Seguridad en Bogotá: Un Urgente Enfoque en Cultura Ciudadana

Por: María Paula Díaz Bajarano, Diego Parra Álvarez & Bryan Vidal Ruiz  

 

La seguridad es uno de los mayores retos para la administración distrital. Según la encuesta de Percepción y Victimización, de la Cámara de Comercio de Bogotá, en 2015 el 55% de los bogotanos percibía que la seguridad había disminuido. En este contexto, la percepción de inseguridad de los ciudadanos se había incrementado tanto en el transporte público, como en las calles, parques, centros comerciales y espacios públicos. Por otro lado, según la Gran Encuesta, la confianza de los colombianos en las instituciones ha disminuido. ¿Existe alguna relación entre la percepción de inseguridad y la desconfianza de la población en las instituciones?

La teoría nos ha enseñado que la confianza de los individuos en las instituciones se relaciona estrechamente con los factores que contribuyen a su bienestar (Listhaug, 1984). En el bienestar social, la percepción de seguridad juega un papel fundamental. En 2015, sólo el 14% de los habitantes de Bogotá se sentían seguros y el 80% de los encuestados, en la Red de Ciudades Cómo vamos, dijo haber sido víctima de atracos en la capital (Semana, 2016). Estas cifras ponen en evidencia lo observado a partir de la encuesta de Percepción y Victimización, en donde los encuestados señalaron como principal modalidad delictiva, de la que se sentían inseguros, el hurto. Como se puede observar en la siguiente gráfica entre otras de las modalidades delictivas que preocupan a los bogotanos figuran el homicidio (17%), el robo a residencias (11%), lesiones personales (10%), venta de drogas (8%) y abuso sexual (5%).

 

Tomada de Encuesta de Percepción y Victimización 2015, Cámara de Comercio de Bogotá.

Como lo establece la Constitución, Colombia es un Estado social de derecho, y como tal, debe asegurar las garantías de sus habitantes para desenvolverse libremente en el territorio. Sin embargo, los altos índices de inseguridad que perciben los habitantes cuestionan el papel del poder legislativo, ejecutivo y judicial, como representantes del poder del Estado. Es posible que la menor percepción de seguridad de la población respecto a sus derechos civiles (Higuera, 2009) y la insatisfacción personal (Listhaug, 1984), disminuya la confianza institucional. Veamos qué está sucediendo en cada una de las ramas de poder, en relación a la confianza que están transmitiendo a la población y su relación con la percepción de inseguridad.

Entonces, ¿qué explica la ineficacia de la política de seguridad? En primer lugar resulta fundamental reconocer en la ciudad espacios de encuentro ciudadano que trascienden más allá de una organización administrativa. En efecto, a través de la organización de la ciudad en localidades, barrios, plazas y calles se materializan relaciones complejas entre sus habitantes, el poder y la ciudadanía, la familia y el individuo. De esta manera, la ciudad es entendida como un espacio físico y simbólico, referido particularmente a un sistema de expresión colectiva. Así pues, comprender las relaciones humanas que surgen de dicho encuentro hace alusión al espectro de esferas de regulación social entre ley, moral y cultura. Por consiguiente, y de manera particular en nuestro país, podemos partir de la oposición entre dos tipos ideales de cultura: aquella donde lo culturalmente válido cabe dentro de lo legalmente válido, y aquella donde abundan las incongruencias entre estas (Mockus, 1999).

Así pues, es preciso definir los conceptos expuestos anteriormente. Lo legalmente permitido se define en función del conjunto de normas jurídicas orientadas a lograr una convivencia ciudadana óptima. De allí, la política de seguridad puesta en práctica a través de la alta presencia policial, la imposición de multas o el castigo con cárcel es cobijada por lo legalmente permitido. De igual forma, lo culturalmente válido corresponde a comportamientos colectivos con independencia frente a lo que dice la ley. El irrespeto de las normas de tránsito, el soborno a las autoridades para evitar una multa o colarse en Transmilenio sin pagar la tarifa, corresponden a prácticas no permitidas que son legitimadas por la acción ciudadana. Por último, lo moralmente válido se constituye a través de juicios y argumentos que la persona formula usando su conciencia, o autonomía moral. (Mockus, 1999).

Estudios realizados por Corpovisionarios (2008) proponen que la ciudadanía obedece a los sistemas de regulación social por dos razones: porque admiran la norma o buscan reconocimiento, o porque quieren evitar la sanción legal, moral o cultural. En específico, de acuerdo a la Encuesta de Cultura Ciudadana (2008) se evidencia que el bogotano promedio tiende a verse a sí mismo como un ser que actúa de acuerdo a su autonomía moral, guiado por el placer por cumplir con la propia conciencia, mucho más que por el temor a la multa o a la cárcel (Corpovisionarios, 2008). Por el contrario, al proyectarse en tercera persona e interactuar con otros ciudadanos, considera que la autonomía moral es significativamente menos importante en la regulación del comportamiento de los otros, mientras que el temor a la multa o a la cárcel crece de manera considerable. Entre tanto, el bogotano se considera como un ser “moral” quien debe convivir a diario con sujetos deshonestos y agresivos, a quienes es debido aplicar una sanción jurídica estricta (Juvinao, 2015).

Tomado de:  Bogotá Cómo Vamos (2015) Encuesta de Percepción Ciudadana [en línea].

Al primer tipo de acatamiento se le llama “cumplir por las buenas”, mientras que al referirse a otros ciudadanos se denomina “cumplir por las malas”. Quienes guían su comportamiento por las buenas lo hacen para obtener una auto gratificación moral y por la admiración de la ley, mientras que los demás lo hacen por las buenas lo hacen por el temor a la sanción jurídica (Corpovisionarios, 2008).

¿Qué implicaciones tiene lo anterior? En este punto se genera una peligrosa dinámica: cuando se cree vivir entre individuos que resuelven conflictos “a las malas”, aumenta la probabilidad de justificar dichos comportamientos en nosotros mismos (Juvinao, 2015). En otras palabras, lo legalmente permitido pierde autoridad, pues la sociedad legitima prácticas ilegales percibidas en su cotidianidad. Para dar un ejemplo de ello, de acuerdo a la Encuesta de Percepción Ciudadana de 2015 elaborada por Bogotá Cómo Vamos, la tendencia muestra que la población se siente más insegura en la ciudad (59%) que en su barrio (28%). En términos sencillos: conozco mi barrio, camino por sus calles a diario y eso me hace sentir seguro. Por el contrario, desconfío de cómo actúan otros ciudadanos, no los considero como seres que actúen en función de su conciencia y por ende son peligrosos. Diversos lugares de la ciudad se erigen como un universo totalmente desconocido: puedo perderme en sus calles, no reconocer muchos rostros y evitar transitar por calles oscuras. De lo anterior, la Encuesta de Percepción Ciudadana (2015) indica una tendencia decreciente en la percepción de inseguridad en el periodo comprendido entre el año 2000 y 2004, periodo en el que se ejecutaron políticas de cultura ciudadana dirigidas a fomentar la confianza en las instituciones y los demás ciudadanos. Por el contrario, a partir de 2008 se observa la consolidación de una gran brecha entre la percepción de seguridad diferenciando la ciudad del barrio. En efecto, los encuestados respondieron sentirse altamente inseguros en la ciudad, mucho más que en su medio local.

 

Tomado de: Bogotá Cómo Vamos (2015) Encuesta de Percepción Ciudadana [en línea]

Por consiguiente, la seguridad sigue siendo un tema muy coyuntural y debatido en el contexto nacional, sobre todo en la ciudad de Bogotá. Esto indica que se deben seguir creando políticas nuevas e innovadoras, que intenten cobijar a la mayor parte de la sociedad, para crear un inminente cambio en la percepción de seguridad. Varios gobiernos políticos de diferentes alcaldes bogotanos intentaron reducir la criminalidad de la ciudad por medio de mayor represión, mayor uso de fuerza bruta, mayores restricciones al consumo, a la venta, de varios bienes legales e ilegales (Lariza Pizano, 2015), que son considerados como generadores de intolerancia ciudadana, como lo es el caso del alcohol y los principales estupefacientes usados por algunas personas de esta sociedad. Aun así, a pesar de estas represiones fuertes y forzosas, y sus altos costos económicos y sociales (M. Kleiman, 2014), no ayudaron notoriamente en un cambio representativo a la percepción de seguridad en la ciudad. Por el contrario, las instituciones empezaron a perder su identidad de ser protectoras de los ciudadanos y sus derechos, al mismo tiempo que se pierde la idolatría en un sistema judicial “eficiente”, como lo muestra la Gran Encuesta Colombia Opina de Ipsos Napoleón Franco.

Es por esta razón que lo ideal sería volver a repasar las políticas que generó el exalcalde de Bogotá, el doctor Antanas Mockus, en sus dos periodos de Gobierno (1995-1997) y (2001-2003). Precisamente, Mockus realizó un artículo académico, con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para explicar la importancia de colocar la cultura ciudadana como principal eje sistemático de un buen Gobierno. El artículo Armonizar ley, moral y cultura (1999) fue realizado cuando Mockus estaba ejerciendo la docencia en la Universidad Nacional, justo después de terminar su primer periodo en la Alcaldía Distrital de Bogotá. Para el exalcalde, existe un divorcio entre ley, moral y cultura, el cual es explicado por las acciones ilegales que realizan las personas, pero que moralmente es aceptado por la sociedad, como también acciones ilegales y desaprobadas culturalmente pero aprobadas moralmente, así del mismo modo, acciones ilegales como moralmente inaceptables pero culturalmente son aceptadas y toleradas (Mockus, 1999).

Es así como el exalcalde Antanas Mockus encontró una posible hipótesis sobre la solución a este conflicto de las tres partes. Su respuesta fue colocar la cultura ciudadana como prioridad y como camino, ya que él mismo dice “de leyes y de moral estamos bien, debemos transformar algunos hábitos, algunas costumbres”. Por ende, se crea el Plan de Desarrollo de su Gobierno “Plan Formar Ciudad”, el cual tiene 31 objetivos. Sin embargo, se enfoca en cuatro objetivos de cultura ciudadana: primero, aumentar el cumplimiento de normas de convivencia; segundo, aumentar la capacidad de unos ciudadanos para que lleven a otros al cumplimiento pacífico de normas; tercero, aumentar la capacidad de concertación y de solución pacífica de conflictos entre ciudadanos; por último, aumentar la capacidad de comunicación de los ciudadanos (expresión, interpretación) a través del arte, la cultura, la recreación y el deporte. Teniendo en cuenta estos objetivos, Mockus se dedicó a culturizar a los ciudadanos por medio de acciones pacíficas sin necesidad de actuar con fuerza policial, más bien utilizó esta fuerza policial para mostrar otra cara de la justicia, una que apoya totalmente al ciudadano. Mockus ayudó a crear planes como pintar aceras y calles, cebras, para dar prioridad al peatón, colocando mimos que ayudaban a crear una concientización sobre el respeto de las normas y señalizaciones. También su plan zanahoria para los horarios de rumba nocturnos, que eran un problema grave en la ciudad debido a riñas y disputas por culpa de la combinación del mal ejemplo con el alcohol y drogas. Del mismo modo, crear tarjetas con cara roja y blanca para demostrar aprobación o desaprobación de actos entre ciudadanos, prohibir la pólvora, desarme voluntario de ciudadanos y ahorro de agua. Todas estas acciones de gobierno tuvieron resultados positivos y significativos para reducir el crimen y violencia, riñas, robos, accidentes de tránsito y víctimas de asesinatos. Cifras concretas lo demuestran como la reducción de un 10% en homicidios comunes con presencia de alcohol y un 13% los accidentes de tránsito, gracias a la Ley Zanahoria. Además de esto, con la prohibición de la pólvora, en navidad se redujeron a la mitad los heridos entre los años 1995 y 1996. Con estos resultados notorios, el exalcalde Mockus se ganó el respeto de sus compañeros y de la mayoría de ciudadanos, tanto así que sigue siendo reconocido a nivel mundial por el cambio significativo que generó en la ciudad.

En conclusión, se sabe muy bien que las represalias de Gobiernos al utilizar la fuerza policial como apoyo a las restricciones forzosas de acciones cotidianas, sólo generan mayores problemas de interacción entre el ciudadano y el alcalde. En algunos casos funciona, como mayor fuerza policial para tener mejor percepción de seguridad en barrios y zonas conflictivas, pero en algunas ocasiones genera una percepción de ineficacia de esta institución por falta de leyes que regulen estas acciones ilegales en contra del vandalismo y del ladrón, como lo es el caso del robo de celulares. Es por esta razón que el actual alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa y su Subsecretario y futuro Secretario de Seguridad, el doctor en economía Daniel Mejía, tienen un enorme reto para mejorar la seguridad de la principal ciudad del país, para mejorar la calidad de vida, inversión extranjera directa y mayor crecimiento económico mediante la disminución de inseguridad, robos, asesinatos, riñas, y la mejoría de la relación entre ciudadano y policía. Se sabe por noticias recientes que Daniel Mejía está a la espera de la creación de la Secretaría de Seguridad, por parte de la plenaria del Concejo de Bogotá, para poder comenzar a implementar correctamente la intervención de 12.500 cuadras que son consideradas como puntos rojos por su alto grado de peligro en robos, asesinatos, vandalismo y tráfico de drogas, es decir, donde se concentran la mayor parte de los delitos en toda la ciudad. Se tienen buenas ilusiones por parte del nuevo Secretario de Seguridad, por lo cual recomendamos no hacer caso omiso a las buenas políticas públicas que realizaron anteriores gobiernos que ayudaron a corregir el mejor camino de Bogotá, hacia un crecimiento económico y mejor calidad de vida para sus ciudadanos.

Puñal en la Troncal. Matador

 

Recuperando la Cultura Ciudadana. Matador

 

Bibliografía

BID. 2009. Reporte de resultados de las encuestas LAPOP 2008. Washington, DC, Estados Unidos: Banco Interamericano de Desarrollo.

 Listhaug, O. (1984) Confidence in Institutions: Findings from the Norwegian Values Study; Acta Sociológica, Vol. 27, No.2 (1984) p. 111-122

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Mockus, A. Armonizar ley, moral y cultura. Cultura ciudadana, prioridad de gobierno con resultados y control de violencia en Bogotá, 1995-1997. Apoyo BID. (1999). Bogotá D.C.

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Juvinao, C. (2015). Cultura ciudadana: ¿caramelo electoral o propuesta real? Editorial: El Tiempo. [en línea] disponible en: http://www.eltiempo.com/bogota/analisis-cultura-ciudadana/16401852

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