12 trillones de dólares durante la siguiente década, lo que es igual a un préstamo de 1.2 trillones anuales durante los próximos diez años (2016).

En términos generales, el recorte fiscal planteado por Trump consiste en limitar el nivel de tributación de rentas empresariales al 15% (actualmente se encuentra en 35%) para todas las firmas. Por el lado de los hogares, se busca reducir el número de grupos de impuestos al ingreso de 7 a 3 y aumentar las deducciones impositivas con el fin de reducir el porcentaje de contribución como proporción del salario (actualmente se encuentra en promedio en 31.5%). La justificación del candidato republicano es que al reducir y simplificar el cobro de impuestos se generará crecimiento económico y oportunidades de empleo para los americanos. Sin embargo, las repercusiones, tanto en términos microeconómicos como macroeconómicos, no son tan simples ni absolutas.

 Por una parte, los países necesitan impuestos para funcionar y una disminución en los ingresos del Estado necesariamente implican una contracción del gasto o un aumento en el nivel de deuda pública. De acuerdo a estimaciones del Centro de Política Fiscal (TPC por sus siglas en inglés), el ingreso federal disminuiría en 9.5 trillones de dólares durante la próxima década y 15 trillones de dólares adicionales durante los siguientes diez años (2015), en el escenario en el que Trump pudiera llevar a cabo sus propuestas. En este orden de ideas, para no afectar el balance de las cuentas nacionales se debería realizar un ajuste en la inversión cercano al 20% (TPC, 2015), con un efecto negativo sobre el crecimiento del producto. Sin embargo, de acuerdo a la descripción de la reforma, se espera estimular la inversión en algunos sectores, por ejemplo, en la salud de los veteranos de guerra.  

Desde el punto de vista de las firmas, la reducción en los impuestos corporativos posiblemente promoverá la creación de empresas, al tiempo que desincentivará la propagación de filiales por fuera de los Estados Unidos (Zandi et al, 2016). Por el lado de los hogares, la propensión marginal a consumir aumentaría pues habría más ingreso disponible (Zandi et al, 2016). Ahora bien, los efectos sobre el mercado de trabajo son ambiguos. De acuerdo a Zandi et al (2016), aunque una reducción en los impuestos podría aumentar los incentivos a trabajar, ahorrar e invertir, cuando las personas se sienten más ricas (por ejemplo, como consecuencia de que tienen más ingreso disponible por una menor carga impositiva) trabajan, ahorran e invierten menos.  

Si bien esta es una aproximación bastante amplia sobre las posibles implicaciones tras la aplicación de la reforma tributaria de Trump, en términos generales, se puede concluir que los efectos potenciales sobre el agregado de la economía estadounidense no son alentadores. Sin embargo, las consecuencias en el corto plazo, sobre las firmas y los hogares, podrían llegar a estimular el crecimiento de la economía, vía consumo e inversión. En todo caso, es fundamental tener en cuenta el ambiente político, los diferentes tipos de incentivos y el horizonte temporal del calendario electoral, para entender la esencia de las propuestas del candidato republicano, dado el nivel de complejidad de unas elecciones presidenciales.

Por otro lado, la propuesta fiscal de Hilary Clinton gira alrededor de dos puntos principales, radicalmente opuestos a aquellos planteados por Trump. En primer lugar, la candidata pretende implementar un recargo para los contribuyentes de altos ingresos (millonarios y multimillonarios), aquellos con mayor probabilidad de llevar a cabo encubrimiento de impuestos, para asegurar así la progresividad de la tasa impositiva efectiva. En este sentido, también se plantea cerrar el llamado “sistema fiscal privado” que le permite a los contribuyentes de altos impuestos evitar pagos por medio de lagunas fiscales. En segundo lugar, se espera reformar las normas fiscales internacionales para corporaciones con el fin de evitar que reduzcan su pago de impuestos a través de mecanismos como uniones entre compañías extranjeras. Ahora bien, estos puntos son propuestos con el fin de aumentar el recaudo fiscal para financiar responsablemente varios objetivos políticos que ha planteado la candidata, enfocados hacia la competitividad y la reducción de la desigualdad.

Desde una perspectiva macroeconómica, las propuestas de Clinton repercutirían fuertemente en materia de recaudo fiscal. De acuerdo con estimaciones de Moody’s Analytics, estas propuestas supondrían un aumento de 1,46 trillones de dólares en el ingreso fiscal durante la siguiente década (Zandi et al, 2016). Parte de la propuesta consiste en utilizar estos fondos para la financiación de gastos adicionales del gobierno: trabajos mejor remunerados, infraestructura, educación libre de deudas y recompensas a la investigación e innovación. En este sentido, la candidata propone un sistema fiscal altamente progresivo y enfocado a una participación más activa del Estado. No obstante, se debe tener en cuenta que las medidas que se plantean con el fin de gravar de manera más justa a los hogares de altos impuestos y de cerrar lagunas fiscales podrían hacer del nuevo sistema fiscal uno bastante más complejo y sujeto a menor transparencia, tal como lo resalta Zandi. Esto, tendría repercusiones negativas en el sentido que entorpecería su funcionamiento y añadiría mayores costos de transacción -tanto a los hogares de altos ingresos como a las entidades encargadas del recaudo fiscal-.

Por otro lado, es posible que dichas propuestas incidan sobre la economía norteamericana vía efectos en la demanda agregada, pues aumentos en el recaudo representarían una disminución en el consumo de los hogares. Sin embargo, de acuerdo a Auxier, Burman y Nunns (2016) tres cuartas partes del aumento total en impuestos serían pagadas por los hogares pertenecientes al 1% más alto en ingresos. Así, la fracción que potencialmente podría presentar cambios en el comportamiento de consumo y ahorro es relativamente pequeña respecto al resto de la población y resulta ser poco representativa en el sentido en que puede utilizar sus ahorros e instrumentos financieros para no reducir su nivel de consumo. Ahora bien, el aumento en el gasto público se financiaría con los ingresos provenientes de la reforma fiscal, lo que generaría una expansión de la demanda agregada, pues, de acuerdo con Zandi, “hacia el final de su mandato, el PIB real sería 1,7% más alto de lo que sería bajo la ley actual…” (Zandi et al, 2016).

Así pues, la propuesta fiscal que plantea Clinton incrementaría el recaudo tributario y haría al sistema más progresivo, invirtiendo grandes sumas de dinero en estímulos a la economía. De acuerdo con las estimaciones de Auxier et al (2016), los ingresos federales aumentarían en 1.1 billones de dólares durante los próximos 10 años, lo cual podría reducir futuros déficits y hacer más lenta la acumulación de deuda pública. No obstante, dichas propuestas aumentarían la complejidad del sistema fiscal y reducirían el nivel de trasparencia del mismo, lo cual sería indeseable.

Ahora bien, de acuerdo a estimaciones de Moody’s Analitics, la senda de crecimiento del producto tras la implementación de las propuestas de Trump difiere considerablemente de la senda de crecimiento proyectada para el caso en el que no se presenten cambios en la política tributaria. De hecho, tras la adopción de la reforma fiscal del candidato republicano, el impacto a 10 años es negativo. Si bien se tendría un aumento en el producto tras el primer año de implementación de su política fiscal, en la gráfica 1 se puede apreciar que en el largo plazo el producto estaría por debajo de lo proyectado para la política fiscal actual. En particular, para 2026 el PIB (real) de los Estados Unidos estaría alrededor de 1 trillón de dólares por debajo del PIB (real) esperado para el caso de mantener el régimen fiscal actual. Respecto a las consecuencias en términos de crecimiento de la implementación de las políticas de Hillary Clinton, en la gráfica 2 se observa que para 2026 se tendría un PIB (real) medio trillón de dólares por encima de aquel proyectado para el caso sin el ajuste tributario planteado por la candidata. Si bien el anterior resultado es menos acentuado que aquel estimado para las políticas de Trump, este trae un balance positivo para la economía estadounidense en el largo plazo.

 

 

Finalmente, el análisis presentado anteriormente no ha sido sino un recuento limitado de los planteamientos de los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos, por lo que está sujeto al grado de implementación de dichas propuestas, así como a la complejidad de la realidad económica. A partir de lo anterior es posible concluir que, a pesar de que las alternativas fiscales de ambos candidatos tendrían repercusiones tanto positivas como negativas sobre la economía estadounidense las propuestas fiscales formuladas por Hilary Clinton se muestran como las más apropiadas a la luz de la teoría económica.

 

Bibliografía

 

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