"Ahogados en la cultura de la inmediatez"

Por: Carolina Gómez Prieto
ac.gomez424@uniandes.edu.co

Pararse en el puente peatonal de cualquier estación de Transmilenio y detenerse a observar todo lo que sucede en el entorno es suficiente para darse cuenta de que esta sociedad sufre de una enfermedad llamada inmediatez. La gente lucha todos los días contra el reloj, pelea contra sus propios inventos y poco a poco va dejando de ver su verdadero reflejo en las cosas que hace. En pocas palabras, estamos en una sociedad a la que se le están acabando las ideas y la transparencia. Quizá el desorden institucional con el que nació Colombia hace que este problema sea aun más grave, ya que la mentalidad de mucha gente está enfocada en una idea de inmediatez que obstaculiza su felicidad. Por fortuna, lo que resulta tranquilizante de toda esta situación es que algunas personas parecen estar despertando; se han cansado de seguir el orden de vida que la sociedad colombiana se inventó y que extrañamente estableció como absoluta.

A saber, la cultura de la inmediatez es la tendencia de tener que realizar determinadas actividades en un tiempo corto y sin espera. Posiblemente el propósito de la inmediatez sea la comodidad y el bienestar de las personas. Sin embargo, una sociedad que se encuentra inmersa en la inmediatez vive rutinas prolongadas, le teme a las innovaciones y por lo tanto es muy conservadora. Así mismo, está limitada en términos de medios de comunicación y sistemas de educación ya que todo debe trasmitirse con éxito en un periodo muy corto. Armand Mattelart, un reputado sociólogo belga establece que el “presentismo” de la inmediatez ha impedido entregar una información a partir de la cual se tome distanciamiento para ver dónde están las verdaderas causas de los acontecimientos (Silva Numa, 2012). Básicamente, los hechos se están transmitiendo y comunicando de manera incompleta. En la educación sucede algo similar ya que los programas académicos diseñados para enseñar se han convertido en retos de tiempo donde muchas veces la calidad no tiene lugar. Finalmente, las tecnologías y las redes sociales se han convertido en fieles aliadas de la inmediatez puesto que contribuyen a enterar sobre lo que sucede “aquí” y “ahora” entre nosotros.

Esta tendencia es de orden mundial, no obstante, algunas sociedades incluyendo la colombiana se han dejado ahogar en ella. Aunque posiblemente las condiciones socioeconómicas de este país se han vuelto la justificación de la inmediatez, en este texto hago referencia específicamente a los problemas de la sociedad de clase media alta respecto a ese asunto. La inmediatez ha generado un orden social específico y una línea de vida que la mayoría de colombianos siguen ciegamente. Cuando no lo hacen, se llenan de temor. La línea de vida está definida en gran parte por los niveles educativos: Una persona comienza su preescolar y luego pasa por el colegio. Posteriormente, vive la educación superior y si alcanza niveles de maestría y doctorado, mejor. En algún momento conseguir un trabajo bien remunerado y formar un hogar se vuelven prioridad. En síntesis, vivir para esta secuencia es lo que muchos han entendido como lógico. Por supuesto, en un país en el que la mayoría tiene dificultades para asumir gastos de educación, la línea de vida se modifica y se reduce a la realización del preescolar o del colegio, y luego a salir a trabajar y a formar un hogar. Este orden no está mal si alguien realmente es feliz sometiéndose a una rutina interrumpida en pocas ocasiones. No obstante, desafortunadamente hay personas que viven como máquinas porque “no tienen tiempo para más”.

La psicología establece que los hobbies y las actividades preferidas de una persona son ideales para la salud física y mental. Además, las personas funcionan mejor en sociedad cuando disponen gran parte de su tiempo para actividades que realmente disfrutan (Rice, 2006). Romper esquemas en la rutina y salirse del orden de vida es saludable, activa la creatividad, amplía la visión del mundo, y nos conduce a nuevas metas. La cultura de la inmediatez está estableciendo un orden de vida específico donde muchas veces no existe un espacio para lo que hace feliz a una persona. Sin embargo, salirse de ese orden motiva a hacer más cosas y a hacerlas mejor. La gente crece porque amplía sus posibilidades y aprende a decidir con inteligencia y cautela.

Una de las grandes decisiones que ha sido víctima de la cultura de la inmediatez en este país es la carrera universitaria. Es cierto que en Colombia se considera adulta a una persona a partir de los 18 años. En ese punto ya tiene poder de voto, puede trabajar de manera oficial y generalmente –en una sociedad de clase media alta- debe elegir carrera. Pero gran parte de la población (50%) que toma esta decisión falla. Incluso, los altos índices de deserción estudiantil se le atribuyen en gran parte a problemas en tal elección (El Tiempo, 2012). Según la neurocientífica Sandra Aamodt (2011), las partes del cerebro involucradas en la toma de decisiones no están totalmente desarrolladas sino hasta después de los 25 años. Es decir, la corteza prefrontal que ayuda a inhibir los impulsos y a planear u organizar el comportamiento propio para alcanzar un objetivo, no está lo suficientemente desarrollada. Esto no implica que una persona con 18 años no sea capaz de tomar grandes decisiones. No obstante, puede existir un margen de error muy amplio atribuido a las condiciones físicas mencionadas y a una crisis definida entre dejar de ser adolescente y comenzar a ser adulto.

La cultura de la inmediatez ha obligado a los jóvenes a elegir carrera tan pronto acaban el colegio. Sencillamente es ese el orden que deben seguir para obtener bienestar. Además, las condiciones socioeconómicas han obligado en alguna medida a decidir rápidamente comenzar a estudiar. Esta inmediatez obstruye decisiones coherentes para que alguien realmente saque a flote sus mejores habilidades y se desempeñe de la mejor forma. Pero, cuando uno está seguro de lo que realmente quiere, lo hace por gusto y lo hace con pasión. Cuando uno hace algo con pasión, lo hace bien. Hacer las cosas bien puede conducir rápidamente al éxito profesional y dar otro tipo de beneficios.

El punto de todo esto no está en que las personas no deberían elegir carrera tan pronto. Cada cual es libre de tomar decisiones y saber qué tan capaz es de hacer las cosas para ser feliz. Sin embargo, es importante vencer la cultura de la inmediatez y saber que la línea de vida ordenada no es el único camino. Al igual que la decisión de una carrera universitaria, hay otras cosas que se vuleven una amenaza de la inmediatez. El empleo (especialmente el primer empleo), la vivienda e incluso la familia se convierten en decisiones apresuradas donde podría no existir la felicidad verdadera. En este país muchos actúan por inercia, siguen tendencias y le temen a los cambios. Es cierto que hay que educarse y hay que trabajar para mejorar tantos problemas, pero las opciones para hacerlo son infinitas y la inmediatez nos hunde en una sola.

Realizar un largo viaje, hacer servicio social por un tiempo y salirse un poco del esquema cotidiano es una muy buena opción para el bienestar. No hay que descuidar ese placer de hacer lo que nos gusta, no hay que temerle a las personas sino tratar de entenderlas con sabiduría y darse cuenta de que muchas se encuentran en la misma situación. De hecho, cuando se les pregunta a varios profesionales que si pudieran elegir de nuevo su carrera universitaria, cuál sería, la mayoría responden que elegirían una diferente a la que cursaron. La idea no es vivir para quedar con ganas de hacer algo que ¨las condiciones¨ no permitieron. Suena trivial y suena cliché pero los sueños deben perseguirse, y alejarse por un rato es bueno para decidir lo mejor. Lo que necesita esta sociedad es un cambio de mentalidad, es logar vencer la cultura de la inmediatez. Cuando uno considera mejores caminos y cuando uno amplía sus posibilidades dejan de existir limitaciones para la felicidad. En conclusión, un gran cambio en la mente puede hacer grandes cambios en lo físico. Esto no se trata de superación personal sino de una semilla social que si germina, puede generar algo muy fuerte, un cambio de verdad.

Bibliografía

(2011, Octubre 10). Brain Maturity Extends Well Beyond Teen Years. Recuperado el 22 de Julio de 2013, de: http://www.npr.org/templates/story/story.php?storyId=141164708

(2012, Marzo 7). Alrededor del 50% de los estudiantes universitarios desertan de sus carreras. El Tiempo. Recuperado el 22 de Julio de 2013, de: http://www.eltiempo.com/Multimedia/especiales/esp_comerciales/especialeducacion/alrededor-del-50-de-los-estudiantes-universitarios-desertan-de-sus-carreras_11302102-7

Rice, K. (2006, Julio 6). 21st Century Family: Hobbies Help. abc news. Recuperado el 22 de Julio de 2013, de: http://abcnews.go.com/Health/story?id=118258&page=1

Silva Numa, S. (2012, Octubre 23). Hay que escapar de la inmediatez. El Espectador. Recuperado el 22 de Julio de 2013, de: http://www.elespectador.com/noticias/actualidad/vivir/articulo-382902-hay-escapar-de-inmediatez