Inclusión de la mujer en el mercado laboral colombiano: ¿qué lo permitió?

Por: Nicolás Galavis V.

La tasa de participación femenina en el mercado laboral colombiano ha sido la de mayor crecimiento en la región desde mediados de los 80 hasta principios de este siglo.[1] Como lo ilustran Amador, Bernal & Peña, “mientras que en 1980 la tasa de participación laboral femenina de Colombia era la segunda más baja de la región, superando únicamente la de Costa Rica, en 2004 ésta fue la más alta de la región, igualada únicamente por Uruguay.” (Amador, Bernal & Peña, 2013, p.3). Cabe entonces preguntarse acerca de los hechos que permitieron la integración acelerada de la mujer en el mercado laboral. Este ensayo enuncia y explica los cambios institucionales, sociales y demográficos que posibilitaron dicho aumento de la participación femenina en la economía. En síntesis, se argumenta que un ambiente de instituciones eficaces (enfocadas hacia la integración de la mujer en la sociedad), la disminución en la tasa de fecundidad, mayor tiempo libre y mayor educaciónfue lo que permitió la incorporación femenina en el mercado laboral.

En primer lugar, desde mitad del siglo XX se dieron ciertas innovaciones institucionales que les dieron mayor autonomía a las mujeres. Estos cambios institucionales establecieron el contexto en el que se darían los demás cambios sociales y demográficos. El primer cambio fue el plebiscito de 1957 en el cual se estableció el voto para las mujeres y por tanto fue su boleto de entrada a la política de hecho. Como lo reseñó Armando Gómez en 1991: “A partir de ese momento, las mujeres tendrían los mismos derechos políticos de los varones.” (Gómez, 1991). Sin embargo, esto no significa que antes las mujeres no hicieran política. Basta con ver las columnas de Soledad Acosta de Samper para darse cuenta que desde principios del siglo XX las mujeres buscaban entrar a la sociedad de manera más activa. A pesar de esto, no es hasta el plebiscito que las mujeres empiezan a actuar en la política.  Esta participación política de la mujer resultó en el aumento de reformas más feministas. Lo explica mejor la ex senadora y ex ministra María Elena de Crovo, quien ocupó una curul en el Congreso de la República entre 1966 y 1970 y posteriormente fue ministra de trabajo:

Estoy muy orgullosa de los aportes que he hecho al mejoramiento de la calidad de vida de las mujeres. En primer lugar, desde mi tribuna en el Congreso de la República, cuando fui senadora en el gobierno del presidente Carlos Lleras Restrepo, presenté muchos proyectos de Ley, por ejemplo para que aumentara el presupuesto de la nación para educación, para la definición de políticas a favor de la familia que condujeron, por ejemplo a la creación del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y los mecanismos para su financiación (García, párrafo 5).

Estos esfuerzos que se dieron desde el gobierno desembocaron en una defensa de la mujer en términos institucionales. El principal triunfo de este empeño se dio con la Constitución de 1991. Allí, la mujer se igualó al hombre en términos de derechos pero además se le dio especial protección por el simple hecho de ser mujer. Así pues, el artículo 43 reza:

La mujer y el hombre tienen iguales derechos y oportunidades. La mujer no podrá ser sometida a ninguna clase de discriminación. Durante el embarazo y después del parto gozará de especial asistencia y protección del Estado, y recibirá de éste subsidio alimentario si entonces estuviere desempleada o desamparada. El Estado apoyará de manera especial a la mujer cabeza de familia.

Asimismo, la Constitución Política profundiza e insta en el estatuto del trabajo (artículo 53) que se le debe dar “protección especial a la mujer, a la maternidad y al trabajador menor de edad.” Estos cambios sembraron el escenario en el cual se daría el aumento de la participación femenina en el mercado laboral.

Ahora bien, el primer cambio social importante que se dio fue la evolución de la tasa de fecundidad, la cual ha disminuidodesde 1985 e inclusoantes. De hecho, y según explica la Revista de Información Básica presentada por el DANE en el 2007, la fecundidad “ha venido descendiendo de manera significativa en las últimas décadas en el país, influenciada por una serie de factores determinantes”.  Además, especifica que su intensidad ha variado pues “ha sido de mayor intensidad en el periodo 1993 – 2005, en el cual el nivel de la fecundidad ha presentado un caída del 21 por ciento”, y esto contrasta con la disminución en la década anterior en la cual “la disminución registrada entre los censos de 1985 y 1993 que fue solamente del 3,6 por ciento.” Este hecho se ve más claramente expresado en el cuadro 7 que muestra como el tamaño del hogar promedio colombiano ha disminuido en dos personas entre 1970 y 2005[2].

Además, la crianza de los hijos, como lo exponen Olarte y Peña (2010) está  fuertemente ligada conla posición de las mujeres en el mercado laboral. En sus palabras, “…la mayor parte de la crianza de los hijos recae en las mujeres, y por ende cualquier costo asociado a ser madre que no sea experimentado por un padre puede potencialmente afectar los retornos relativos en el mercado laboral.” (Olarte y Peña, 2010, p. 3). En otras palabras, las mujeres reciben mayores incentivos a ingresar y engancharse en el mercado laboral además de mayores ganancias en éste si no tienen hijos, pues son ellas quienes se encargan de su crianza. Esta disminución está ligada al nivel de educación y desarrollo de las mujeres. Así lo refleja la revista de Información Básica del DANE (2007) pues según cifras del 2005 “el nivel de la fecundidad en Bogotá D.C. está muy por debajo del promedio nacional, 1,92 hijos por mujer, coherente con un mayor nivel educativo de las mujeres y mayores niveles de desarrollo”. En cambio, otras regiones con menor nivel de desarrollo como Chocó, Vaupés y Vichada están muy por encima al promedio nacional. Así pues, la mayor implicación de la disminución en la tasa de fecundidad femenina es una mayor libertad para la mujer educada (y por tanto de clase media-alta) para participar en el mercado de trabajo.

Sumado a esto, las mujeres tienen otro aspecto que les permite más libertad y autonomía respecto a su capacidad de entrar al mercado laboral: los cambios socio-culturales que facilitaron su papel de gerentes del hogar. En otras palabras, las mujeres siguen sin cumplir un papel como jefes de familia (entre 1976 y 1995 el cambio porcentual del número de mujeres jefe de hogar fue sólo dos porciento pasando de 16 a 18%)[3] pero van a tener más tiempo para interactuar en la economía. Esto se debe a la introducción de diferentes avances como lo fueron los restaurantes de comidas rápidas y los electrodomésticos enfocados en los trabajos de la casa. Por ejemplo, en 1994 se vio un aumento del 30% de los restaurantes de comida rápida comparado con el año 1993 (Mejía, 1995). Esta cifra aumentó aún más con la llegada de nuevos competidores. En adición a esto se vio un auge de los productos electrodomésticos como las lavadoras, secadoras, planchas, etc. En Colombia, este mercado tuvo un gran éxito a mediados los 80 y 90 donde se posicionaron marcas como Black & Decker, Oster, la nacional Incelt, Mabe y se creó Industrias Haceb[4]. En general estos cambios sociales dieron más tiempo a la mujer para engancharse en el mercado laboral colombiano, dándoles así paso a un papel dual dentro de la sociedad de amas de casa y agentes económicos activos.

Por supuesto, falta mencionar aquí uno de los cambios principales y que va a permitir a la mujer establecerse en el mercado laboral: la educación. Las mujeres han tenido un gran avance en formación de capital humano incluso respecto a los hombres.[5] Cárdenas (2007) muestra esta relación cuando dice que “[El] hombre se estancó entre 1980 y 1990, mientras que las mujeres aumentaron su escolaridad de manera constante. En 2000, una colombiana tenía en promedio 0,78 años de escolaridad más que un colombiano, mientras que en 1960 la situación era inversa” (Página 65)[6]. No existe, en definitiva, una explicación única y concreta alrespecto. Según Sarmiento (2001), “tanto en primaria como en secundaria [las mujeres] se demoran menos en cursar los niveles y adquieren un poco más de educación. Adicionalmente, esta diferencia se ha ampliado en los últimos veinte años” (Página 50). Además, en términos de deserción, las mujeres también están en una mejor situación que los hombres pues “44 de cada 100 que ingresaron a primer grado en 1991 terminarán secundaria, mientras que sólo 39 de cada 100 hombres lo harán” (Sarmiento 2001, página 50). Sumado a esto, las mujeres con educación terciaria completa disminuyeron su tasa de desempleo de 10,9% a 6% entre 1985 y 1995 (en los últimos años de los 90 esta aumentó, posiblemente debido a la crisis). Sin embargo, si se compara con la tasa masculina su desempeño fue mucho mejor pues los hombres pasaron de 5,3% a 3,5% en el mismo intervalo.[7]

En conclusión, el fuerte aumento de la presencia femenina dentro del mercado laboral tiene diversas causas. En primer lugar, se sentaron las condiciones necesarias para que la mujer participara abiertamente en política y posteriormente en la vida económica. Esto en presencia de una baja en la fertilidad y avances tecnológicos y culturales que les dieron más tiempo a las mujeres y permitieron que ellas se educaran más y se engancharan en el mercado laboral. Finalmente, este aumento en la educación no tiene una razón clara y por tanto deja una interrogante para la literatura sobre qué permitió este cambio y cómo se dio.

Anexos

Cuadro 1: muestra los años de educación promedio en los años relevantes. Tomado de Ribero y Meza (1997). 

Cuadro 1: muestra los años de educación promedio en los años relevantes. Tomado de Ribero y Meza (1997). 

Cuadro 2: muestra la disminución de los menores en los hogares. Tomado de Ribero y Meza (1997). 

Cuadro 2: muestra la disminución de los menores en los hogares. Tomado de Ribero y Meza (1997). 

Cuadro 3: muestra el cambio en la educación promedio de la población diferenciada por regiones. Tomado de Sarmiento, Perla & Alam (2001). 

Cuadro 3: muestra el cambio en la educación promedio de la población diferenciada por regiones. Tomado de Sarmiento, Perla & Alam (2001). 

Cuadro 4: muestra la diferencia en la tasa de desempleo según género y educación. Tomado de Sarmiento, Perla & Alam (2001).

Cuadro 4: muestra la diferencia en la tasa de desempleo según género y educación. Tomado de Sarmiento, Perla & Alam (2001).

Cuadro 5: compara la tasa de participación femenina en el mercado laboral con regiones del mundo. Datos del Banco Mundial. 

Cuadro 5: compara la tasa de participación femenina en el mercado laboral con regiones del mundo. Datos del Banco Mundial. 

Cuadro 6: compara la participación femenina en el mercado laboral con grupos de países con diferentes posiciones económicas. Datos del Banco Mundial. 

Cuadro 6: compara la participación femenina en el mercado laboral con grupos de países con diferentes posiciones económicas. Datos del Banco Mundial. 

Cuadro 7: muestra el cambio en la cantidad de personas en el hogar colombiano. Revista de Información Básica, DANE. 

Cuadro 7: muestra el cambio en la cantidad de personas en el hogar colombiano. Revista de Información Básica, DANE. 

Nota al pie

 [1] El cuadro 5 compara el desempeño de Colombia con respecto a diferentes grupos geográficos. Por su parte se puede ver el desempeño respecto a diferentes grupos económicos en el cuadro 6.

[2] Además el cuadro 2 muestra la disminución de menores, según categorías de edad, en los hogares colombianos a través del tiempo.

[3] Datos de Ribero & Meza (1997).

[4] Más al respecto del comportamiento de la venta de electrodomésticos en el periodo se puede ver en el reporte de El Tiempo de 1997 “En el Mercado…”.

[5] El cuadro 3 muestra el avance en educación por sexo y por región. Evidencia el aumento de escolaridad de las mujeres incluso en las regiones menos desarrollados como Chocó.

[6] El cuadro 1 tomado del trabajo de Ribero & Meza expresa el cambio en el nivel de escolaridad entre hombres y mujeres.

[7] Datos encontrados en el trabajo de Sarmiento, Perla & Alam (2001) página 68 y mostrados en el cuadro 4.

Bibliografía

Constitución Política de Colombia. (1991).

Amador, D., Bernal, R., & Peña, X. (2013). El aumento en la participación laboral femenina en Colombia: ¿fecundidad, estado civil o educación? Bogotá: Documentos CEDE.

Cardenas, M. (2007). Introducción a economía colombiana. Bogotá: Alfaomega – Fedesarrollo.

Charry, A. (s.f.). La participación laboral de las mujeres no jefes de hogar en COlombia y el efecto del servicio doméstico. Banco de la República.

Crovo, M. E. (s.f.). Ser Diferente no significa ser inferior. (G. Garcia, Entrevistador) Recuperado de: http://www.uniboyaca.edu.co/agendaciudadana/index.php?option=com_k2&view=item&id=379:%E2%80%9Cser-diferente-no-significa-ser-inferior%E2%80%9D&Itemid=162

El Grupo del Banco Mundial. (s.f.). Data. Obtenido de Sitio web de The World Bank: http://data.worldbank.org/indicator/SL.TLF.CACT.FE.ZS

El Tiempo. (16 de junio de 1997). En el Mercado… El Tiempo, Recuperado de: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-593920 .

Departamento Administrativo Nacional de Estadística (2007). Cambios sociodemagráficos en Colombia: periodo intercesal 1993-2005. Revista de Información Básica, Volumen 2 (número 2).

Gómez, A. (22 de Marzo de 1991). La reforma del plebiscito, 1957. El Tiempo, Recuperado de: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-48326 .

Olarte, P., & Peña, X. (2010). El efecto de la maternidad sobre los salarios femeninos. Bogotá: Documentos CEDE.

Ribero, R., & Meza, C. (1997). Determinantes de la participacion laboral de hombres y mujeres en Colombia: 1976 – 1995. Departamento de Planeación Nacional.

Sarmiento, A., Perla, L., & Alam, C. (2001). Situación de la educación básica, media y superior en Colombia. Bogotá: Casa Editorial El Tiempo.

Imagen recuperada de http://actualidadeconomiacolombiana.blogspot.com/2011/02/mercado-laboral-cifras-del-ano-que.html

Deseo agradecer a Miguel Urrutia y Juan Felipe Ortiz Riomalo por sus comentarios en la producción de este trabajo.