Glotones y hambrientos en Colombia

Glotones y hambrientos en Colombia

 

María Paula Gutiérrez

Estudiante de Economía

mp.gutierrez@uniandes.edu.co

Universidad de los Andes

 

Nicolás Caro

Estudiante de Economía

n.carov@uniandes.edu.co

Universidad de los Andes

 

En Colombia existe un problema de malnutrición dual en los niños, en donde hay segmentos de la población que padecen de desnutrición, mientras que, en otros segmentos, e incluso en los mismos niveles poblacionales, hay problemas de sobrepeso. El hecho de que Colombia sea un país de ingreso medio y en vía de desarrollo, influye en gran medida sobre cómo se llegan a prácticas no saludables o a situaciones de desventaja económica que generan el problema dual de malnutrición en el agregado social. Esto conlleva a la pregunta de ¿Cómo se da la problemática de la malnutrición dual en Colombia? Se analizarán los determinantes sociales y las causas de este fenómeno con el análisis de estudios realizados a nivel nacional como internacional. Además, se incluirán algunos datos de cómo ha cambiado el trato a esta problemática en los últimos años.

 

En primer lugar, la urbanización ha contribuido a incrementar la obesidad y la desnutrición. Desde 1960 la urbanización en Colombia ha tenido una pendiente creciente, lapso de tiempo en el cual la población urbana ha pasado de ser el 46% a ser aproximadamente el 80% del total (WB, 2019). Este hecho social puede repercutir sobre las formas de nutrición de los ciudadanos, pues el rápido aumento de la urbanización en sectores periféricos genera malnutrición dual en la niñez. En un estudio realizado en Windhoek, Namibia, se demostró que la desnutrición de los niños -considerando atrofia y bajo peso- aumentó en barrios marginalizados de la ciudad. Esto se explica por la inseguridad alimentaria, la cual se refiere a la ingestión insuficiente de alimentos. (FAO, 2019).  Esta es en parte consecuencia de la urbanización (Nickanor et al., 2016), lo cual también puede ocurrir en Colombia, ya que se ha encontrado que el nivel socioeconómico está positivamente relacionado con la desnutrición crónica, especialmente en las zonas urbanas (Flórez, et al., 2001). Por ejemplo, en el 2008, Bogotá fue un de las zonas del país con mayor retraso en el crecimiento de niños de 0 a 4 años, incluso por encima de zonas como el litoral pacífico. (UN, 2008).

 

Sin embargo, en otras investigaciones más generales en países en vía de desarrollo se destaca que el riesgo de desnutrición infantil disminuye, pero el de sobrepeso aumenta cuando hay urbanización; este hecho parece ser una causa del aumento de la malnutrición en los niños. Algunos autores reafirman que esto ocurre en las economías en transición. En primera instancia, este autor contradice el caso ocurrido en Namibia en el que la desnutrición aumenta, pues según su estudio, el bajo peso y la atrofia se mantienen constantes, mientras que el sobrepeso aumenta. Esta segunda enfermedad ha aumentado junto con otras enfermedades crónicas no comunicables, en parte por la urbanización, como ha sido demostrado al comparar niños que viven en zonas rurales y urbanas en Vietnam y China (Cai, 2014). Una de las razones es que en economías de transición los padres se deben trasladar a las ciudades dejando a los hijos como “left-behind” o “floating”. En el primer caso, el niño se queda bajo en cuidado de otro familiar y, en el segundo, a los niños les cuesta trabajo integrarse en la vida urbana. En ambos casos los niños viven en situaciones de pobreza, además de no contar con un amplio conocimiento nutricional. (Cai, 2014). También puede ocurrir que en las ciudades los padres están más ocupados para poder preparar comida saludable, y en consecuencia, se consumen alimentos de menor calidad. (Nidhi et al., 2012) Además, se dice que en las escuelas urbanas el desconocimiento de los efectos del consumo de productos con alto contenido calórico es desconocido. (Cai, 2014). Asimismo, con la urbanización el consumo de aceites, endulzantes y comida procesada incrementa. (Tzioumis, et al, 2015). Aunque todas estas posibilidades podrían ser ciertas, en Colombia el riesgo de sufrir de sobrepeso es mayor en los niveles socioeconómicos más altos (Min. Salud, 2015), como ocurre en otros países en vía de desarrollo. (Cai, 2014). De este modo, los casos de niños en situaciones de “left-behind” o “floating”, no ocupan una proporción relevante en los casos de malnutrición en el país.

 

En segundo lugar, continuando con el argumento de Cai, las economías en vía de desarrollo enfrentan el doble desafío de permanencia de desnutrición y crecimiento del sobrepeso. La atrofia y bajo peso se mantiene por dos tipos de causas principales. En primer lugar, las causas básicas se relacionan con la dificultad para los hogares de acceder a comida con un mayor valor nutricional (Silva, 2016). Para 2015, en Colombia la inseguridad alimentaria total fue de 54.2%, lo cual muestra que cerca de la mitad de la población ha sufrido alguna vez la imposibilidad de conseguir alimentos. (Min Salud, 2015). Esta proporción es alta en los hogares de bajos ingresos en las zonas rurales, ya que los hogares son vulnerables ante cambios en precios de la comida, pues el porcentaje que a la alimentación fue de 33,2% (OSAN, 2014). Del mismo modo, existen cierto tipo de alimentos que deberían hacer parte de una dieta diaria, como lo son los lácteos, cereales, entre otros. Se encontró que solo el 62,2% de la población de nivel 1 en el Sisben incluye lácteos en su dieta, frente al 85,5% de la población de niveles 4 a 6.

           

Por otro lado, las causas subyacentes, que se refieren al abastecimiento de agua, higiene ambiental, saneamiento básico y cuidados maternos, también son fundamentales para entender la permanencia de la desnutrición en Colombia. En el país, en 2015, los niveles de lactancia materna a temprana edad se aproximaron al 72%. Además, la cobertura de alcantarillado en 2013 fue de 91.18% para zonas urbanas, pero de 69.93% en zonas rurales. En cuanto a la cobertura del acueducto, en el área urbana fue de 97,16% y de 73,34%5 en el área rural (DNP, 2013), lo que conlleva a decir que todavía existe aproximadamente entre un 20-25% de colombianos que no viven con un saneamiento adecuado y en un ambiente higiénico. Estas brechas dificultan la posibilidad de disminuir los niveles de malnutrición y los problemas de salud que estos acarrean.

 

Junto con la desnutrición estable, los niveles de sobrepeso, obesidad y exceso de peso han aumentado en el país. Siendo Colombia un país en vía de desarrollo, sus ingresos per cápita han incrementado, pues desde el 2000 esta cifra ha subido aproximadamente 5000 dólares PPP constantes 2011 (WB, 2019). Los países que se encuentran en esta transición, tienden a aumentar consigo los niveles de sobrepeso y no de desnutrición, pues pasan de una dieta alta en fibra y carbohidratos complejos para pasar a una alta en grasas y endulzantes.  Con unas mayores entradas, los niños han comenzado a consumir comida poco saludable (Cai, 2014). La Figura 1 muestra el cambio en la prevalencia de obesidad en niños entre 2005 y 2010. El sobrepeso se ve inversamente relacionado con el nivel de educación, lo cual también ocurre en Colombia, pues aún existe asimetría de información sobre los componentes de una nutrición saludable y balanceada. Estos mayores niveles de obesidad están asociados a un mayor de nivel socioeconómico en Colombia (Fortich, 2011).

8.png

                                  

Este fenómeno resulta también en un incremento de los niveles de sobrepeso para las personas de ingresos más bajos. Como se explicó anteriormente, en economías en vía de desarrollo la población tiende a encontrarse en una transición nutricional, donde las comidas contienen más contenidos de grasas y componentes procesados, y menos productos provenientes de la agricultura (Tzioumis, et al., 2015). Para las familias que están en la transición nutricional y económica, las comidas rápidas ofrecen una buena opción. Este tipo de comida tiene precios asequibles, tiene gran variedad y se encuentra en ubicaciones cómodas. Sin embargo, la comida rápida tiene un alto contenido calórico, por lo que su consumo en exceso junto con el sedentarismo y otros malos hábitos conlleva un riesgo mayor de sufrir de sobrepeso. (Nidhi et al., 2012)

 

Como se planteó anteriormente, la inseguridad alimentaria es la causa básica del consumo insuficiente de alimentos. Esto es más evidente en las clases bajas, debido a que son más vulnerables a cambios en precios puesto que destinan mayor parte de sus ingresos a estos bienes necesarios.

 

Además, la falta de alcantarillado, acueducto y sistemas de saneamiento usualmente se encuentra en las zonas rurales y periféricas del país, por lo que las causas subyacentes de la desnutrición se refuerzan en hogares con un bajo nivel socioeconómico.

 

Finalmente es posible concluir que, como se planteó en un principio, Colombia es un país en vía de desarrollo y donde todavía persiste la pobreza y la desigualdad. Sin embargo, se viven fenómenos característicos de desarrollo como los grandes aumentos en la urbanización, acceso a mercados de comida procesada y el aumento del ingreso. Por tanto, la desnutrición prevalece junto con el sobrepeso en los niños, generando un problema de salud pública denominado la carga dual de la malnutrición. No solo son los factores económicos los que determinan los problemas de la malnutrición, sino también el acceso a los recursos básicos de sanidad en cuanto al cuidado de la salud se refiere. Por ende, para que el acceso al alimento y a los mercados de estos mismos tenga impactos positivos sobre la calidad de vida, es necesario acompañar el consumo de estos bienes con hábitos y condiciones de vida saludables.

 Referencias

 Cai, W. (2014). Nutritional challenges for children in societies in transition. Current Opinion in Clinical Nutrition and Metabolic Care, 17(3), 278–284.doi:10.1097/mco.0000000000000042

 Departamento Nacional de Planeación. (2013). Evolución de las coberturas de los servicios de acueducto y alcantarillado (1985-2013). Recuperado de https://colaboracion.dnp.gov.co/CDT/Vivienda%20Agua%20y%20Desarrollo%20Urbano/Agua/Documentos_sectoriales/1_z_2014_ArtÃ%C2%ADculo_DNP_Evolucion_coberturas_servicios_AA_1985_2013.pdf

 Eckert, S.,et al. (2014). Urbanization and health in developing countries: a systematic review. Recuperado de https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24702762

 FAO. (2019). Conceptos Básicos. Recuperado de http://www.fao.org/in-action/pesa-centroamerica/temas/conceptos-basicos/es/

 Flórez, C., et al. (2001). Desnutrición infantil en Colombia: inequidades y determinantes. Recuperado de http://bvsper.paho.org/texcom/nutricion/D2001.pdf

 Fortich, R. (2011). Los determinantes de la obesidad en Colombia. Recuperado de https://www.researchgate.net/publication/227386396

 Ministerio de Salud. (2015). Encuesta Nacional de la Situación Nutricional. Recuperado de https://www.nocomasmasmentiras.org/wp-content/uploads/2017/12/Resultados-ENSIN-2015.pdf

 Naciones Unidas. (2008). Mapas de la situación nutricional en Colombia. Recuperado de https://www.acnur.org/fileadmin/Documentos/Publicaciones/2008/6825.pdf

 Nickanor, N., et al. (2016). Increasing levels of urban malnutrition with rapid urbanization in informal settlements of Katakura: Windhoek: Neighborhood differentials and the effects of socioeconomic disadvantage. Recuperado de https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27009767

Nidhi, G., et al. (2012). Childhood obesity and the metabolic syndrome in developing countries. (Suppl 1):S28–S37 DOI 10.1007/s12098-012-0923-5

OSAN. (2014). Situación alimentaria y nutricional en Colombia bajo el enfoque de determinantes sociales. Recuperado de https://www.minsalud.gov.co/sites/rid/Lists/BibliotecaDigital/RIDE/VS/PP/SNA/boletin-01-2014-Situacion-alimentaria-colombia-enfoque-determinantes-sociales.pdf

Silva, G. (2016). Desnutrición en Colombia, desde lo social, lo económico y lo político. Recuperado de https://scp.com.co/wp-content/uploads/2016/06/1.-Desnutricion.pdf

 The World Bank Group. (2019). GDP per capita, PPP (constant 2011 international $). Recuperado de https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.PCAP.PP.KD?locations=CO

The World Bank Group. (2019). Urban population (% of total). Recuperado de https://data.worldbank.org/indicator/SP.URB.TOTL.IN.ZS?locations=CO

Tzioumis, E., et al. (2015). Childhood dual burden of under- and over- nutrition in low- and middle- income countries: a critical review. Recuperado de https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4313560/

 

CONGESTIÓN VIAL EN BOGOTÁ: ¿RESTRICCIÓN O ARREGLO INSTITUCIONAL?

Diego Alejandro Parra Álvarez

Subdirector de Contenido

Estudiante de Economía

Universidad de los Andes

 

María Andrea Figueroa Suden

Estudiante de Economía

Universidad de los Andes

 

Para niveles bajos de congestión, una carretera es un bien público que genera utilidad a cualquier usuario, independientemente de que otros lo utilicen. Sin embargo, en la medida en que aumentan los niveles de congestión, una carretera es un recurso de uso común y la utilidad derivada por cada conductor es una función decreciente del número de conductores en la vía (Sterner, 2007). Más aún, la congestión vial también genera una externalidad negativa sobre la calidad del aire, pues el aumento del número de vehículos circulando en la carretera estimula la emisión de gases contaminantes. En ese sentido, resulta fundamental determinar qué factores permiten regular el flujo de tráfico en las carreteras y reducir las emisiones de gases contaminantes. A continuación, se discutirá la problemática de la congestión vial asumiendo que las carreteras son un recurso de uso común cuando existen altos niveles de congestión. Para ello se expondrá el origen de la teoría de los recursos de uso común, sus implicaciones y soluciones conceptuales; también se hará una aplicación empírica tomando como caso de estudio la implementación de la política del Pico y Placa (PYP) sobre el uso del carro particular y los niveles de polución del aire en Bogotá.

 

Seguridad en Bogotá: Un Urgente Enfoque en Cultura Ciudadana

La seguridad es uno de los mayores retos para la administración distrital. Según la encuesta de Percepción y Victimización, de la Cámara de Comercio de Bogotá, en 2015 el 55% de los bogotanos percibía que la seguridad había disminuido. En este contexto, la percepción de inseguridad de los ciudadanos se había incrementado tanto en el transporte público, como en las calles, parques, centros comerciales y espacios públicos. 

Read More

La Falla Del Sistema No Es Estructural

El Sistema de Salud Colombiano está conformado por una rectoría (Ministerio de Salud), unos órganos de inspección y vigilancia (La Superintendencia de Salud, El Instituto Nacional de Salud y El Invima) y un fondo monetario (FOSYGA) dividido en los regímenes contributivo y subsidiado.

Read More

Economía de Alto Impacto: Zonas de Alto Impacto y planeación urbana

Muchas veces cuando nos preguntamos sobre la planeación urbana de la ciudad convergemos en la discusión de los mismos temas. La política en materia urbana se ha delimitado a lo largo de la historia, aunque los temas desarrollados en el “Plan de Ordenamiento Territorial” siguen siendo los mismos, cada vez con menos conocimiento de la ciudadanía. 

Read More

URBANISMO Y MEDIO AMBIENTE: UNA TENSIÓN LATENTE

En la actualidad, uno de los temas más polémicos al interior de la sociedad es la preservación del medioambiente. Laevidencia del cambio climático ha hecho que las personas reflexionen sobre la sostenibilidad de sus actividades diarias. El agotamiento de los recursos y el impacto evidente sobre la vida de los seres humanos han hecho que este debate ya no concierna exclusivamente a los ambientalistas, sino también a politólogos, economistas y ciudadanos en general.

Read More

¿Y si los Bogotanos empezamos a contar a la hora de construir ciudad?

Por Christian Medina

Economista

Estudiante de la Maestría en Geografía

[T]he establishment of spatial meanings— the making of spaces into places— is always implicated in hegemonic configurations of power.

Akhil Gupta y James Ferguson (1997)

Quiero en estas líneas poner mi perspectiva sobre la Bogotá de hoy, desde la geografía urbana y bajo la mirada comparativa. Mirada que debe servir para inspirarnos a reflexionar sobre las mejoras que requiere nuestra ciudad para nuestro bienestar y con el fin de dejar de lamentarnos sobre lo que se ha dejado de hacer en décadas pasadas.

La comparación es una metodología común en el urbanismo, siempre estamos mirando a otros lados del globo para ver cómo lidian con problemas que se pueden encontrar a nivel local. Sin embargo, esta comparación en ningún momento debe dar cabida a la obviedad o lanzarse con tono de soberbia, como la suele usar el alcalde Peñalosa. El urbanismo utiliza esta aproximación continuamente, pero queda en los urbanistas y hacedores de política pública escoger con cuidado los elementos que valen la pena de ella y las capacidades del entorno local para apropiar innovaciones sociales o técnicas que intenten dar solución a las problemáticas locales.

Escribo desde otro país, en una ciudad cuyo modelo de manejo de basuras es ejemplo mundial, su sistema de buses, trenes y trolleys es cronometrado y completo. Que disfruta, al igual de Bogotá, de una exuberante belleza natural en su entorno. A su vez, cuenta con numerosos parques, centros recreativos y deportivos que invitan a pasearla a pesar de la lluvia que suele ser el pan de cada día de esta parte del pacífico.

Una ciudad en la que la cultura cívica establece el orden racional de los actores humanos en las vías. El peatón, quien va desprovisto de toda protección y a baja velocidad, es quien debe tener mayor grado de respeto; en seguida se encuentra el ciclista, quien además de estar desprotegido contra un choque de gran alcance, hace un gran esfuerzo físico para impulsarse sobre las calles. Por último están los carros, que respetan las señales de tránsito y deben dar prioridad a los automotores que realizan labores para el bien común: los buses de servicio público, las ambulancias, los carros de bomberos. Para alguien que ha vivido más de 20 años en un lugar en el que la lógica es completamente inversa, cuesta adaptarse al cambio. Más de una vez he parado el tráfico por no entender que debo pasar la calle pues los autos se detienen en mi camino.

Sin embargo, no todo es color de rosa. Debido a las características ya enumeradas, la creciente economía, el flujo inmigratorio del país y el suave clima que presenta esta costa rodeada de montañas, la ciudad enfrenta la llegada de miles de inversores en bienes raíces y los precios de las viviendas se han hecho imposibles para los trabajadores locales. La ciudad enfrenta un desafío creciente para dar habitación suficiente y a precios razonables para sus ciudadanos. Ello contando con que tiene apenas dos millones y medio de habitantes, esparcidos en un área de casi 3000 kilómetros cuadrados. El “city council” enfrenta el reto escuchando a sus habitantes, tratando de satisfacer sus necesidades y aprovechando al mismo tiempo el boom inmobiliario que le permitiría ampliar su presupuesto de obras públicas absorbiendo al absorber parte de la plusvalía de la tierra y las construcciones.

El gobierno metropolitano hace esfuerzos para tratar de frenar la expansión urbana y redensificar la parte central, pero parece manejar bastante bien el impulso de un desarrollo local con las mejoras en el sistema de transporte que tienen un alto impacto en la calidad de vida de quienes no pueden pagar el costo de vivir cerca del centro de la ciudad.

Miles de argumentos pueden llover para explicar el bienestar social que vive esta urbe si se pone en comparación a la capital de nuestro país: el ingreso nacional, el desarrollo industrial, el nivel de comercio, la educación de sus habitantes, el menor nivel de desigualdad social. De las anteriores condiciones ninguna deja de ser cierta, lo realmente cierto es que la mayoría de comportamientos colectivos que hacen de la ciudad un mejor lugar para vivir no requieren de grandes inversiones en infraestructura y bienes públicos, están cimentadas en el sentido de responsabilidad social de los entes que administran la ciudad y el comportamiento comunitario de los ciudadanos. Ambas circunstancias mencionadas requieren de un sentido de apropiación por lo local y de identificación con el bien común; como lo mencioné con el ejemplo de los peatones, las bicicletas y los carros. Adicionalmente, los habitantes locales no dudan a la hora de reclamar por sus derechos en el consejo, frente a la alcaldía o los edificios de manejo de la ciudad. 

Para dar otro ejemplo del paralelo, si nos detenemos a pensar el orden lógico de la ecuación vial, el ente más desprotegido debe ser quien tiene la prioridad sobre la vía. Las lecciones de civismo y cultura que nos costaron tanto empezar a entender con Mockus a los bogotanos, hoy ya parecen cosa del ayer. En esta ciudad del primer mundo de la que les hablo se reconoce que los comportamientos racionales del colectivo no siempre se dan espontáneamente, las campañas de civismo y comportamiento común para el bienestar parecen estar en boga y son impulsadas por entidades tanto públicas como privadas. Parece que aquí importan todos, no solo quienes están a la cabeza del gobierno o aquellos que viven en la zona más “acomodada” de la ciudad, pobres y ricos tienen la misma responsabilidad de hacer habitable este espacio.

Pero volvamos al panorama amplio, lo que se piensa de la ciudad hacia el futuro. En Bogotá vemos con cierta parsimonia el avance de la segunda urbe más grande del país, Medellín, donde el gusto por lo local, la simpatía por la ciudad y el placer por ser ejemplo y atraer el turismo parecen dejar huella en la mejora del espacio y, por ende, en las vidas de quienes lo habitan y quienes lo visitan. Así mismo, vemos como la ciudad de Quito está ad portas de inaugurar su primera línea de metro. Una urbe con condiciones socio-ambientales mucho más parecidas a las de nuestra ciudad pero con dos millones y medio de habitantes alojados en 352 kilómetros cuadrados. Bogotá, con casi ocho millones de habitantes en su núcleo urbano, está contenida en aproximadamente 308 kilómetros cuadrados y dista de Quito en la complejidad de maniobrar una ciudad muchísimo mas densa en un país más desigual, aunque claramente cuenta con un presupuesto mucho más grande, difícil explicar la falta de este sistema de transporte esencial para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Las respuestas a los retos en urbanismo y civismo que necesita la ciudad son sumamente limitadas y los habitantes nos quedamos esperando a ver cuál es el siguiente “mesías” que ha de llegar a poner en orden la ciudad. No nos interesa en lo más mínimo lo que pasa en el gobierno local y nos da lo mismo si botan basura al río que pasa al lado de la casa o si el sistema de basuras está o no favoreciendo a las miles de personas que viven de clasificar las basuras que nosotros negligentemente obviamos separar y que con un simple gesto podríamos hacer su valioso trabajo más fácil.

Pareciese que el alcalde tiene a su libre albedrío decidir sihace o no vivienda de interés social en el centro de la ciudad, si hace o no el metro que necesita la ciudad o si quiere hacer una ciudad más expandida por la sabana o redensificada en el centro. Si la carrera séptima se vuelve hoy un parque urbano, mañana un paseo urbano o pasado mañana una avenida o el corredor principal del metro parece ser algo que compete a la administración de paso, no tiene necesidad de integrarse a un plan urbano de largo plazo o tener algo más que el apoyo partidario en un consejo que poco se hace notar o tiene en cuenta las opiniones de los ciudadanos. En la ciudad donde me encuentro las audiencias del consejo de la ciudad son públicas, cualquier ciudadano puede ir a la asamblea y exponer sus ideas, sus reflexiones u opiniones sobre los temas que se debaten, encontrando soluciones o explicaciones a sus dudas.

Desde luego mi mirada puede parecer periférica y distante. Pero desde aquí, creo firmemente que lo que nos hace falta en la ciudad es un sentido de comunidad, un sentido de pertenencia básico. Pero ese sentido no surge espontáneamente de los residentes de esta ciudad, es el fruto de una serie de comportamientos de lo que es socialmente aceptado y de lo que la mayoría considera correcto. Un proceso de educación ciudadana que debe alentarnos a reclamar aquellas cosas que son vitales para tener un bienestar mínimo en la ciudad. Un sistema de transporte suficiente y eficiente y la oportunidad de tener una vivienda a un precio razonable son ejemplos de las más grandes luchas que les faltan por dar a los residentes de Bogotá. Sin embargo, la indiferencia o la indignación parecen limitadas o se reducen a la posición frente a la figura de poder.

Si no tenemos ningún tipo de relación con nuestro espacio de vivienda, de trabajo, con nuestra ciudad y sus espacios públicos, jamás nos vamos a interesar por la mejora de las condiciones de la vida en comunidad. La planeación no debe ser cuestión del partido de turno o la figura del momento, quienes vivimos en la ciudad tenemos derecho a opinar. Los jóvenes que nos preguntamos si algún día podremos acceder a una vivienda propia tenemos capacidad de opinar y derecho de involucrarnos en lo que sucede en el gobierno de la ciudad.

La universidad es ciertamente uno de los lugares en los que la educación debe ser gestora de la mejora de la vida en comunidad y la importancia del bienestar común. A través de la enseñanza, a través de las interacciones con las personas alrededor del campus e impulsando el interés por los asuntos urbanos de sus estudiantes. Es muy agradable ver como los miembros del consejo de esta ciudad del primer mundo saben que son iguales que el resto de ciudadanos, que las buenas o malas decisiones que toman impactan en la calidad de vida de sus familiares, vecinos y los inmigrantes que llegan cada día. Es interesante ver como a los miembros de la universidad que visito se les pregunta qué opinan de los proyectos de construcción alrededor de la universidad y se les invita a participar en proyectos de investigación e innovación en conjunto con el gobierno de la ciudad y los barrios aledaños al campus.

La Universidad de los Andes, nunca podrá estar de cara al país mientras no gire la vista a su barrio y a su ciudad, lo cual no se limita a la generación de un proyecto de redesarrollo urbano. La construcción del espacio público y por ende de la vida en comunidad es un juego de poderes, como lo enuncia Don Mitchell en su libro The right to the city (2003), pero si los jugadores no se interesan en ella a quiénes le estamos consignando la libertad de decisión, ¿a aquellos que no saben discernir entre los beneficios del bienestar común sobre el bienestar individual? (Cárdenas, 2009, p.12).

Referencias:

Mitchell, D. (2003). The right to the city: Social justice and the fight for public space. New York: Guilford Press.

Cárdenas, J. C. (2009). Dilemas de lo colectivo: Instituciones, pobreza y cooperación en el manejo local de los recursos de uso común. Bogotá: Universidad de los Andes - CEDE.

 

Fútbol y economía

El fútbol, no cabe duda, es una de las grandes actividades económicas del mundo moderno. La consultora Deloitte, hace ya unos años, estimó que el fútbol sería en sí mismo la economía número 17 del mundo.

Read More

Transporte en Bogotá: soluciones al caos

Actualmente Bogotá tiene grandes inconvenientes en su malla vial y en el transporte público, generando altos niveles de atascos vehiculares y una demanda muy alta en el sistema de transporte que se hace imposible de sostener. 

Read More

El mercado de la fe en Colombia

La Constitución Política de Colombia consagró en su artículo 19 la libertad de cultos como un derecho fundamental: “Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva”.

Read More